El Verdadero Perdedor en Nuestra Abundancia

Un sacudón político recorrió España este martes tras la amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump, de cortar todo intercambio comercial como represalia por la negativa de Pedro Sánchez a permitir que las fuerzas de EE.UU. utilicen sus bases en Andalucía para atacar a Irán.

No obstante, aunque los productores de aceite de oliva andaluces puedan temblar, lo cierto es que Estados Unidos mantiene un superávit comercial con España. La incógnita, pues, es quién saldría realmente más perjudicado de una guerra comercial.

Conviene no subestimar la amenaza: tiene peso específico. EE.UU. es uno de los socios comerciales extracomunitarios más importantes para España, cuyas exportadoras han dependido tradicionalmente del acceso al mercado americano. Sin embargo, la estructura de esta relación comercial complica los cálculos de Trump.

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De hecho, la balanza comercial favorece actualmente a Washington. Según la Oficina del Censo de EE.UU., el país registró un superávit de 4.800 millones de dólares con España en 2025, exportando bienes por valor aproximado de 26.100 millones e importando unos 21.300 millones.

Dicho superávit marca el cuarto año consecutivo en que Estados Unidos vende más a España de lo que compra. Una suspensión comercial afectaría, por tanto, a las empresas americanas con una intensidad al menos comparable a la sufrida por las españolas.

Aunque el valor total de las exportaciones españolas a EE.UU. es significativo, solo representa un 4,6% del total de la economía exportadora nacional, lo que confiere cierta inmunidad relativa ante un corte abrupto.

Estas exportaciones se concentran en dos grandes categorías: productos agroalimentarios (aceite de oliva, vino, jamón) y bienes industriales (maquinaria, productos químicos, farmacéuticos).

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El impacto de un embargo no se distribuiría uniformemente. Las comunidades más expuestas serían Cataluña, la Comunidad Valenciana y Andalucía.

En 2025, Cataluña exportó a EE.UU. alrededor de 4.200 millones de euros en maquinaria, químicos y farmacia, por lo que sus polos industriales sufrirían graves disrupciones.

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La Comunidad Valenciana, con exportaciones de unos 2.570 millones (principalmente equipos eléctricos y cerámica), también notaría el golpe.

En Andalucía, el castigo se cebaría en el sector agroalimentario: solo las exportaciones de aceite de oliva están valoradas en casi 970 millones de euros, y el mercado estadounidense absorbe cerca de la mitad de las ventas extracomunitarias. Andalucía es, no lo olvidemos, el mayor productor mundial.

En conjunto, y según el Banco de España, la mayoría de las exportaciones españolas tienen como destino la UE, con Francia e Italia a la cabeza. España sobreviviría al embargo, aunque no sin serias secuelas.

Los fabricantes estadounidenses, por su parte, sufrirían un pellizco considerable.

En 2025, EE.UU. vendió a España aproximadamente 8.250 millones de dólares en petróleo crudo y gas natural licuado (GNL). La maquinaria industrial sumó unos 1.110 millones y los equipos eléctricos, otros 820 millones.

Interrumpir estos flujos perjudicaría directamente a los exportadores energéticos y fabricantes de maquinaria americanos, muchos concentrados en el Medio Oeste y el Noreste industrial, haciendo que un embargo resultase oneroso tanto para las empresas como para los trabajadores.

Los productos farmacéuticos y médicos, con unos 5.150 millones de dólares, constituyen otra categoría de alto riesgo. Otras exportaciones clave –como plásticos, químicos orgánicos, frutos secos, y componentes para vehículos o aeronaves– refuerzan la tesis: una parte sustancial de las ventas estadounidenses a España sostiene cadenas de suministro críticas e industrias de alto valor difícilmente reemplazables.

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Una ruptura entre Washington y Madrid también alcanzaría un frente inesperado: los inversores estadounidenses en el mercado inmobiliario español, especialmente en la Costa del Sol.

Los ciudadanos de EE.UU. figuran entre los compradores extranjeros de más rápido crecimiento, habiendo adquirido cerca de 2.800 viviendas en 2024 y pagando los precios medios más elevados por nacionalidad.

Gran parte de estas compras se concentran en los mercados de lujo del sur, como Marbella, donde los compradores internacionales ya suponen alrededor de un tercio de las transacciones. Aunque un embargo no bloquearía automáticamente la inversión inmobiliaria, las repercusiones económicas más amplias podrían alcanzar rápidamente a estos inversores.

Para aquellos estadounidenses que han confiado en la Costa del Sol como refugio estable para su capital, incluso una leve ralentización supondría oportunidades perdidas.

Existe, sin embargo, un ámbito donde el dolor sería mutuo. En 2025, España importó aproximadamente un 45% de su gas natural de EE.UU. –más del doble que en 2024, según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES)–. En 2016, la cifra era del 1%.

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Sin producción doméstica significativa, España depende casi por completo de las importaciones para cubrir sus necesidades energéticas. El GNL estadounidense ha desplazado en gran medida al gas por gasoducto que llegaba de Rusia y Argelia, reconfigurando el mix energético español y subrayando la crítica importancia de los cargamentos americanos.

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Un corte abrupto del gas natural de EE.UU. tendría consecuencias económicas y operativas inmediatas. Los costes energéticos más altos repercutirían en la industria y los hogares, los sectores intensivos en energía verían mermados sus márgenes y la incertidumbre sobre suministros alternativos generaría una alta volatilidad de precios.

España cuenta con otros proveedores –notablemente Argelia, que incrementó su cuota en 2025, además de Nigeria, Angola y Qatar–, pero ninguno podría reemplazar a corto plazo los volúmenes estadounidenses sin afrontar enormes costes y desafíos logísticos.

Para Madrid, perder el flujo relativamente estable de GNL americano supondría un auténtico shock energético de amplias repercusiones.

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Pero incluso en este terreno, la pregunta persiste: ¿quién perdería más?

En 2025, cuando Trump anunció aranceles globales planos del 15%, los analistas temieron que aliados clave volvieran la mirada al este, buscando alternativas comerciales en la pujante China.

Si EE.UU. cortase el suministro vital de GNL, Sánchez se vería obligado a buscar desesperadamente un socio comercial confiable –y las opciones no son ilimitadas.

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