Una tienda de móviles aparentemente inocua en la antigua capital narco de España ha estado vendiendo equipamiento para traficantes de drogas bajo mano, según revela EL MUNDO.
El establecimiento, ubicado en La Línea, se disfrazaba de un local de reparación y venta de teléfonos, cuando en realidad distribuía tecnología punta y ropa de outdoors a narcotraficantes.
Una investigación de la Policía Nacional ha descubierto que el comercio vendía GPS con mapamundis, indumentaria impermeable y teléfonos satelitales para aquellos que se disponían a cruzar el Atlántico en operaciones de narcotráfico.
En el local se halló una lista de individuos –todos los nombrados están acusados de participar en una operación de tráfico de cocaína en Cádiz que supuestamente introdujo 57 toneladas de la droga en Europa el año pasado. Hasta el momento, la Policía Nacional ha incautado 10.400 kilos durante la operación Sombra Negra.
Tras descubrir la verdadera actividad de la tienda, la Policía Nacional llevó diligencias, a las que ha tenido acceso EL MUNDO, ante un juez. En ellas se afirma que ocultaba un «negocio dedicado exclusivamente a la venta de instrumentos empleados en el narcotráfico y para comunicaciones seguras, cuyo único uso corresponde a figuras clandestinas».
Al frente de esta empresa, de la que se dice que no vendió ningún móvil convencional, estaba un ingeniero de 32 años.
Él ha negado todos los cargos en su contra y, con la ayuda de su abogado, logró que su fianza se fijara en 50.000 euros.
Al carecer de antecedentes, no ingresó en prisión, pagó la fianza y consiguió no ser imputado por pertenencia a organización criminal ni contra la salud pública.
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Fue detenido en las primeras horas del 19 de noviembre del año pasado en su domicilio, en la zona de Campo de Gibraltar, en Cádiz.
Representado por el letrado Juan Gonzalo Ospina, tiene ahora prohibido salir del país y está obligado a personarse en el juzgado cada quince días.
Durante la investigación se mostró colaborador y respondió a todas las preguntas de la Fiscalía.
En un registro de su propiedad, los investigadores encontraron 418.775 euros en efectivo dentro de una caja fuerte y otros 31.200 euros en una mochila.
Lo que resultó más inquietante para los agentes fueron los dos drones helicóptero y el inhibidor de frecuencias hallados en su vivienda. Estos dispositivos no se vendían en la tienda.
«Se trata de un megadron industrial con capacidad de carga pesada y autonomía superior, ya que se alimenta de al menos ocho baterías externas, puede volar durante horas y ocupa una terraza entera», afirma la Brigada Central de Estupefacientes sobre uno de estos drones en sus informes.
El hombre de 32 años carecía de licencia de piloto, lo que significa que no podía utilizar estos aparatos legalmente.
Cuando declaró en la Audiencia Nacional, afirmó que usaba el dron por temor a que le robaran el dinero en efectivo que generaba su empresa durante el trayecto diario entre esta y su casa. Esta explicación resultó inverosímil para la jueza María Tardón y para la Fiscalía Especial Antidroga.
Esta explicación no fue lo único que generó sospechas entre los investigadores a lo largo de la indagación.
Aunque la tienda operaba «bajo el paraguas de la legalidad y con la justificación de que ampara la libre circulación del material que vende», su eslogan alertó a la Brigada Central de Estupefacientes.
Decía: «Equipamos tu aventura náutica con tecnología avanzada, desde móviles y localizadores hasta ropa y suministros esenciales», según documentación incluida en la causa.
Los investigadores consideraron que se trataba de un mensaje claro dirigido a captar a clientes involucrados en el tráfico de drogas.
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