Antes, el lujo se trataba de exclusividad. Luego pasó a ser sobre experiencias. Ahora, aparentemente, se trata de no irse para nada, y para una marca construida sobre los viajes, a Louis Vuitton le parece perfecta la idea de mantener a la gente en un solo lugar. Las visitas rápidas y las compras impulsivas no son parte del plan, pero sí el hacerte ir más lento.
China es claramente el camino a seguir, al menos para LVMH. Tienen las calles que les importan, algunas tiendas ya están funcionando, otras son planes en papel. China está comprando otra vez, ellos quieren entrar, más tiendas, allá vamos, simple. Afortunadamente, cuando Louis Vuitton necesita un recordatorio de cuatro pisos de que la arquitectura no debe ignorarse, aparece Jun Aoki. Y lleva años apareciendo, Tokio, Shanghái, Osaka, todo fue él. Beijing es la misma jugada, solo que más fuerte.
@louisvuitton via Instagram
La nueva Maison en Sanlitun se basa en dos ideas para el diseño. El punto de partida es la piedra Taihu, valorada por su forma gastada y con huecos. Aoki traduce esa lógica al vidrio, añadiendo una segunda piel que se siente porosa, fluida, iridiscente, irregular. Filtra la luz en lugar de reflejarla, dando a la fachada profundidad y movimiento en vez de una imagen fija. Está hecha para reaccionar a esa luz y al clima, nunca se ve exactamente igual dos veces, que es basicamente el objetivo. La segunda inspiración viene de Nicolas Ghesquière, específicamente del final del desfile de mujer Primavera/Verano 2016. Un vestido de una colección un poco ciber-bohemia, suficiente para colarse en la cabeza de uno de los insider más respetados de la marca. Ghesquière realmente desafió los volúmenes, materiales, colores, movimiento y simbolismo de Jun Aoki, de la mejor manera posible.
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La Maison se extiende sobre cuatro pisos, mostrando todo lo que Louis Vuitton hace, desde artículos de cuero, hasta perfumes, o cualquier nueva línea que haya. Los espacios son abiertos y conectados, con luz que entra y vistas entre pisos que te hacen notar el edificio en sí, tanto como los bolsos. En la parte superior está el primer café LV de Beijing, con salones privados, un comedor, un bar en la azotea y 250 metros cuadrados de espacio exterior, todas las piezas que hacen que las ventas se sientan como un estilo de vida.
El retail de lujo ya no se trata solo de vender cuero. En Beijing, Louis Vuitton lo ha convertido todo en sentir, ver, probar y, ocasionalmente, sentarse en un salón privado de un edificio que te hará pensar en todo menos en las ganas de salir corriendo. La emoción, la inmersión sensorial y el compromiso personal venden antes que un bolso, pero eso ya viene con el concepto completo de destino de estilo de vida.