Hace veinticinco años, el primer impuesto turístico de España obtenía aprobación parlamentaria en Baleares. Fue el 1 de abril de 2001. El tributo, denominado ‘ecotasa’, entró en vigor el 1 de enero de 2002.
Celestí Alomar, el consejero del PSOE responsable del impuesto, afirma que el actual debate sobre un posible incremento del tributo vigente desde 2016 —la tasa de turismo sostenible— es «falso». «Está demostrado que no afecta al flujo de visitantes». Alomar añade que esto ya quedó claro con los estudios realizados desde 1999.
El gobierno de entonces era la primera coalición liderada por el PSOE. No era plenamente de izquierdas, pues uno de sus componentes era el centrista Unió Mallorquina, pero el impulso del impuesto vino de Els Verds, quienes años después se integrarían en lo que hoy es Més. El PSOE no había incluído la tasa turística en su programa electoral de 1999.
La oposición de derechas, el Partido Popular, se mostró radicalmente contraria al impuesto. Los hoteleros inicialmente se mostraron dispuestos a considerar la posibilidad, pero su postura se endureció. Un hotelero llegó a decir famosamente: «O se quita al presidente (Francesc Antich) o se mata al consejero». Además de oponerse al principio, otra queja de los hoteleros era que el impuesto solo se aplicaba a los hoteles.
En 2002, el turismo en Baleares registró su mayor caída en cifras (en términos porcentuales) desde la crisis del petróleo de los años setenta. Hubo unos 700.000 turistas menos; el total fue ligeramente inferior a 7,8 millones. ¿Fue culpa del impuesto? Intervinieron otros factores: los atentados del 11-S, la debilidad de la economía alemana y la considerable atención mediática en Alemania a los comentarios de ciertos políticos mallorquines sobre la «calidad» de los turistas germanos.
La ecotasa y el 11-S tuvieron un impacto mínimo. La economía alemana y la publicidad negativa fueron las causas principales del descenso en 2002. El número de turistas alemanes cayó en torno a 500.000. Los turistas británicos, que sufrieron un leve retroceso, superaron por primera vez desde los ochenta a los alemanes. En 2003, las cifras turísticas prácticamente se recuperaron.
En octubre de 2003, el impuesto fue abolido, tras la promesa electoral del PP en mayo de ese año —que ganaron— de suprimirlo.
Respecto al debate actual, Alomar opina que la presidenta del PP, Marga Prohens, ha intentado arrebatar a la izquierda la bandera de la oposición al crecimiento turístico, pero que sus decisiones son inconsistentes. Sostiene que el debate sobre la tasa es una pantomima y que lo necesario es prohibir los alquileres vacacionales.