El Mejor Pueblo de Enero en España para el 2026

La localidad de Laguardia, en el norte de España, ha sido designada por National Geographic como uno de los destinos invernales principales para enero de 2026.
Crédito: tokar, Shutterstock

Si los viajes en enero suelen parecer escasos en opciones –ciudades grises, atracciones cerradas y la fatiga postnavideña–, National Geographic acaba de lanzar una propuesta inesperada. La revista ha coronado a Laguardia, un pequeño pueblo amurallado del norte español, como el mejor lugar para visitar en enero de 2026.

Ni Barcelona. Ni Madrid. Ni siquiera las playas. Sino una tranquila villa encaramada en un cerro, rodeada de viñedos, murallas de piedra y bodegas subterráneas.

Y una vez que se comprende el lugar, la elección comienza a cobrar todo el sentido.

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Laguardia se sitúa en la Rioja Alavesa, erguida entre viñas ondulantes y el dramático telón de la Sierra de Cantabria. En invierno, el paisaje se suaviza. Las multitudes desaparecen. El ritmo se ralentiza. Lo que perdura es un pueblo que transmite calma, autenticidad y una belleza sin pulir –justo el tipo de refugio que muchos viajeros anhelan tras el caos de diciembre.

Fundado en el siglo X como bastión defensivo del Reino de Navarra, Laguardia ha conservado su trazado medieval casi intacto. El visitante pasea por callejuelas empedradas, atraviesa portales de piedra centenarios, descubre fragmentos de la antigua muralla y se topa con plazuelas diminutas donde la vida aún transcurre con sosiego.

Dos iglesias dominan el perfil del pueblo. Santa María de los Reyes custodia uno de los escasos pórticos góticos policromados que se conservan en España, aún ricos en color siglos después. A la vuelta, San Juan Bautista narra una historia distinta, fusionando estilos arquitectónicos y albergando un retablo barroco de impactante belleza. Ambas dotan a la villa de un carácter inconfundible –a medio camino entre fortaleza y museo vivo.

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Pero la verdadera sorpresa de Laguardia aguarda bajo los pies.

Un pueblo que esconde una ciudad subterránea

Pocos visitantes saben que bajo las calles de piedra se extiende un laberinto de más de doscientas bodegas subterráneas, conocidas localmente como *calados*. Excavadas a lo largo de siglos, forman una red oculta tan extensa que el tráfico rodado está prohibido en el centro histórico, medida que preserva tanto la villa como los frágiles túneles inferiores.

En invierno, esas bodegas se convierten en refugios cálidos. El aire huele levemente a roble y a vino en reposo, mientras fuera las cepas yacen dormidas bajo la luz pálida del invierno. National Geographic describe este ritmo pausado como la forma idónea de experimentar el pueblo “sin prisa” –y eso es exactamente lo que se siente al estar allí.

La historia subterránea se remonta aún más lejos. En 1998, los arqueólogos descubrieron un inmenso depósito de agua celtibérico bajo el pueblo. Hoy está considerado el mayor estanque de la Edad del Hierro hallado en Europa, con capacidad para unos 300.000 litros de agua. Un recordatorio de que este cerro ha tenido importancia estratégica durante milenios, mucho antes de que el vino diera fama a la región.

Ya en las afueras, el Dolmen de la Chabola de la Hechicera, de unos 5.000 años de antigüedad, añade otra capa de historia ancestral al paisaje.

Gastronomía invernal, vino local y el arte de la lentitud

El vino no es solo parte del paisaje aquí –modela la vida cotidiana. Muchos bares y restaurantes se asientan directamente sobre antiguas bodegas, mientras que las modernas y tradicionales que rodean el pueblo permanecen abiertas a los visitantes incluso en enero.

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Esta es también la época en que la comida se vuelve contundente y reconfortante. Piense en chuletones a la brasa de sarmiento, guisos de cocción lenta que caldean desde dentro, y generosos pintxos maridados con los potentes tintos de Rioja. Las comidas se alargan plácidamente hasta la tarde. Nadie le apremia a abandonar la mesa.

En lugar de luchar contra el invierno, Laguardia lo abraza. Las chimeneas crepitan en los comedores, las copas tintinean suavemente en los bares pequeños y las conversaciones se prolongan más de lo previsto.

Por qué enero podría ser la mejor época para ir

La elección de National Geographic conecta con una creciente apetencia por un viaje más lento y significativo. En enero, Laguardia se percibe sin filtros. No hay colas para los monumentos, ni catas abarrotadas, ni calles atestadas. La luz baña suavemente los viñedos, el aire es frío y limpio, y el pueblo se instala en su ritmo invernal natural.

No es un lugar para tachar atracciones de una lista ni para perseguir fotografías virales. Se trata de deambular sin agenda, descubrir rincones por azar, calentarse en una bodega tras un paseo gélido y permitir que el día se despliegue de forma natural.

Para los viajeros que buscan algo distinto al comienzo del año –más tranquilo, cálido en esencia y profundamente arraigado en la vida local–, Laguardia ofrece una alternativa refrescante a las habituales escapadas urbanas invernales.

A veces, los mejores viajes no consisten en ir lejos o hacer más. Consisten en ralentizar el paso, comer bien, beber buen vino y permitir que un pequeño pueblo despliegue su encanto, calladamente.

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Y este enero, según National Geographic, Laguardia bien podría ser el secreto mejor guardado de España.

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