El Mallorca en un estado de convulsión

Tras una semana en la que me contaron de un cartel visto en el escaparate de una carnicería en Yorkshire del Norte, bajo una foto de Lionel Richie – decía “Hello, Is it meat you’re looking for?!” –, el Real Mallorca se halla inmerso en una crisis deportiva y social que no ha hecho más que agravarse durante estos últimos siete días. El paupérrimo desempeño del equipo ante un modesto Rayo Vallecano el pasado domingo (derrota por 2-1) dejó al Mallorca en clara desventaja en prácticamente todos los aspectos del juego. La coyuntura actual convierte el partido de mañana (sábado 17 de enero, 16:15) en Son Moix contra el Athletic Club (Bilbao) en otro de esos encuentros de obligada victoria.

El técnico vasco del Mallorca, Jagoba Arrasate, es “un hombre muerto en vida” conforme entramos en la segunda mitad de la temporada. Su filosofía de juego ha fracasado estrepitosamente y nunca ha hallado la fórmula adecuada con una plantilla limitada. Arrasate tiene contrato hasta junio del 2027, sin embargo, una derrota o incluso un empate ante el Athletic podría precipitar su salida más temprano que tarde.

La tensión va en aumento, con algunos aficionados hostigando a jugadores y cuerpo técnico a su llegada a Palma tras la derrota ante el Rayo. Algunos gamberros pintaron grafitis en un muro cercano a la tienda del club exigiendo la dimisión de la directiva y sugiriendo al CEO Díaz que fuera a procrear a otra parte.

El Mallorca atraviesa una crisis que parece agravarse por minutos, pues su declive futbolístico se antoja imparable. El equipo solo ha ganado un partido de los últimos siete, todos ante rivales de similar entidad. Ahora afronta una agenda aterradora: Bilbao (C), At. Madrid (F), Sevilla (C), Barcelona (F), Betis (C) y Celta (F).

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El encuentro de mañana se perfila como un juicio popular y la afición no dudará en mostrar su descontento si las cosas no salen bien. Habrá muchos nervios y tensión entre los mallorquinistas, que han llegado a un punto de hastío tras soportar las pobres exhibiciones de “Los Bermellones”. En apenas un año, el influjo de Arrasate sobre el equipo se ha esfumado por completo.

El Mallorca debe tomar una decisión sobre el futuro del entrenador. Si lo despiden, saben que cualquier sustituto probablemente exigirá no solo lo que queda de temporada, sino también la siguiente al completo, lo que interferiría con sus planes para el 2026/27. Si el club prescinde de Arrasate en los próximos días (o semanas), existe una cláusula que les permitiría rescindir el tercer año sin coste, a condición de abonarle el salario íntegro de este, su segundo año. Supuestamente, dos nombres suenan para sustituirle: Javier Pimienta, exentrenador del fútbol base del Barcelona que también ha dirigido a Las Palmas y Sevilla, y Luis García Plaza, muy valorado por la afición local por lograr el ascenso a primera división con el Mallorca en 2021.

El propietario y presidente estadounidense del Real Mallorca, Andy Kohlberg, llegó a la isla el miércoles para gestionar la presente crisis, la mayor en los diez años de propiedad norteamericana. Dirigirá el proceso de decisión junto al CEO Alfonso Díaz y el director deportivo Pablo Ortells, ambos responsables en mayor o menor medida del actual descalabro del club.

Con el propietario Andy Kohlberg establecido en EE.UU., atendiendo a sus otros intereses empresariales, el club ha sido gestionado por Díaz y Ortells. El presidente ha delegado efectivamente en dos individuos con escasa o nula trayectoria futbolística. Díaz (a quien muchos consideran distante e inaccesible) proviene de una multinacional de electrodomésticos y actúa más como un presidente en ausencia de Kohlberg que como un director general. La formación original de Ortells es la de ingeniero químico. No obstante, pasó mucho tiempo como entrenador en categorías inferiores del Villarreal, donde ascendió hasta el puesto que ahora ocupa en Mallorca.

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Hace cuatro años, Ortells trajo a algunos buenos jugadores, como Kang In Lee del Valencia en traspaso libre, para luego venderlo al PSG por 22 millones en 2023. También ha fichado a algunos desatinos, especialmente Cyle Larin, quien ha resultado ser un fracaso costoso desde su llegada desde el Valladolid. Larin ahora está cedido en el Feyenoord holandés y, una vez más, ha fracasado miserablemente, tanto que podría regresar aquí antes de lo previsto.

Con Díaz y Ortells claramente desbordados, y ante la preocupante situación por los discretos rendimientos del equipo, la peña “Moviment Mallorquinistas” ha remitido una carta al club para protestar por la deriva institucional. Justo antes de Navidad escribieron una extensa misiva señalando que los aficionados son el pilar fundamental del club y que se destinan demasiados recursos a las áreas VIP cuando deberían centrarse en el ámbito deportivo. En verano pudieron y debieron hacerse cambios radicales para mejorar la plantilla, y ahora sufrimos las consecuencias de una actuación insuficiente.

EN RESUMEN: Ha habido tanta negatividad alrededor del Real Mallorca esta semana. Ha llegado el momento de la decisión. La plantilla actual claramente no es lo bastante buena y/o no está suficientemente motivada. El apoyo de la afición en casa sigue disminuyendo. El crédito de Arrasate es inexistente. El técnico vasco no ha acertado a encontrar la fórmula correcta y está claro que su filosofía no se ajusta a las exigencias del Real Mallorca y de su longeva afición.

Y POR ÚLTIMO, una mujer tiene un problema con la puerta del armario en su dormitorio. Cada vez que pasa un autobús frente a la casa, la puerta se cae. Llama a un reparador, quien comprueba que, en efecto, la puerta se desprende con cada autobús. «De acuerdo», dice el reparador, «voy a meterme dentro del armario, usted cierra la puerta y veré si detecto el problema». La esposa cierra la puerta tras él. En ese momento, el marido llega inesperadamente a casa y oye a su mujer hablando con alguien en el dormitorio. Sube corriendo, abre la puerta del armario y ve al reparador. «¿Qué diablos haces ahí dentro?».
El reparador contesta con timidez: «No se lo va a creer, pero… ¡estoy esperando un autobús!».

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