El gigante chino del fast-fashion ha inaugurado su sede en Barcelona como parte de su estrategia para afianzarse en el mercado español.
La nueva oficina, ubicada en el centro de la ciudad condal, contará con ocho empleados y se sumará al centro neurálgico que la empresa de comercio electrónico posee en Madrid, el cual dispone de diez trabajadores.
Estas sedes en España se integran en una red global de cuarenta oficinas de Shein repartidas por todo el mundo.
Dado que la compañía opera casi en su totalidad en línea, con una presencia física testimonial, explica el reducido volumen de su plantilla en estos espacios.
Alessandra Oliva, responsable de Relaciones Públicas de Shein, señaló que la apertura de la oficina barcelonesa fue una decisión “muy natural y sencilla”.
Añadió: “Cataluña es la comunidad autónoma que más contribuye a la industria de la moda; queremos formar parte de este ecosistema tan relevante”.
España es uno de los tres principales mercados de la compañía en Europa, y este coloso del fast-fashion pretende así acercarse aún más al consumidor español.
Shein, empresa global del sector, reportó unos ingresos de sesenta mil millones de dólares en el 2025.
No obstante, la marca ha sido objeto de fuertes críticas por parte de la Unión Europea en los últimos meses. La Comisión Europea investiga activamente a la compañía por la venta de productos ilegales, entre los que se incluyen muñecas sexuales con aspecto infantil.
Los países de la UE, incluida España, han intensificado los controles fronterizos sobre los productos de Shein y de su principal competidor, Temu.
Asimismo, los veintisiete estados miembros han acordado imponer un arancel de tres euros a los paquetes procedentes de China con un valor inferior a ciento cincuenta euros, que antes estaban exentos.
El objetivo de estas medidas es limitar la presencia de las empresas chinas de fast-fashion en el territorio comunitario.
Grupos ecologistas, como Greenpeace, también han censurado a la marca.
Pruebas realizadas por Greenpeace revelaron que numerosas prendas de Shein incumplían la normativa de seguridad de la UE, al contener sustancias químicas que suponen un riesgo para la salud.
Shein es, además, el mayor contaminante dentro de la moda rápida: la marca fue responsable de la emisión de 16,7 toneladas de dióxido de carbono en 2023, un dato que ha generado gran controversia.
Las nuevas sedes de la compañía en Barcelona y Madrid indican que la firma busca dominar el mercado español y plantar cara a gigantes como Zara, Stradivarius y Bershka.
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