Microbiólogos de la UIB: éxodo intelectual hacia el norte
La fuga constante de talento científico balear hacia el norte de Europa no da muestras de frenar. Lo que inicialmente parecía un caso aislado en matemáticas e informática, hoy se confirma como una tendencia estructural más amplia. El mismo "corredor de excelencia" que une a la Universitat de les Illes Balears (UIB) con Suecia se consolida ahora en el campo de la Microbiología.
Mientras España sigue exportando sus mentes más brillantes por la falta de inversión sostenida y estabilidad profesional, las instituciones suecas de primer nivel se benefician de la formación balear. El resultado es una sangría intelectual persistente que deja a las islas cada vez más desprovistas de sus investigadores más prometedores.
Un nombramiento de referencia, lejos de casa
Uno de los ejemplos más claros de esta diáspora científica es Daniel Jaén Luchoro, doctor en Microbiología cuya carrera refleja tanto la solidez académica de la UIB como la dificultad de España para ofrecer un futuro a sus científicos de élite en casa. Desde el 1 de enero, Jaén asumió la dirección de la Colección de Cultivos de la Universidad de Gotemburgo (CCUG), un centro de referencia mundial vinculado al Hospital Universitario Sahlgrenska.
Gestionar una de las colecciones de cultivos más importantes del mundo es un hito extraordinario, pero también profundamente simbólico: este logro se celebrará no en Palma, sino en Gotemburgo, reforzando la sensación de pérdida dentro de la comunidad científica balear.
Orgullo y frustración a partes iguales
Según Antoni Bennàsar, decano de Medicina de la UIB y mentor clave de muchos de estos investigadores, Jaén es solo "la punta del iceberg". Bennàsar reconoce abiertamente la mezcla de orgullo y frustración que siente al ver a antiguos alumnos triunfar en el extranjero.
"Es algo que vengo denunciando desde hace tiempo: nuestra gente se va", explica. "Es una buena noticia porque están muy valorados allá donde van, pero también evidencia una grave debilidad de España: la incapacidad para retener la excelencia".
Reencuentros que subrayan una realidad
Esa realidad ha sido palpable estos últimos días en las mesas de restaurantes de las islas. Al igual que los informáticos de reportajes anteriores, los microbiólogos formados en la UIB que ahora trabajan en el extranjero han regresado para su reunión anual. Entre comida tradicional y sol invernal, los exdoctorandos de Bennàsar compartieron experiencias sobre la vida y la investigación en el norte.
Entre ellos está Xisco Salvá Serra, que completó su doctorado en 2023 y se incorporó rápidamente a los Institutos de Investigación de Suecia (RISE). Su expertise en bioinformática y genómica, desarrollada en el campus de la UIB en la carretera de Valldemossa, es ahora un valor seguro dentro del sistema investigador sueco.
Dos sistemas, dos realidades muy distintas
El atractivo de Suecia va mucho más allá del prestigio. "En España puedes conseguir financiación para un equipo, pero no para el técnico que lo maneje", apunta Bennàsar. "En Suecia, llegan y ya está todo dispuesto. Su trabajo es pensar, planificar y generar proyectos".
Esta diferencia estructural hace que el regreso sea cada vez menos probable. Aunque algunos investigadores barajan los programas de reintegración españoles, prevalece la incertidumbre. Los contratos temporales y las trayectorias profesionales inestables desincentivan a muchos a asumir el riesgo.
Talento que rara vez vuelve
Bennàsar recuerda casos de científicos que regresaron a España solo para marcharse de nuevo a los pocos años. "Se encontraron prácticamente en el paro", afirma. "Invertimos mucho en formación, pero carecemos de capacidad para retener esa inversión".
A pesar de la crítica, el orgullo del decano sigue siendo evidente. Ver a Daniel Jaén al frente de un centro de referencia mundial es, para él, la confirmación máxima de un éxito. La paradoja es que la ciencia balear sigue brillando, pero cada vez más bajo bandera extranjera.