NUEVA YORK – Después de que su mejor amiga murió el mismo día que Rachel Eliza Griffiths se casó con Salman Rushdie y su esposo fue casi apuñalado hasta la muerte un año después, la autora y artista multimedia no tubo más remedio que escribir sobre eso.
“Creo que hubo una lucha cuando intenté no ponerlo en palabras, cuando intenté evitarlo, cuando pensé: ‘Todos estos eventos han pasado en mi vida, pero ahora voy a pensar en mi próxima novela y mi próxima colección de poesía’”, dice Griffiths, cuyo libro de memorias “The Flower Bearers” se publica este martes. Finalmente admitió: “No puedes pasar por este tipo de eventos personales y pedirle a tu cerebro y a tu ser que vuelvan a ser quién eras, porque ya no eres la misma”.
“The Flower Bearers” sale casi dos años después de “Knife,” el relato de Rushdie del ataque del 2022 que lo hospitalizó y lo dejó ciego de un ojo. El libro de Griffiths se centra en Rushdie y su fuerte vínculo con la poeta Kamilah Aisha Moon, cuya muerte está siempre entrelazada con su boda, como una “extraña moneda de Jano”.
Como escribe en “The Flower Bearers”, Griffiths y Rushdie se conocieron en un evento de PEN America en mayo del 2017, una relación sellada por un accidente que parece cómico comparado con lo que vino después: Mientras salían a una terraza, Rushdie se chocó con una puerta de vidrio y cayó, sangrando. Estaba avergonzado, con dolor y quería irse. Ella se ofreció a acompañarlo a casa y ponerle hielo en las heridas de la cabeza y la nariz.
“Hablamos y nos reímos por horas”, escribió.
Ella conocía bien la historia de Rushdie, la fatwa de 1989 del ayatolá Ruhollah Khomeini de Irán que pedía la muerte del autor por la supuesta blasfemia de su novela “Los versos satánicos”. Pero ella, y Rushdie, pensaban que sus días de temer por su vida ya habían quedado atrás — hasta el 12 de agosto del 2022. Ella estaba sola en su sala, tomando café, cuando una amiga la llamó y le dijo que Rushdie había sido “herido”.
Rushdie se preparaba para dar una conferencia en la Chautauqua Institution, en el oeste de Nueva York, cuando un hombre subió al escenario y lo apuñaló repetidas veces. (El atacante, Hadi Matar, fue sentenciado por un juez a 25 años de prisión por agresión y intento de asesinato).
“Por favor, no te lo lleves todavía”, recuerda Griffiths que pensó. “Por favor, no dejes que Salman muera”.
Poeta, novelista, fotógrafa y cineasta ganadora de premios, Griffiths tiene 47 años y es graduada del programa de escritura creativa del Sarah Lawrence College, donde Moon también estudió. Antes de conocer a Rushdie o a Moon, ella ya había sufrido dolor, trauma y el miedo de que un ser querido estuviera en peligro. Su adorada madre tuvo mala salud desde que Griffiths era niña y murió en el 2014, a los 59 años. Griffiths también es sobreviviente de violencia sexual, ha luchado con problemas de salud mental y dice que lidia con TEPT a diario.
Su libro hace eco al de Rushdie más allá de sus recuerdos mutuos. Rushdie, quien el año pasado publicó la colección de cuentos “The Eleventh Hour”, le dijo a The Associated Press en ese entonces que no podía volver a otros tipos de escritura hasta terminar sus memorias. Y, como “Knife”, las memorias de Griffiths son una historia de resiliencia improbable, lo que ella llama el descubrimiento de la gracia en medio y después de la violencia maliciosa y la cruel suerte.
“Puedo mirar atrás y pensar: ‘Guau, esa mujer, era fuerte como un roble’”, dice. “Soy muy diferente a la Rachel Eliza que escribió este libro, y a la Rachel Eliza que estaba viviendo todas estas experiencias. En el momento, la gente decía: ‘Sé fuerte, sé fuerte’. Y yo pienso, bueno, ‘Yo soy fuerte’”.
Griffiths habló con AP sobre Rushdie, Moon, la escritura de su libro y sus sentimientos de gratitud. La entrevista ha sido editada para claridad y brevedad.
AP: ¿Sabías mucho sobre Salman antes de conocerlo?
GRIFFITHS: Estando en la universidad, en posgrado, lees cosas, escribes trabajos, estás al tanto de él. Y siento que cuando me mudé a Nueva York y estaba en mi propio camino de ser una escritora joven, allí estaba Salman Rushdie. Pero estaba tan lejos de mi vida en Brooklyn. Y nunca estuve en un espacio donde interactuara con Salman Rushdie o donde él estuviera en la misma sala. Así que era una figura, casi un Salman Rushdie mitológico, pero no había ningún puente o red de personas inmediata.
Recuerdo específicamente leer sus memorias (sobre la fatwa), “Joseph Anton”, y sentir: “Qué bueno que está bien”.
AP: ¿Salman te dejó ver “Knife” mientras lo escribía? ¿Tú le dejaste ver borradores de “The Flower Bearers”?
GRIFFITHS: Sí vi mucho de “Knife” mientras él estaba en el proceso. Y creo que hubo temas en él que discutimos, cómo abordarlos, especialmente si involucraban a otras personas. Así que en “Knife”, está la boda, casarnos. Decidimos, porque yo iba a escribir “The Flower Bearers”, que todos los detalles, todo lo que pasó el día de la boda pertenecía a “The Flower Bearers”.
Yo soy más reacia a compartir cosas hasta que realmente tengo control sobre mí misma. Así que tuve que avanzar bastante con “The Flower Bearers” antes de ofrecérselo para que lo mirara.
AP: ¿Qué dijo él?
GRIFFITHS: Se conmovió profundamente.
AP: Existe la vieja expresión de que escribes para saber lo que piensas. ¿Escribir este libro te ayudó a darle forma en tu mente a lo que pasó? Si tuvieras la oportunidad, ¿qué le dirías a la persona que eras hace 10 años?
GRIFFITHS: Habría sido una conversación muy corta, porque sería como: “De ninguna manera”, o “Cállate”.
Siento, mientras avanzaba escribiendo este libro, que hubo momentos en que partes de esa escritora más joven me fueron arrancadas, y hay una especie de muerte del yo que ocurre cuando estás en un shock, trauma y dolor profundos. Hay una forma en que, cuando mi amiga Aisha estaba viva, yo solía reír o hacer ciertas cosas o escuchar ciertas canciones que ya se fue. Ahora solo está en el libro. Ya no me quedo despierta hablando por teléfono toda la noche como solía hacerlo con ella. Escucho a Stevie Wonder de manera diferente ahora que ella no está aquí. Creo que era una mujer diferente el 11 de agosto a la que tuve que convertirme el 12 de agosto.
AP: Ahora que has escrito este libro, ¿están empezando a venir a tu cabeza otras cosas, como poesía? ¿Se ha despejado un camino?
GRIFFITHS: Definitivamente siento que el camino se ha abierto para mí para la poesía, para el arte visual. Siento que quizás quiera un descanso del lenguaje por un tiempo y enfocarme un poco más en mi fotografía.
AP: Tienes una línea de tu colección (del 2020) “Seeing the Body”, donde escribes: “Perdona mi affair distanciado con el presente”. ¿Cuál es tu relación con el presente ahora?
GRIFFITHS: Ya no está distanciada.
AP: ¿Está reconciliada?
GRIFFITHS: Está reconciliada. Realineada. Es inmediato y es alegre. Es alegre porque ahora sé lo fácil que yo podría no estar aquí, lo fácil que Salman podría no estar aquí.
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