El doble rasero de Mallorca

Es una estampa habitual para los turistas en Mallorca: los vendedores ambulantes desplegando sus mercancías frente a la catedral, a lo largo del Ballermann o en el Paseo Marítimo. Bolsos, gafas de sol, relojes… todo falsificado, todo ilegal. Para los vendedores, a menudo constituye su único sustento; para la isla, sin embargo, se ha convertido en un problema cada vez mayor.

Mientras ellos extienden sus productos sobre mantas, los comercios legítimos batallan por sobrevivir. Quienes pagan alquileres, impuestos y salarios pierden clientela frente a las transacciones rápidas que se realizan en la calle. Así, el comercio legal –que genera empleo y sustenta la economía– se va erosionando paulatinamente.

Es correcto que la policía intervenga. Pero lo que resulta llamativo es la vehemencia con la que a veces se ejecutan las redadas contra estos vendedores –y cómo, al mismo tiempo, se pasan por alto otros problemas. ¿Carteristas en el centro de la ciudad? ¿Botellones callejeros que dañan la imagen de la isla? A menudo, la presencia policial brilla por su ausencia. Unidades enteras persiguen a los vendedores ambulantes por los paseos, mientras otras infracciones parecen desarrollarse impunemente en la penumbra.

Quien desee hacer de Mallorca un lugar más seguro y habitable no puede limitarse a actuar con máximo rigor sobre los eslabones más débiles de la cadena. Los mercados ilegales deben, por supuesto, ser combatidos –no cabe duda. Pero algo es igualmente claro: una estrategia de seguridad creíble debe aplicar los mismos estándares de forma general. Mallorca precisa normas que se apliquen a todos por igual, y una policía que esté presente donde más se la necesita.

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De lo contrario, perdura la impresión de que es más fácil perseguir a migrantes que venden gafas falsas que enfrentarse a carteristas organizados o a excesos etílicos. Al final, se trata de una cuestión de credibilidad. Quienes aspiran a conservar a Mallorca como una isla justa, segura y acogedora deben proteger el comercio legítimo –y afrontar con la misma determinación los problemas verdaderamente graves.