La tradicional puja del pino en Pollensa durante la noche de Sant Antoni constituye uno de los acontecimientos festivos más emblemáticos de Mallorca. También es un evento que, ocasionalmente, suele verse empañado por algún desafortunado incidente.
El acto comienza con el traslado de un pino de unos veintiún metros desde la finca de Ternelles hasta el centro de Pollensa y la pequeña Plaça Vella. Dicho traslado provocó en una ocasión la amputación de un dedo al perder el control de la carreta.
Introducir el árbol en la plaza ya puede entrañar cierta dificultad. En 2018, el tronco se partió y causó heridas a dos personas. Algo similar ocurrió el sábado por la noche; el pino quedó prácticamente partido por la mitad. Entre escenas de caos —algo habitual dada la masiva afluencia de público—, el árbol logró ser colocado finalmente poco después de las nueve.
En esta ocasión no se produjeron heridos. El concejal de Fiestas de Pollensa, Mateu Tugores, asumió la responsabilidad por lo sucedido y pidió disculpas públicamente. A pesar de todo, la voluntad colectiva fue clara: la puja debía continuar.
Se presumía que el pino de este año resultaría más fácil de escalar por ser más delgado de lo habitual. Al final, la mayor facilidad se debió a su menor altura. Sin embargo, estaba embadurnado con más jabón de lo normal y, además, llovía.
Tras varios intentos fallidos por parte de otros participantes, Joan Rebassa, de diecisiete años, alcanzó la cima a las 21:52.