Una encuesta reciente preguntó a los lectores de Euro Weekly News: «¿Te dejas los zapatos puestos dentro de casa?»
Las respuestas revelaron que la mayoría prioriza la comodidad y la limpieza, cambiando el calzado de calle por zapatillas o calcetines nada más llegar a casa. Otros adoptan una postura más relajada, especialmente si prevén salir de nuevo, mientras que un grupo minoritario no percibe ningún problema en llevar zapatos en el interior.
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Para algunos, quitarse los zapatos es casi un ritual, un hábito en el que no reflexionan demasiado. Chrystine Macphail lo resumió con acierto: «Zapatos fuera, zapatillas dentro». Sandra Fenton coincidió plenamente, escribiendo: «No, definitivamente no. Ansío ponerme las zapatillas». Penny Evans fue igual de categórica: «Zapatillas, siempre». El confort estacional también influyó; Lisa Hibbert explicó: «Zapatillas cuando hace frío, chanclas cuando hace calor».
Varios encuestados describieron rutinas prácticas más que normas estrictas. Maggi Lake comentó: «No “llevo” zapatos dentro, pero entro con ellos puestos y, si voy a salir otra vez, ¡no me los quito! Solo me pongo las zapatillas cuando sé que no saldré ese día o cuando llego a casa y sé que ya no voy a salir». Para otros, la decisión depende de la seguridad. John Car señaló: «Uso calcetines antideslizantes. A mis 86 años, los suelos de baldosa me resultan resbaladizos».
El tipo de vivienda también influyó en las opiniones, pues muchos son consientes de no molestar a los vecinos de abajo. Caz Burnett comentó: «Calcetines de yoga o zapatillas-bota según el tiempo. Somos conscientes de que hay gente bajo nuestro apartamento, así que nunca zapatos de suela dura». Deirdre Lofthouse hizo eco de esta consideración: «Si vives en un piso, por favor, piensa en tus vecinos. Los suelos de baldosa y los zapatos pueden ser muy ruidosos».
No todo el mundo consideró necesario quitarse el calzado. Gordon O’Keeffe escribió: «Sí. ¿Y por qué no? No soy nada pretencioso. Además, mis zapatos están limpios». Janice Lewis compartió un sentimiento similar: «¡Por supuesto que sí, esto es un hogar!». Y la practicidad volvió a aparecer en la respuesta de Sian Foster: «Sí, tengo un perro, así que ¿para qué ponerme zapatillas?».
En conjunto, el debate puso de manifiesto una mezcla de practicidad, hábito y comodidad personal. La mayoría afirmó preferir no llevar zapatos de calle en el interior, optando por un calzado más blando o por ir descalzo, especialmente por motivos de higiene y ruido.