La edad más frecuente a nivel nacional es de 49 años, correspondiendo a quienes nacieron a mediados de los años 70. Shutterstock: Mike Workman/Shutterstock
A fecha de 1 de enero de este año, había 838.721 personas de 49 años, lo que representa un 1,7% de la población total de España, cifrada en 49.570.725 habitantes. Esto convierte a los 49 años en la moda estadística, es decir, en la edad individual más común entre los residentes. Doce de las diecisiete comunidades autónomas españolas comparten esta edad más frecuente. Entre ellas se encuentran Andalucía, Asturias, Islas Baleares, Cantabria, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, Madrid, Navarra, País Vasco y La Rioja.
La prevalencia de los 49 años como moda refleja a una generación nacida durante la década de 1970, un período de tasas de natalidad estables tras la era postfranquista. Estos residentes conforman actualmente una porción sustancial de la población en edad laboral de España, influyendo en los mercados de trabajo y en la demografía urbana.
Despoblación y envejecimiento
En las provincias afectadas por la despoblación a largo plazo, la edad más común es notablemente superior. Castilla y León y Extremadura registran una moda de 61 años, mientras que la provincia de Zamora alcanza los 62 y 63 años, la cifra más alta del país.
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Estas cifras subrayan las consecuencias de la despoblación rural, donde las generaciones más jóvenes se trasladan a centros urbanos en busca de oportunidades educativas y laborales. Las poblaciones envejecidas que permanecen en localidades menores resultan en una mediana y una moda de edad más elevadas, generando retos sociales y económicos para estas comunidades.
Diferencias provinciales
Los datos provinciales revelan una distribución etaria diversa. Doce provincias, incluyendo Ávila, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Cáceres, Badajoz, Ciudad Real, Cuenca, Córdoba y Jaén, presentan una moda de 61 años.
Otras provincias difieren significativamente: Teruel (58 años), Las Palmas (53), Santa Cruz de Tenerife (52), Barcelona y Zaragoza (50), Almería, Huesca, Sevilla, Tarragona y Valencia (48), Girona, Granada y Murcia (47), y Melilla (11 años). Estas variaciones demuestran la distribución desigual de la edad en España, moldeada por la migración, las oportunidades económicas y las tasas de natalidad locales.
La edad más común no siempre coincide con los años de máxima natalidad. El año con más nacimientos en España fue 1964, con 697.697 niños, seguido de 1974 con 688.711 nacimientos. Sin embargo, en las provincias despobladas, la moda de edad más avanzada se alinea con las generaciones de la posguerra, ilustrando el efecto combinado de la emigración desde las zonas rurales y las bajas tasas de natalidad durante décadas.
Implicaciones para la España rural
La concentración de residentes mayores en áreas despobladas plantea múltiples desafíos. La reducción de la fuerza laboral en estas regiones afecta a las economías locales, mientras que aumenta la demanda de asistencia sanitaria, servicios sociales y apoyo a la tercera edad. Escuelas, transporte público e infraestructuras culturales pueden enfrentarse al infrauso o al cierre, mermando aún más la calidad de vida en los pequeños municipios.
Iniciativas gubernamentales, como incentivos a la relocalización, beneficios fiscales y programas de empleo, pretenden revitalizar las zonas rurales. No obstante, los datos demográficos indican que el envejecimiento y la despoblación siguen siendo problemas estructurales persistentes que requieren planificación a largo plazo e intervención política.
Impacto social más amplio
Esta brecha demográfica afecta no solo a las comunidades rurales, sino también a las áreas urbanas, que absorben a las poblaciones más jóvenes. El movimiento de residentes influye en los mercados de vivienda, la disponibilidad de mano de obra y los servicios públicos en los centros urbanos. Los responsables políticos deben equilibrar los recursos entre las ciudades en crecimiento y los pueblos que envejecen, garantizando un acceso equitativo a los servicios para todos los residentes.
El panorama demográfico español está marcado por una clara división urbano-rural. Mientras la edad más común a nivel nacional es 49 años, las provincias despobladas muestran un envejecimiento acusado, alcanzando la edad más frecuente los 63 años en algunas zonas.
Estos hallazgos, basados en los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), ponen de relieve los efectos de la migración, el descenso de la natalidad y la despoblación rural. Aportan una perspectiva crucial sobre cómo la distribución de la población influirá en las prioridades sociales, económicas y políticas de España en las próximas décadas.