Cuatro meses y cuarenta horas después: mi batalla épica con el videojuego más difícil de 2025

El año pasado me familiarizé de forma incómoda con el sufrimiento. En marzo empecé a sentir un dolor insoportable en el brazo y hombro derecho – un dolor ardiente, como descargas, que me dejaba sin energías y no me dejaba pensar con claridad. Salía de un punto detras de mi omóplato y a veces se extendía hasta la base del cráneo y hasta los dedos. Escribir en el teclado era agonía, pero todo era doloroso; incluso en reposo era horrible. No podía tocar la guitarra; no podía jugar videojuegos; no podía dormir. Aprendí lo rápido que el dolor físico lacera tu salud mental.

Ya había tenido antes episodios de dolor molesto por lesiones de esfuerzo repetitivo, producto de muchas horas encorvado sobre laptops y mandos a lo largo de décadas, pero nunca algo así. Varios meses después, cuando la agonía inicial e implacable se redujo a una sensación permanente de dolor más moderado, me diagnosticaron neuritis braquial, una inflamación del nervio que va desde la base del cuello hasta la mano. (Nadie sabe qué lo causa, pero a veces ocurre después de una infección o lesión). La buena noticia, según un neurólogo, era que suele mejorar en uno a tres años, y que no había perdido función en la mano derecha. La mala noticia era que no había mucho que hacer contra el dolor mientras tanto.

Los analgésicos tradicionales no sirven mucho para el dolor nervioso. Y probando el pequeño rango de medicamentos para dolor neuropático – pastillas que actúan en el cerebro, donde realmente vive el dolor – descubrí que todas me volvían raro de formas que prefiero no volver a experimentar. Así que tuve que aprender a vivir con ello. Mis nervios estaban alterados; ahora habían aprendido el dolor. Tomaría tiempo que lo desaprendieran.

En agosto, mientras tanto, un pequeño desarrollador australiano llamado Team Cherry anunció la fecha de lanzamiento de un juego en el que habían trabajado muchos años. Silksong era la secuela de Hollow Knight, un título que me encantó cuando salió en 2017: un juego atmosférico y tentadoramente difícil sobre luchar a través de un reino subterráneo corrupto de insectos. Silksong se anticipaba tanto que se convirtió en un meme; su nombre aparecía en los comentarios de cada presentación de videojuegos por más de medio década, mientras Team Cherry se mantenía en silencio sobre su fecha. Los usuarios en Reddit empezaron a sacrificarse entre ellos en rituales falsos para lograr que se lanzara. Ahora por fin saldría, y yo tenía tanto dolor que no sabía si podría jugarlo.

Hollow Knight: Silksong. Fotografía: Team Cherry

Hay una narrativa subyacente de superar las dificultades – de sufrimiento y redención – en casi todos los videojuegos, especialmente en los difíciles. Y a mí me encantan los difíciles. Los videojuegos dan significado al sufrimiento: lo intentas y fallas, intentas y fallas, hasta que tienes éxito. Quizás, pensé, jugar Silksong durante un período de sufrimiento y discapacidad en la vida real podría ayudarme a verlo de otra forma.


Silksong parece una pesadilla muy hermosa, y tiene la energía de una serie animada europea con toques de horror que apenas recuerdas de tu infancia. Su personaje jugable, Hornet, es una araña enmascarada con una capa roja; los otros personajes son criaturas insectoides extrañamente tiernas pero de ojos muertos, encorvadas por su propio sufrimiento. Comenzando al pie del reino de Pharloom, viajas por cavernas luminiscentes cubiertas de musgo, templos bañados por la luna, páramos azotados por el viento y la arena, túneles estrechos y serpenteantes cuyas paredes están hechas de engranajes o campanas opacas, subiendo hacia la Ciudadela que antes brillaba en la cima. Los insectos han peregrinado a la Ciudadela por generaciones incontables, pero rara vez sobreviven el viaje. Hay muy poca vida en todas partes, y la que hay intentará matarte. Algo ha envenenado sus mentes.

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El viaje refleja el de Dante en La Divina Comedia, del infierno al purgatorio y al cielo, de las profundidades malditas a la morada de dios. El precario puesto donde Hornet comienza el juego es poco más que un poblado improvisado; insectos harapientos se apiñan en un lugar de seguridad temporal. El pueblo de Pharloom acepta su destino, acurrucados en cada asentamiento con miradas vacías y posturas afligidas: así es como deben ser las cosas. Como cualquier peregrinaje, el camino a la Ciudadela conlleva una enorme dificultad antes de acercarse a la divinidad. Esto me lo dijeron una y otra vez los insectos que conocía entre mis batallas contra las bestias salvajes y los sacerdotes corruptos que bloqueaban mi camino – batallas que a menudo me hacían volver a un punto de control, furioso, 10, 20 o 50 veces antes de derrotarlos.

Excepto que el supuesto cielo de Silksong es infernal en sí mismo. Cuando llegas allí, a la Ciudadela – pasando el pantano envuelto en niebla custodiado por el feroz Moorwing, pasando la Widow envuelta en seda que mantiene al dorado pueblo de Bellhart en un aterrador estado de animación suspendida, pasando el Último Juez que guarda la gran puerta, balanceando un incensario llameante que puede acabar contigo en segundos con olas y columnas de fuego – descubres que también ha caído. El sufrimiento de los peregrinos que llegan aquí no tiene sentido. Si sobreviven, les espera más sufrimiento. Los lugares más elevados resultan ser de los peores.

Hollow Knight: Silksong. Fotografía: Team Cherry

Sin embargo, la Ciudadela no es ni la mitad del juego. Más allá de esa puerta, Pharloom se ramifica en todas direcciones. Muy, muy abajo, hay un horno hirviente; en el Camino de los Pecadores encuentras donde los prisioneros del reino fueron dejados para pudrirse; hay un hospital abandonado, una montaña de hielo azotada por vientos despiadados, una especie de museo que te muestra el reino en miniatura (¿por qué está ahí?). Los guardianes de estos lugares se vuelven cada vez más castigadores. Casi pierdo la cabeza luchando contra Trobbio, el bailarín, el performer extravagante, atrapado para siempre en su escenario, entonando teatralmente su propio nombre mientras me destruye con pirotecnia.

Hornet brilla como la seda en este mundo desolado. Dentro de ella está la sustancia que mantiene las mentes de Pharloom en cautiverio: la seda divina. Ella maneja su poder divino alrededor de su cuerpo como cintas, para sanar el daño que le hacen. Habla con claridad y compasión a insectos que responden con acertijos o amenazas, medio locos. Toca melodías en un instrumento de cuerdas que hacen que los insectos a su alrededor alcen la vista y canten estrofas inconexas. Y lucha: con su aguja afilada, con bumeranes de hueso y veneno vegetal y brebaje de pulgas, con tachuelas y jabalinas y cualquier cosa que encuentre en Pharloom. Lucha y lucha, y sin embargo tras cada batalla espera otra.

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Limitado por el dolor, me veo forzado a explorar todo esto muy, muy lentamente. Tardo meses en avanzar con mucho esfuerzo por un juego que en mi vida anterior habría completado en tres semanas. Mi peregrinaje no puede apresurarse. Manejar el dolor implica cultivar un estado de seguridad para tu sistema nervioso, minimizando el estrés lo más posible, y resulta que los videojuegos difíciles son muy estresantes. La frustración del fracaso hace que mis manos agarren el mando con fuerza y me empiecen a doler los dedos. La adrenalina de la victoria me lleva a un estado de excitación de lucha o huida que mis nervios no pueden manejar ahora. En vez de sumergirme en Silksong como con otros juegos desde adolescente, juego sesiones de 20 o 40 minutos, a lo largo de meses.

Inesperadamente, esto hace que Pharloom empiece a sentirse como una dimensión paralela, un sitio al que puedo entrar no solo en mi Nintendo Switch sino en mi mente. Tengo que parar de jugar cuando el dolor empieza a llegar a mi mano, así que sigo jugando en mi cabeza.

Hollow Knight: Silksong. Fotografía: Team Cherry

Veo a los Bailarines de Engranaje, los jefes gemelos mecánicos y bailarines en lo más alto de la Ciudadela, deslizándose frente al ojo de mi mente en sus patrones de ataque predecibles. Pienso en el pozo que encontré en un rincón de los Pasos Devastados y me pregunto si puedo subir con la herramienta tipo pitón que Hornet adquirió recientemente. Pienso, todo el tiempo, en qué pasó en Pharloom; el agarre religioso en las mentes de su población, que se aferran a sus rosarios mientras pierden el control de sus propias mentes. Pienso en el alto príncipe que rescaté de una celda, agachado sobre los restos de uno de los Bailarines de Engranaje: su pareja, hace mucho tiempo.

Se nota que este juego es una obra de obsesión. El detalle en todas partes es extraordinario, incluso en los gusanos que cubren el suelo en los Conductos Putrefactos (nombre muy adecuado). Pero además, mientras en la mayoría de mundos de juego todo parece orientado al jugador – parques de diversiones dispuestos para tu disfrute, una mancha de pintura amarilla para mostrarte el camino – la presencia de Hornet, mi presencia, se siente casi incidental en Pharloom. Se descompone sin mí, los insectos coreando sus devociones, los clérigos envenenados por la seda repicando sus campanas. Llego a un asentamiento y no me reciben como salvador, sino con una venda de suspicacia y desesperación.

De hecho, algunos lugares de Pharloom no son nada divertidos. Son sitios que no quiero volver a ver. Una noche tarde me encuentro en Bilewater, un recorrido fétido de parkour sobre más pozos de gusanos y junto a monstruos de musgo que escupen bilis. Estoy aquí para encontrar a Shakra, la guerrera cartógrafa, cuya inquietante canción me ha guiado hacia ella por todo Pharloom, buscando rosarios para pagar sus mapas. Su rastro está marcado con anillos de bronce, un detalle que no puedo creer no haber notado antes, pero me toma días de juego espaciado hacer el viaje desde el banco seguro más cercano hasta la poza tranquila donde descansa. Criaturas tramposas me siguen, colocando trampas que hacen aún más difícil evitar las bocas abiertas, los dientes afilados y los movimientos erráticos de las criaturas nativas. Me llevó al borde de las lágrimas.

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Rendirse nunca se sintió como una opción. He tomado descansos de Silksong – una o dos semanas seguidos – pero no me he rendido, ni siquiera cuando me quedé atascado en una prueba casi imposible con oleadas de cuervos agresivos. Silksong a veces se siente sádico, innecesariamente castigador: recibe un golpe y a menudo perderás no una, sino dos unidades preciosas de la salud de Hornet. No estoy seguro de por qué no lo dejé. No era pura obstinación. Creo que porque ya sufría todo el tiempo, añadir un poco más de sufrimiento a mis días por elección al menos me daba una sensación de control.


Los videojuegos difíciles requieren tenacidad y resiliencia. Te enseñan a enfrentarte al problema incansablemente hasta derrotarlo. No hay nada que no puedas hacer con suficiente habilidad y determinación. Siempre puedes ganar. Solo tienes que intentarlo con suficiente fuerza.

Hollow Knight: Silksong. Fotografía: Team Cherry

Esto no se aplica al dolor. Ningún esfuerzo logrará que los nervios sanen más rápido, y el dolor no es algo que se pueda superar con pura determinación. Antes he llevado estrategias de los videojuegos a mi vida real: he aplicado la misma tenacidad terco para aprender idiomas, escribir libros, apoyar y cuidar a mis amigos y familia. Pero nada de lo que aprendí en los videojuegos me ha ayudado a lidiar con el dolor. En cambio, he tenido que aprender a hacer las cosas más lentas, mantenerme dentro de mi capacidad y admitir mis limitaciones sin culpa ni autorreproche.

No sabía que podía hacer las cosas lento. No sabía que podría jugar a Silksong lentamente. Pero he aprendido cómo. Mientras jugaba este juego, también he leído sin parar sobre la ciencia moderna del dolor. Al principio lo hice desesperadamente, buscando una salida, una forma de acelerar las cosas, de salir del sufrimiento. Lo que aprendí, en cambio, es que reconocer el dolor es el primer paso para aprender a vivir con él, y que aprender a vivir con él es lo que realmente significa superarlo. El dolor es la señal de peligro del cerebro: si lo ignoras, se vuelve más fuerte. Si empiezas a escucharlo, observándolo y aceptándolo, tu cerebro quizás guarde el megáfono. He aprendido que reconocer el dolor y modificar tu vida en torno a él no significa rendirse. Significa que puedes seguir viviendo – seguir jugando.

Después de cuatro meses y 40 horas, he hecho casi todo lo que hay por hacer en Pharloom. Estoy luchando contra la jefa final, y llevo intentando derrotarla desde antes de Navidad. Esperaba terminar este juego antes del final del 2025, un pequeño símbolo pulcro de perseverancia en un año extremadamente desafiante. No ha resultado tan elegante, pero Silksong me ha ayudado a ver el sufrimiento de forma un poco diferente. No necesita tener un propósito; no necesariamente viene con una narrativa ordenada de perseverancia y redención eventual. Pero puedes aprender a trabajar a su alrededor. Puedes abrirte camino a través de él.

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