Crítica: ‘Alpha’, la atrevida pero frágil alegoría del sida de Ducournau

Julia Ducournau vuelve al primer plano con Alpha, su tercer largometraje después de la ganadora de la Palma de Oro, Titane, y la cruda historia de canibalismo y crecimiento de Raw. Esta vez, la cineasta francesa cambia el autoerotismo metálico por un terror corporal de combustión lenta, ambientado bajo la sombra de una epidemia sin nombre. La película cuenta con la asombrosa Mélissa Boros como Alpha, la protagonista de 13 años, cuyo hogar monoparental (con Golshifteh Farahani) se rompe tras un incidente con un tatuaje casero y tosco. Esa pequeña marca inicia una escalofriante cadena de eventos, con una enfermedad extraña que convierte lentamente los cuerpos en algo parecido a piedra o polvo.

La historia ocurre en un mundo muy parecido a los finales de los 90, con temores por una enfermedad que nadie entiende completamente (recuerda mucho a la crisis del SIDA, aunque nunca la nombra). En lugar de mucha sangre y vísceras como en sus películas anteriores, el terror aquí es mas lento y triste. La gente tose un polvo blanco, su piel se agrieta como mármol y los cuerpos empiezan a deshacerse en arena fina. Da miedo de una manera callada y desgarradora, mostrando como el miedo puede destruir familias y relaciones.

En el fondo, la película explora la doble cara del cuidado: qué significa amar a alguien cuyo cuerpo lo traiciona, y cómo el miedo al contagio envenena la intimidad. El tatuaje comienza como una rebeldía adolescente, pero se convierte en un símbolo de miedos mas grandes sobre la enfermedad, el estigma y la pérdida. Muestra cómo cosas cotidianas—como cenar o ir a dormir—se llenan de tensión y tristeza cuando la confianza se rompe. Es un enfoque valiente para explorar la epidemia del SIDA de los 80 desde la mirada de una niña, con acoso, soledad y la lenta erosión de la esperanza.

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Dicho eso, la película no es perfecta. Es bastante larga (más de dos horas), y a veces salta en el tiempo o se pierde en partes oníricas, lo que puede resultar confuso o lento. El mensaje principal sobre la enfermedad es claro enseguida, pero la trama se alarga en algunos momentos y no mantiene siempre la misma energía. Algunos la encuentran demasiado oscura sin una recompensa clara. Aún con esos problemas, Alpha es valiente y emotiva. Ducournau no busca sustos fáciles ni finales felices—muestra dolor real e intenta decir algo profundo sobre el amor en tiempos difíciles.

En general, es una película audaz que no es para todos. Si te gusta el terror reflexivo o las historias sobre luchas familiares, vale la pena verla, aunque resulte pesada. Ducournau sigue esforzándose, y aunque esta no impacta tanto como sus trabajos anteriores, demuestra que no tiene miedo de intentar algo nuevo y personal. Es una película que deja huella—justo como ese tatuaje.

Se proyecta en el Festival de Cine Francés de este año desde el domingo 22 de marzo.

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