Como inmigrante, no enarbolaré la bandera.

Imagínense la escena (la cual me complace decir que jamás tendría lugar en España): un mar de banderas españolas cubriendo las principales avenidas en una protesta contra la inmigración. ¿Cómo nos sentiríamos? Porque, a fin de cuentas, yo me considero un inmigrante. He venido a vivir y trabajar a otro país. Imagínense que encenden las noticias españolas y vieran a un grupo de personas afirmando que hay demasiados extranjeros in España. No sería precisamente acogedor, ¿verdad?

Quizás esté llevando el argumento al extremo, pero tras presenciar las escenas en Gran Bretaña y otros lugares, siento que alguien debería alzarse para defendernos, o defenderme a mí, el inmigrante. Diría que la mayoría de los británicos están orgullosos de su país y de su bandera, pero no les agrada que sea utilizada como herramienta contra la inmigración por un puñado de personas con intenciones ocultas.

Sigo manteniendo que Gran Bretaña es una nación tolerante, donde las palabras libertad y juego limpio no se emplean a la ligera. Sí, Gran Bretaña tiene sus defectos, pero aún así me enorgullese decir que soy británico, aun siendo inmigrante en otro país.

Onden su bandera en el cumpleaños del Rey, en el Día de la Victoria en Europa o en el Pacífico, o cuando haya un momento especial que les haga sentir orgullo; pero no la ondeen en contra de la inmigración; al menos, no en mi nombre.

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