Cómo Finlandia se liberó de la energía rusa

Central Nuclear de Olkiluoto, Finlandia. Actualmente en funcionamiento.
Crédito: Hannu Huovila / TVO, CC

Finlandia ha convertido, de forma discreta, una brutal crisis energética en un sistema eléctrico prácticamente libre de emisiones de carbono. Su apuesta por la energía nuclear podría contener lecciones para el resto de Europa.

De los gasoductos rusos a una fría llamada de atención

Durante años, la situación energética de Finlandia resultaba familiar para muchos europeos: combustibles baratos procedentes de Rusia, importaciones constantes y escasa urgencia por cambiar. Antes de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, aproximadamente un tercio de toda la energía consumida en Finlandia se importaba de Rusia. Según el Ministerio de Asuntos Económicos y Empleo de Finlandia, esto incluía alrededor del 80% de su petróleo crudo y más de la mitad del valor total de las importaciones energéticas.

Esa relación se colapsó en cuestión de meses. Mientras la UE avanzaba hacia la prohibición del carbón y el petróleo rusos, y Moscú cortaba el suministro de gas y electricidad a varios vecinos, las empresas finlandesas compitieron por reemplazar los contratos que habían sustentado su sistema energético durante décadas.

Para los hogares y las pequeñas empresas, el impacto fue muy similar al experimentado en España: facturas por las nubes, titulares alarmantes y la repentina comprensión de que "de dónde proceden nuestros electrones" no es un debate político abstracto, sino una cuestión de seguridad, soberanía y economía familiar.

El reactor que alteró la ecuación

La respuesta de Finlandia ha sido inusualmente contundente. En la primavera de 2023, el país puso finalmente en marcha Olkiluoto 3, un reactor de 1.600 megavatios situado en la costa oeste y el más grande de Europa. Tras 18 años de retrasos y sobrecostes, la central inició su operación regular, convirtiéndose al instante en uno de los generadores más potentes del continente.

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Las cifras desde entonces son elocuentes. Los datos preliminares muestran que el 95% de la producción eléctrica finlandesa en 2024 procedió de fuentes libres de fósiles: nuclear, eólica, hidráulica, solar y combustibles renovables. La energía nuclear supuso la mayor contribución individual, cubriendo aproximadamente entre un 38% y un 39% de la demanda eléctrica nacional.

En términos sencillos: un país que dependía en gran medida de las importaciones rusas se ha convertido, durante la mayoría de las semanas, en un exportador neto de energía baja en carbono hacia sus vecinos nórdicos. Los precios mayoristas han caído drásticamente desde su pico durante la crisis, si bien la volatilidad –incluyendo periodos de precios negativos– sigue siendo un reto tanto para los operadores de la red como para los consumidores.

Independencia energética en un vecindario tenso

El cambio en Finlandia no responde únicamente a objetivos climáticos. Al compartir una larga frontera con Rusia y contar ahora con un asiento en la mesa de la OTAN, Helsinki trata la energía de forma creciente como un componente de su postura defensiva. La interrupción de los flujos de gas por gasoducto, la eliminación progresiva del petróleo ruso y, más recientemente, el cese de las importaciones de GNL ruso bajo las nuevas sanciones de la UE forman parte de esa estrategia.

El sector nuclear ha seguido el mismo camino. El combustible para los reactores más antiguos, que una vez provino de suministradores rusos, se está diversificando hacia proveedores occidentales. Mientras, el almacén subterráneo de combustible gastado de Finlandia en Onkalo –el primer emplazamiento geológico profundo del mundo próximo a operar– está diseñado para confinar residuos de alta actividad durante milenios en el lecho rocoso finlandés.

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Para muchos finlandeses, esta combinación de generación doméstica y planificación a largo plazo para los residuos ha hecho que la energía nuclear sea percibida como una forma responsable de cortar lazos con el Kremlin sin recurrir de nuevo al carbón.

Qué significa para los lectores en España

Para los lectores de Euro Weekly News que siguen los debates energéticos desde España, Finlandia ofrece un modelo muy distinto al de países como Alemania, que cerró sus últimos reactores justo cuando Olkiluoto 3 entraba en servicio.

España ha elegido un camino basado principalmente en la eólica, la solar y las interconexiones con Francia y Portugal. Finlandia, por el contrario, ha construido un sistema donde las renovables crecen sobre una sólida columna vertebral nuclear.

Ambos países pretenden reducir emisiones e importaciones de Rusia, pero el equilibrio entre tecnologías –y los argumentos políticos que las rodean– presentan un cariz muy diferente.

El caso finlandés no zanja los debates nucleares en Europa. El reactor que ahora ayuda a asegurar su red llegó con 14 años de retraso y un sobrecoste de miles de millones. No obstante, para un país pequeño en el extremo de la UE, la recompensa es evidente: mayor control sobre su futuro energético, una electricidad más limpia y una posición más débil para Moscú.

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