Cifras de cruce de migrantes para 2025, un tema ‘políticamente tóxico’ para el Primer Ministro

El gobierno despertó con una fuerte resaca de año nuevo tras la publicación de los datos de 2025 sobre pateras, que revelan que el número de migrantes que cruzaron el Canal aumentó en más de 4,500 personas comparado con 2024.

Para un primer ministro que hizo de “acabar con las mafias” una promesa central durante la campaña electoral, estos números son políticamente tóxicos.

Aunque, sinceramente, dada la trayectoria de las estadísticas en la primera parte del año, la situación pudo ser peor. Las cifras estaban por encima del récord de llegadas de 2022 hasta que el mal tiempo llegó a finales de otoño.

Pero después de 18 meses en el poder, Sir Keir Starmer entra en otro año sin lograr progresos reales en un tema muy importante para muchos votantes.

Esta aparente impotencia –de gobiernos sucesivos– para detener las pateras y cerrar los hoteles de asilo ha alimentado el rápido ascenso en el apoyo a Reform UK.

Como era de esperar, Nigel Farage se ha lansado sobre los datos de hoy para declarar que “acabar con las mafias es un desastre total. El sistema de ‘uno entra, uno sale’ es una farsa y los números han sido enormes”.

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El primer ministro Sir Keir Starmer con la secretaria del Interior. Archivo: Reuters

En un reciente endurecimiento de las posturas políticas mayoritarias, tanto Reform UK como los Conservadores argumentan ahora que cualquier persona que llegue al país ilegalmente debería ser excluida de solicitar asilo, y que el Reino Unido debe salir del Convenio Europeo de Derechos Humanos para lograrlo y aumentar las deportaciones.

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“Los cruces en patera son el producto inevitable de un sistema que garantiza la entrada y obstruye la expulsión”, dijo el secretario del Interior en la sombra, Chris Philp.

“Mientras el CEDH esté en el centro de nuestro sistema de asilo, la inmigración ilegal está prácticamente garantizada.”

Como vimos en el mensaje de año nuevo del primer ministro sobre la economía, su enfoque ha sido argumentar que comprende la ira de la gente, pero insistir en que las nuevas políticas, que recién empiezan a dar frutos, pronto marcarán una gran diferencia.

El Ministerio del Interior nos envió una declaración contundente diciendo: “La cantidad de cruces en patera es vergonzosa y el pueblo británico merece algo mejor. Este Gobierno está actuando”.

Es cierto que muchas de las medidas anunciadas por los ministros acaban de entrar en vigor o aún no lo han hecho.

La ley de fronteras, finalmente aprobada en diciembre, otorga a la policía nuevos poderes al estilo antiterrorista para intentar enfrentar a las mafias.

Las reformas de asilo inspiradas en Dinamarca de la secretaria del Interior Shabana Mahmood, anunciadas en noviembre, buscan hacer el sistema de asilo menos generoso y, por lo tanto, menos atractivo para los migrantes.

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Ella quiere disuadir a la gente de venir al Reino Unido con planes para hacer que el estatus de refugiado sea temporal, no permanente, restringir los beneficios para solicitantes de asilo y requerir 20 años de residencia antes de otorgar la residencia permanente.

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Los planes también buscan facilitar las deportaciones.

En lugar de salir del CEDH, el gobierno trabaja con otros países europeos para intentar reformarlo desde dentro.

El acuerdo de “uno entra, uno sale” con Francia comenzó en el verano y consiste en que el Reino Unido devuelve migrantes de pateras a través del Canal a cambio de personas que ya están en el sistema francés.

Hasta ahora ha sido a pequeña escala: se han deportado a menos de 200 personas y varias han intentado volver al Reino Unido incluso después de ser devueltas.

Y aunque los ministros celebran regularmente los frutos de una colaboración más estrecha con sus socios europeos, una promesa largamente esperada de Francia para permitir que la policía intervenga y detenga los botes en el agua parece estar otra vez en pausa, ya que los sindicatos supuestamente resisten la orden por preocupaciones de salud y seguridad.

Después de tantas promesas falsas y esquemas fallidos –el más notorio de ellos, el plan de Ruanda, costó 700 millones de libras y deportó solo a cuatro voluntarios– no es sorprendente que el electorado británico sea escéptico sobre las políticas gubernamentales en esta área.

Sir Keir y Shabana Mahmood esperan que su enfoque multifacético y de colaboración internacional finalmente empiece a dar dividendos en el nuevo año.

Los votantes frustrados esperan soluciones, y están preparados para castigar a los políticos que no cumplen sus promesas.

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