En el portal inmobiliario Idealista se anuncia una caseta de jardín de 25 metros. Se encuentra en una finca rústica de la zona de Sa Casa Blanca, en Palma. Esta construcción dispone de un dormitorio y su alquiler se ofrece a 900 euros mensuales.
En el anuncio se especifica que dista unos 200 metros de la vivienda principal, donde residen los propietarios. Está destinada a una sola persona —”no se admiten parejas ni mascotas”—.
Desde el punto de vista urbanístico, José Miguel Artieda, presidente de la asociación de agencias inmobiliarias API, duda seriamente de su legalidad. “Una caseta de madera es una edificación. En un suelo rústico no se permiten dos viviendas.”
Considera que el certificado energético de la caseta es falso. “Consta una ‘A’, pero está incompleto y solo se otorga a edificios súper eficientes.” Una caseta de madera en un jardín no puede, en ningún caso, considerarse eficiente energéticamente.
Artieda también sospecha que carezca de cédula de habitabilidad, “que es obligatoria según la ley balear de vivienda, por lo que infringiría normativas urbanísticas, industriales y de vivienda”.