Los vecinos se han quejado del ruido nocturno, que se está convirtiendo en un grave problema. Crédito de la foto: Zelma Brezinska/Shutterstock
Los residentes de Pinar de Campoverde, una pequeña localidad alicantina, manifiestan una preocupación creciente ante los persistentes ladridos y aullidos caninos durante la noche. Este ruido continuado ha generado un debate vecinal; mientras algunos alegan que estas alteraciones merman su calidad de vida, otros argumentan que los perros constituyen una valiosa medida de seguridad.
Un residente expresó su frustración ante la interrupción constante: «Me despiertan continuamente por la noche los ladridos o aullidos, que se prolongan hasta la madrugada». Asimismo, los vecinos se quejan de verse obligados a dormir con las ventanas cerradas, lo cual, durante las tórridas noches estivales, agrava la incomodidad, en especial si la vivienda carece de aire acondicionado. Muchos coinciden en que la privación del sueño se ha vuelto un problema habitual en los meses de verano, cuando cerrar las ventanas incrementa el malestar provocado por las elevadas temperaturas.
Por otro lado, algunos residentes defienden la presencia de los canes, subrayando su papel en la disuasión de delitos. Un vecino afirmó: «Son el mejor deterrentee para los ladrones». Para ellos, los perros brindan una sensación de seguridad, particularmente en zonas con viviendas aisladas o con cierta inseguridad. Las autoridades instan a presentar denuncias por ruido. En virtud de la Ley de Bienestar Animal, los dueños son legalmente responsables de evitar que sus animales provoquen molestias, especialmente nocturnas. Las quejas persistentes pueden derivar en sanciones u otras medidas legales, ofreciendo así un recurso formal si el diálogo vecinal no fructifica.
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Los expertos sugieren que resolver estos conflictos requiere comunicación y compromiso. Se alienta a los dueños a controlar y gestionar a sus perros, ya sea manteniéndolos dentro del hogar por la noche o proporcionándoles entrenamiento para reducir los ladridos excesivos. También se aconseja abordar las conversaciones de manera constructiva, buscando soluciones que reconcilien el descanso nocturno con los beneficios de seguridad que aportan los animales. Pinar de Campoverde no es un caso aislado; numerosas comunidades en España enfrentan conflictos similares entre propietarios de mascotas y vecinos afectados por el ruido. Las autoridades señalan que la clave reside en equilibrar los derechos individuales con el bienestar comunitario.
A medida que la localidad crece y atrae tanto a residentes permanentes como a visitantes estacionales, el debate sobre el ruido canino nocturno evidencia la necesidad de soluciones cooperativas. Encontrar un punto de equilibrio entre la seguridad, la calidad de vida y la tenencia responsable de animales sigue siendo una prioridad para vecinos y administración.