Bulgaria, el país más pobre de la Unión Europea, se ha convertido en el miembro número 21 de la eurozona, adelantandose a candidatos más obvios y prósperos como Polonia, la República Checa y Hungría.
Para los búlgaros mayormente urbanos, jóvenes y emprendedores, es un salto optimista y potencialmente lucrativo. Es la jugada final en un juego que ha integrado a Bulgaria en la corriente principal europea: desde el ingreso en la OTAN y la UE, hasta la adhesión al espacio Schengen y ahora, al euro.
Sin embargo, para la parte de la población más mayor, rural y conservadora, el reemplazo del lev búlgaro por el euro provoca miedo y resentimiento.
El lev, que significa león, ha sido la moneda búlgara desde 1881, pero ha estado vinculada a otras monedas europeas desde 1997: primero al marco alemán y luego al euro.
Las encuestas indican que los 6,5 millones de habitantes de Bulgaria están más o menos divididos por igual respecto a la nueva moneda, y la agitación política no está facilitando la transición. El gobierno de coalición del primer ministro Rosen Zhelyazkov perdió una moción de confianza el 11 de diciembre, tras protestas masivas contra el presupuesto de 2026. Bulgaria ha celebrado siete elecciones en los últimos cuatro años, y es probable que haya unas octavas a principios del próximo año.
“No quiero el euro y no me gusta la forma en que nos lo han impuesto”, dijo a la BBC Todor, de 50 años, dueño de un pequeño negocio en la ciudad central de Gabrovo. “Si hubiera un referéndum, calculo que el 70% de la gente votaría en contra”.
Un referéndum sobre la adopción del euro fue propuesto por el presidente Rumen Radev, pero fue rechazado por el gobierno saliente.
Todor explicó que su negocio, que produce plásticos de colores para el mercado nacional, tuvo un mal año debido a la alta inflación. Cree que una caída en las ventas fue alimentada por el miedo al euro.
Por otro lado, Ognian Enev, de 60 años y dueño de una tienda de té en el centro de Sofía, se mostró más entusiasta. “En general, es algo bueno. Es solo un cambio técnico. No me molesta”, dijo a la BBC.
Señaló que, en cualquier caso, la gente que ha comprado apartamentos o coches hasta ahora ya se ha acostumbrado a los precios marcados en euros. Además, los 1,2 millones de búlgaros que viven fuera del país llevan años enviando dinero a casa en euros.
Como muchos comerciantes, Ognian ya tiene la nueva moneda lista, en monedas y billetes de pequeña denominación, preparada para la transición.
Durante todo enero, se podrá pagar tanto en lev como en euros, pero se supone que el cambio se dará en euros. A partir del 1 de febrero, ya no se permitirá pagar en lev.
Ognian espera que la adhesión a la moneda única sea buena para el comercio. Muchos de sus tés aromatizados y de frutas provienen de vendedores en la eurozona, mientras que los tés más caros y de gama alta se importan directamente de China y Japón.
Desde agosto de 2025, la ley exige que todas las tiendas en Bulgaria muestren los precios en ambas monedas.
Convenientemente, 1 euro vale aproximadamente dos lev (1,95583 para ser exactos). Para responder al temor público de que los precios se redondeen al alza, se han creado organismos de control para proteger a los consumidores. Y algunos precios se han redondeado a la baja: se espera que el costo del transporte público en la capital, Sofía, baje ligeramente.
El diseño del reverso de las nuevas monedas de euro se eligió para superar la preocupación de que Bulgaria pierda su soberanía. San Iván de Rila aparece en la moneda de 1 euro, y Paisiy de Hilendar, un monje del siglo XVIII y defensor del renacimiento nacional, en la de 2 euros.
Las monedas de céntimos de menor denominación llevan la imagen del Jinete de Madara, un símbolo del primer estado búlgaro, basado en un relieve rupestre del siglo VIII.
A todos les preocupa cómo afectará la nueva moneda a Bulgaria en su conjunto.
Las lecciones de otros países ofrecen dos versiones: el exitoso “modelo báltico” seguido por Estonia, Letonia y Lituania, que combinó el euro con reformas para agilizar la administración, fomentar la inversión y combatir la corrupción; y el “modelo italiano”, al que siguieron años de estancamiento.
“Me temo que vamos a parecernos más a Italia”, predijo Ognian Enev.