‘Budín de chía, el lado sereno de Cathy’: el extraño y preocupante mundo del merchandising oficial de Cumbres Borrascosas

El apetito por la adaptación de Cumbres Borrascosas de Emerald Fennell, con su romance condenado, es sin duda alto. Lo que es menos seguro es si será suficiente para mantener las ventas de un bowl oficial de açai inspirado en la película.

Aún así, esto es exactamente lo que se ofrece en supermercados de EE.UU.: dos bowls especiales creados para fans hambrientos. El eslogan explica: “Esto es lo que pasa cuando conviertes el anhelo en sabor”.

“El bowl de Cathy es suave, indulgente e imposible de olvidar”, promete la descripción de ‘Bésame’. “Las fresas son su dulzura salvaje, el pudín de chia su lado sereno, la miel su dulce anhelo”. ‘Atórmentame’, en cambio, es “oscuro e intenso” como Heathcliff: “Los nibs de cacao son su alma amarga, las bayas de goji su corazón roto, la crema de avellana su pasión intensa”.

Las opiniones son variadas. Una cuenta de Instagram comentó: “mi amiga y yo solo pudimos pensar ‘qué diablos, es imposible que alguien probó esto y lo aprobó’”. Pero la existencia de estos productos prueba que estamos en una edad dorada de las colaboraciones mercantiles con películas.

Otras colaboraciones incluyen a la marca de lujo Aspinal of London, perfumes TokyoMilk, té en Bloomingdales y galletas de Last Crumb. Hay hasta dos colecciones de lencería: Hanky Panky lanzó un set de tangas y Lounge una línea completa. Continuando el tema, Slip tiene una funda de seda y Maude, la marca de bienestar sexual de Dakota Johnson, lanzó una vela de masaje y aceite corporal llamado “Desnúdate”. Su descripción dice: “El eucalipto respira frío en los páramos… el ámbar y el sándalo arden bajo: la memoria se deshace”.

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Claro, esto no es nada nuevo. Películas recientes como Barbie demuestran que la concientia de marca es clave para financiar proyectos, y el gasto en mercancía es parte esencial del modelo de negocio. El impacto viral de una película es parte de este nuevo algoritmo. Los estudios buscan ese ‘je ne sais quoi’ que transforme una historia en una experiencia estética y de estilo de vida total. Para vivir Cumbres Borrascosas, según los trailers, debes conectar con tu lado más atrevido, lo que probablemente requiera una tanga y quizás una estadía en una replica oficial de la habitación de Cathy en Airbnb.

Esta narrativa obsesiva también se ve en la gira de prensa, centrada en la aparente codependencia cuasi-romántica entre sus estrellas, Margot Robbie y Jacob Elordi. Se alienta al público a imitar el deseo obsesional bebiendo un té “Crema Deshecha” mientras moja una galleta de chispas “Mejor con Sexo”. Del mismo modo, los actores deben fingir desearse en cada oportunidad.

Hasta aquí, todo es desesperación consumista. El problema de vender una estética de obsesión es que, a diferencia de la novela, estos esfuerzos no dicen nada sobre la obsesión; solo muestran su apariencia e instruyen sobre cómo unirse. La novela desentraña los efectos destructivos del amor obsesivo, pero la campaña de mercancía parece pedirnos que aspiremos a la obsesión y la compremos.

La crudeza de la visión original de Brontë hace que todo esto parezca de peor gusto que los cepillos de Wicked. Muchas colaboraciones reducen la narrativa a su sexualidad, borrando sus temas más amplios. Es difícil conciliar una novela que explora el clase, raza y trauma generacional con cremas de manos con marca.

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La naturaleza abiertamente erótica de estas colaboraciones parece calculada para convertir la historia en un romance oscuro, perfecto para la audiencia de BookTok. Los posts oficiales usan palabras como “anhelo” y tropos románticos populares en la plataforma. La sexualidad explícita del trailer, el aceite corporal “Desnúdate”, la máscara de seda y la lencería apuntan a una estética vagamente BDSM. Es una interpretación particular que permite a los fans sentirse transgresores, pero de la manera más capitalista y normativa posible.

Esto recuerda a cuando el libro A Court of Thorns and Roses se hizo popular en BookTok. Una suscripción de temática literaria creó un kit “novios literarios” que incluía una pastilla de jabón con forma de pene. Si bien era una broma absurda, los lectores que califican libros por su “picante” son ahora un grupo con gran poder de compra, dispuesto a gastar en mercancía. No se duda de que sean lectores válidos o que sea emocionante acercar un clásico a nuevos públicos. Pero quizás hemos perdido de vista lo que debe ser una obra de arte: algo conmovedor que no exija vaciar tu billetera.

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