Brutal, vibrante y creativo: cien fotografías que capturan el alma de América Latina

Su pasado tumultuoso, marcado por masacres, esclavitud, dominación violenta, golpes de estado, revoluciones y levantamientos, a menudo opaca otra narrativa de América Latina: la de una región vibrante y culturalmente rica donde el arte, la creatividad y la solidaridad ocupan un lugar central en la sociedad.

A lo largo de su historia post-colombina – el período después de la llegada de Cristóbal Colón a las Américas en 1492 – América Latina ha lididado con la tensión entre la sujección a poderes coloniales e imperiales, la resistencia y la búsqueda de independencia.

Juan Vicente Gómez, el dictador de Venezuela desde 1908 hasta su muerte en 1935, era según se dice el hombre más rico de Sudamérica.

Esta historia más profunda y sofisticada – menos definida por la crisis institucional – ahora encuentra expresión visual en *História da América Latina em 100 Fotografias*, la última obra de Paulo Antonio Paranaguá.

Nacido en Río de Janeiro en 1948, el periodista e historiador usa imágenes como hilos que tejen una narrativa transnacional del continente.

El periodista e historiador Paulo Antonio Paranaguá. Fotografía: Casa de América.

Hijo de un diplomático, Paranaguá creció en Buenos Aires y Madrid, aprendiendo español antes que portugués y absorbiendo tempranas lecciones de desafío a la dictadura. Siendo adolescente bajo el General Franco, leía periódicos clandestinos de republicanos exiliados en Tánger.

De vuelta en Brasil, comenzó a estudiar ciencias sociales antes de mudarse a Lovaina en Bélgica y finalmente a París en 1968, atraído por su fermento radical e intelectual. En la Universidad de Nanterre, se cruzó con Daniel Cohn-Bendit y el futuro presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, uniéndose a las protestas de Mayo del 68 que moldearon su posterior activismo en un grupo trotskista, la Cuarta Internacional.

Esa militancia llevó a Paranaguá de regreso a América Latina, donde en 1975 fue encarcelado por dos años por la dictadura argentina. Privado de su pasaporte por el régimen militar brasileño, escapó con ayuda de sus contactos franceses, obteniendo estatus de refugiado y volviendo a su casa solo después de la amnistía brasileña de 1979.

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1986 Santiago, Chile: Mujeres por la vida destaca el rol de las mujeres liderando protestas por los derechos humanos en la lucha por la democracia en Sudamérica después de las dictaduras militares de los años 60 y 70. Fotografía: Kena Lorenzini/Museo Histórico Nacional de Chile.

Paranaguá comenzó como fotógrafo en 1968, luego se unió al periódico Jornal do Brasil como su corresponsal en París, trabajando después para Radio France Internationale y finalmente para Le Monde como editor para América Latina y el Caribe.

Junto al periodismo, se convirtió en un académico destacado del cine latinoamericano, publicando *Cinema na América Latina: Longe de Deus e Perto de Hollywood* en 1985 y editando volúmenes sobre la historia cultural de la región.

En 2017, co-escribió *Historia do Brasil em 100 Fotografias*. Para este nuevo libro, trabajó solo. “Valoro el trabajo colectivo”, dice, “pero para contar la historia de América Latina, necesitaba más control.”


Rechazando las narrativas nacionales, Paranaguá construye una historia global conectada de la región, cubriendo pueblos indígenas, colonización, esclavitud y migración – incluso el Caribe no latino, desde la holandesa Surinam hasta la británica Belice.

“Las historias nacionales, incluso las de países pequeños, son inadecuadas para explicar la evolución de América Latina”, dice. “La historia conectada y global desafía el viejo paradigma.”

Un autorretrato en la ciudadela inca de Machu Picchu por el fotógrafo peruano Martín Chambi, quien estuvo entre los primeros en documentar los descubrimientos arqueológicos en América Latina a finales del siglo XIX. Fotografía: Archivo Fotográfico Martín Chambi.

La fotografía, dice, expande la historia más allá de la política. “Quise desarrollar, junto a la historia política, la historia cultural, social y antropológica de América Latina – toda la creatividad que definió su identidad.”

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Basándose en descubrimientos arqueológicos, Paranaguá revisita las civilizaciones Olmeca, Azteca, Inca y Guaraní y a los arqueólogos de los siglos XIX y XX que ayudaron a forjar imágenes nacionales en México y Perú.

También evita clichés: la Revolución Mexicana se ve a través de imágenes de soldaderas en lugar de los retratos usuales de Pancho Villa o Zapata; la dictadura de Trujillo en la República Dominicana se retrata a través de las asesinadas hermanas Mirabal y no del ‘Generalísimo’ mismo.

Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, miembros de una familia de elite en la República Dominicana que fueron torturadas y asesinadas en 1960 por órdenes de Rafael Trujillo, quien gobernó desde 1930 hasta su muerte en 1961. Fotografía: Casa Museo Hermanas Mirabal.

Junto a los grandes trastornos – guerras, revoluciones, dictaduras – aparecen temas periféricos pero reveladores. Frida Kahlo posa para fotógrafos estadounidenses, construyendo su persona internacional; Wifredo Lam conecta el surrealismo con la cultura afrocubana. La Guerra del Chaco (1932-35) es documentada por el fotógrafo alemán Willi Ruge en escenas de trinchera que recuerdan a las de la primera guerra mundial.

El cuerpo del ejecutado Che Guevara puesto en exhibición en 1967. Fotografía: Freddy Alborta/Getty.

El verdadero tesoro del libro está en el trabajo de archivo de Paranaguá. La foto de Che Guevara, después de que el cuerpo del revolucionario argentino fuera exhibido en Vallegrande, Bolivia, reproducida aquí vino de Buenos Aires, no de Bolivia. “Algunos archivos han sido digitalizados, pero la mayoría permanece en condiciones desiguales”, dice.

Una enorme concentración pro-nazi en Buenos Aires en 1938. Fotografía: Centro Marc Turkow/AMIA.

Sus imágenes conectan el pasado de América Latina con su presente, revelando cómo las ideas fascistas, la desigualdad y la violencia perduran. Una concentración nazi de 1938 celebrando el Anschluss en el Luna Park de Buenos Aires, llena de esvásticas, refleja el resurgir de la extrema derecha en la región.

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“Estos momentos nos ayudan a entender el presente”, dice Paranaguá. “Los movimientos de extrema derecha de hoy no son sin precedentes – hacen eco de nuestro pasado.”

La independencia nacional, argumenta, no liberó a los latinoamericanos de las elites arraigadas. “En el corazón de las sociedades latinoamericanas, la exclusión es la regla”, dice.

Los intereses de clase y corporativos permanecen entrelazados con potencias extranjeras – sobre todo, Estados Unidos. “La regresión política que estamos viendo nos lleva no al siglo XX, sino al XIX, cuando Estados Unidos buscaba expansión territorial”, añade.

El presidente de Brasil Getúlio Vargas y su contraparte estadounidense, Franklin Roosevelt, se reúnen en 1943 para discutir la colaboración bélica de los dos países. Fotografía: CPDOC da Fundação Getulio Vargas.

Los legados de la esclavitud y la conquista aún moldean la región. En Brasil, la violencia de la colonización persiste en la brutalidad estatal y la desigualdad urbana.

En todo el continente, Paranaguá dice: “Un asesinato es una bomba de racimo: traumatiza a familias, comunidades y jóvenes negros, con impunidad y un impacto económico devastador.”

En una era de imágenes generadas por IA, Paranaguá valora la fotografía histórica por su autenticidad. “Una fotografía, como una carta o documento, no es la verdad absoluta sino una evidencia”, dice. “Necesitaremos criterios cada vez más estrictos para analizar de dónde vienen las imágenes.”

En su última obra, Paranaguá retrata una América Latina inestable pero vibrante, brutal pero creativa – un mosaico de tragedias y esperanzas por un futuro más justo. Lejos de ser un patio trasero inmóvil.

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