Se advierte a los titulares de pasaporte británico que viajan a España que el incumplimiento de las normas de entrada post-Brexit puede acarrear consecuencias graves, incluída una posible prohibición de acceso de hasta tres años a todo el espacio Schengen. A medida que los controles fronterizos europeos se digitalizan y aplican con mayor rigor, el margen de error se ha reducido drásticamente, en especial para viajeros frecuentes y propietarios de segundas residencias que quizá no sean conscientes de la rapidez con la que se acumulan los días autorizados.
Para los cientos de miles de nacionales británicos que residen en España a tiempo completo o parcial, el mensaje es claro: lo que antes era un viaje rutinario ahora exige mucha más atención al detalle.
Los límites de viaje post-Brexit sorprenden a visitantes británicos
Desde la salida del Reino Unido de la Unión Europea, los ciudadanos británicos están clasificados como nacionales de terceros países al entrar en el espacio Schengen. Esto implica que solo pueden permanecer 90 días dentro de cualquier periodo móvil de 180 días sin solicitar un visado o residencia.
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Aunque la norma en sí no es nueva, los funcionarios de inmigración en toda Europa están adoptando un enfoque mucho más estricto en su aplicación. Los viajeros que excedan su estancia, aunque sea involuntariamente, se arriesgan a multas, deportación y exclusión temporal del espacio Schengen. En casos más graves, las autoridades pueden imponer una prohibición de entrada de hasta tres años, bloqueando efectivamente los viajes no solo a España, sino también a más de veinte países europeos.
Este cambio ha pillado desprevenidos a algunos británicos, en particular a aquellos acostumbrados a los viajes espontáneos entre el Reino Unido y sus hogares en España antes de que el Brexit reconfigurara la libre circulación. Lo que muchos aún no llegan a comprender es que la franquicia de 90 días se aplica de forma colectiva en toda la región Schengen. Un fin de semana largo en París o un viaje de esquí en Austria cuentan para el mismo total que el tiempo pasado en la Costa del Sol.
Los abogados de inmigración han advertido en repetidas ocasiones que “perder la cuenta de los días” se está convirtiendo en uno de los errores más comunes, y evitables, cometidos por los viajeros británicos.
El sistema fronterizo digital deja poco margen para el error
Europa está implantando ahora un sofisticado Sistema de Entrada y Salida (EES), diseñado para automatizar los controles fronterizos y eliminar la dependencia de los sellos manuales en los pasaportes. En lugar de una rápida inspección visual, los viajeros no comunitarios registrarán sus huellas dactilares e imagen facial al llegar y salir, lo que permitirá a las autoridades calcular con exactitud el tiempo que cada visitante permanece en la zona.
Una vez que esté plenamente operativo, se espera que el sistema transforme la detección de las estancias excesivas. En vez de depender de controles de sellos inconsistentes, los agentes fronterizos tendrán acceso inmediato a historiales de viaje precisos, lo que dificultará mucho que cualquiera exceda su límite sin ser detectado.
La implantación también podría conllevar cambios prácticos para los viajeros que pasan por aeropuertos y puertos ferry españoles. Los expertos del sector anticipan colas más largas en el control de pasaportes durante las primeras fases, mientras el personal y los viajeros se adaptan a la nueva tecnología. No obstante, los responsables argumentan que el sistema, en última instancia, reforzará la seguridad y agilizará los cruces fronterizos.
Otro requisito próximo que probablemente afectará a los viajeros británicos es el ETIAS, una autorización previa al viaje similar a la ESTA estadounidense. Aunque no es un visado, requerirá que los visitantes obtengan una aprobación antes de entrar en la mayoría de destinos europeos, añadiendo otro trámite administrativo a la planificación de las vacaciones.
Para los expatriados, los viajeros frecuentes y los teletrabajadores que se desplazan regularmente entre el Reino Unido y España, estos controles por capas señalan un cambio más amplio: los viajes por Europa se están volviendo más estructurados, vigilados y reglamentados que en cualquier momento de las últimas décadas.
El enfoque más seguro es una planificación cuidadosa. Llevar la cuenta de los días que se pasa en territorio Schengen ya no es opcional, sino esencial, especialmente para quienes dividen su tiempo entre varios países. Aquellos viajeros que pretendan quedarse más allá del plazo permitido deberían explorar con antelación las vías de residencia o los visados de larga duración para evitar contratiempos.
La validez del pasaporte es otro detalle que no debe pasarse por alto. Por lo general, los documentos deben tener al menos tres meses de validez restantes en la fecha de salida de Europa y no deben tener más de diez años de antigüedad, un tecnicismo que ya ha causado más de un disgusto en el aeropuerto a algunos pasajeros.
A medida que avanza la tecnología fronteriza y se endurece su aplicación, mantenerse informado ya no es solo aconsejable, sino imprescindible.