Dos de las bodegas más históricas de España batallan para venderse.
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El consumo mundial de vino se desacelera, y el impacto se percibe incluso en la alta cúpula del sector.
Dos de las bodegas más grandes y con más solera de España, Codorníu y Bodegas Faustino, están actualmente en venta. A pesar de registrar beneficios récord y unos sólidos resultados operativos, ambas compañías han tenido dificultades para atraer compradores en un mercado cada vez más cauteloso.
La marcada ralentización del consumo vinícola a nivel global, unida a los desafíos estructurales en la producción vitivinícola, ha generado incertidumbre sobre las perspectivas de crecimiento futuro.
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Los beneficios récord no aseguran compradores
Ambas bodegas se encontraban en distintas fases del proceso de venta, si bien ambas transacciones se estancaron en momentos similares.
En el ejercicio fiscal 2023/2024, Codorníu alcanzó unos beneficios sin precedentes. Su EBITDA llegó a los 39 millones de euros, lo que supone un incremento del 15% respecto al año anterior. Cuando el fondo Carlyle anunció su intención de vender su participación del 68% en la empresa tras unas ventas récord, el movimiento fue acogido con gran expectación en los círculos financieros.
El fondo Carlyle aspiraba a duplicar su inversión inicial de 390 millones de euros de 2018, fijando el precio de venta en 700 millones. Sin embargo, la operación sigue estancada en una suerte de purgatorio corporativo. Numerosos expertos sugieren que, si bien los resultados financieros de Codorníu son sólidos, no creen que se logre un acuerdo satisfactorio.
Bodegas Faustino también afronta un sector que se enfría
La venta de Bodegas Faustino se encargó más recientemente, pero ha topado con obstáculos similares. De nuevo, pese a haber logrado sus mejores resultados en los últimos años, con cerca de 240 millones en ventas y 50 millones de EBITDA, el interés por su adquisición ha sido escaso.
Observadores del sector apuntan a una desaceleración más amplia en las fusiones y adquisiciones dentro del ámbito del vino. Los inversores priorizan cada vez más la resiliencia y la visibilidad del crecimiento a largo plazo, aspectos ambos más difíciles de garantizar en un mercado en contracción.
Declive del sector vinícola
El problema no radica exclusivamente en Codorníu o Bodegas Faustino, sino que refleja un cambio en la valoración de la industria vinícola en su conjunto. El aumento de los costes de producción, las presiones inflacionistas y los cambios en los hábitos de consumo, particularmente entre los bebedores más jóvenes, han afectado al sector.
El consumo mundial de vino se ralentiza año tras año. Una disminución significativa de viñedos viables también está agravando el problema. En España, la superficie de viñedo se reduce aproximadamente un 1,5% anual. En Francia, las autoridades han anunciado planes para arrancar 32.500 hectáreas de cepas en un esfuerzo por reequilibrar la oferta con la caída de la demanda. Este ajuste estructural subraya la profundidad de la desaceleración que afecta a las regiones vitivinícolas tradicionales.
Por ahora, a pesar de sus balances robustos y sus marcas históricas, Codorníu y Bodegas Faustino permanecen atrapadas entre un sólido desempeño operativo y un clima inversor cauteloso, moldeado por la caída del consumo global de vino.