Loxosceles rufescens, más conocida como araña violín mediterránea o araña reclusa. Crédito: Antonio Serrano / Creative Commons
El pasado septiembre, una mujer de 60 años de s’Arenal d’en Castell, en Menorca, sintió un aguijonazo intenso en el brazo al ponerse un jersey. En un primer momento lo ignoró, pero la zona se inflamó y el dolor se tornó extremo durante dos días, impidiéndole conciliar el sueño. Acudió a una farmacia, donde le recomendaron aplicar una crema con antihistamínico y antibiótico, comentándole que ya se habían tratado casos similares por picaduras de araña. Posteriormente, en su centro de salud, sugirió que quizás había sido mordida por una Loxosceles rufescens, la araña violín mediterránea. “Imposible, aquí no las hay”, respondió el médico, equivocadamente.
Una especie común en Baleares
Este caso, detallado por el experto en arácnidos Guillem Pons, es uno de los muchos recogidos en un reciente artículo divulgativo, en el que advierte del desconocimiento existente entre algunos profesionales sanitarios, que ignoran que esta especie es común en el archipiélago balear. Un tratamiento precoz es fundamental para evitar que la lesión empeore.
Uno de los incidentes más graves ocurrió en Ibiza en 2024, cuando una mujer de 32 años estuvo a punto de perder una pierna. El veneno provocó una necrosis tisular, es decir, la muerte prematura de células y tejidos. Afortunadamente, la intervención médica oportuna salvó su extremidad tras múltiples cirugías e injertos de piel. “Estas mordeduras pueden darse en cualquier lugar. En Ibiza, una ocurrió dentro de un coche; un turista catalán que paseaba en chanclas por Cabrera fue mordido en el lateral del pie. Es una especie muy común y puede hallarse casi en cualquier sitio, especialmente en oquedades o bajo piedras. Incluso documenté un caso en un baño de la Universitat de les Illes Balears”, explica el biólogo.
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La mordedura es sumamente dolorosa, más que la picadura de una avispa, y la piel se calienta en la zona afectada. “Al tocarla, quema”, señala Pons, quien recomienda acudir al médico de inmediato e informar de que la lesión podría deberse a esta araña.
Carencia de estadísticas oficiales
“Son casos que deberían ser ampliamente conocidos. El tratamiento es sencillo, pero debe aplicarse con rapidez para evitar complicaciones”, subraya el experto. Hace un llamamiento a la Conselleria de Salud balear para que impulse una campaña de concienciación en los centros de salud, a fin de que tanto el personal como la ciudadanía puedan reconocer estas mordeduras.
Presentado en las IX Jornadas Ambientales de Baleares en noviembre, el artículo de Pons también pone de relieve la ausencia de estadísticas oficiales sobre el loxoscelismo –las manifestaciones clínicas derivadas de un envenenamiento grave por mordedura de arañas del género Loxosceles. Una mayor colaboración entre los profesionales sanitarios y los entomólogos es clave para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y la prevención.