Los mensajes comenzaron hace más de un año. "El título me hizo mucha gracia," me escribió por mensaje mi amigo Matt, amante del cine, junto con un tuit que anunciaba un nuevo musical llamado Ann Lee, protagonizado por Amanda Seyfried y dirigido por Mona Fastvold, sobre una líder del movimiento Shaker del siglo XVIII. ¿Por qué una noticia cinematográfica tan inocua lo alegraría tanto? Bueno, porque yo también me llamo Ann Lee.
"¡Sí! ¡Por fin fama!" respondí. He contestado en un tono similar a todos los mensajes desde entonces de otros amigos ansiosos por contarme la noticia de que mi nombre encabezaba el reparto de una prestigiosa película de Hollywood. Y estaba genuinamente divertida y emocionada; durante la mayor parte de mi vida, Ann Lee me había parecido un nombre de lo más soso. Lee, o Li como también se escribe, es uno de los apellidos más comunes del mundo y lo comparten más de 100 millones de personas en Asia. Estaba segura de que había muchísimas Ann Lees por ahí. ¿Pero cuando le dedican el título de una película? Entonces es cuando empiezas a sentir que tu nombre quizás sí es especial.
El título pasó a ser El Testamento de Ann Lee, y es un musical lleno de tanto brío y ambición audaz como su heroína, quien partió por su cuenta desde unos humildes comienzos en Manchester, hija de un herrero, decidida a conquistar América con poco más que su fe cristiana, una firme creencia en la igualdad de género y un pequeño grupo de seguidores devotos. Fastvold coescribió el guion con su pareja, el director de The Brutalist Brady Corbet, y hay rumores emocionados de que Seyfried podría entrar en la shortlist al Oscar a mejor actriz.
Ya había buscado mi nombre en Google antes para ver qué otras Ann Lees existían, y mi búsqueda arrojó resultados escasos. El otro reclamo de fama que tenía mi nombre en el pasado era que lo compartía con una cantante de los 90 conocida por los éxitos de eurodance 2 Times y Voices. Ahora, cuando busco mi nombre, obtengo páginas y páginas sobre El Testamento de Ann Lee. Está claro que esta Ann Lee será considerada ahora la definitiva.
Cuando me invitaron a ver un pase previo que iría seguido de una Q&A con Seyfried y Fastvold, acepté de inmediato. Esa noche, di mi nombre al responsable de prensa que tachaba nombres de la lista de invitados. "Espera, ¿cómo dijiste que te llamabas?" preguntó. Me reí y le dije lo contenta que estaba de que la gente por fin aprendería a escribir mi nombre correctamente. Podrías pensar que no sería difícil estropear un nombre tan simple como Ann Lee, pero te equivocarías. He perdido la cuenta de las veces que la gente ha escrito mi nombre como Anne o me ha llamado Anna o ha pensado que Ann-Lee era mi nombre de pila.
A mi amiga Branka le gusta recordarme la vez que fuimos a un pase de prensa de una exposición y di mi nombre a la persona de recepción. "¿Ham Lee?" preguntó, confundida. Claramente necesito aprender a vocalizar mejor. Y como periodista de cine, mucha gente me ha preguntado "bromeando" a lo largo de los años si soy Ang Lee, el director taiwanés que hizo Brokeback Mountain, una pregunta a la que respondo con una sonrisa forzada y un suspiro interno. Sí, los dos somos asiáticos con nombres similares. Divertidísimo. Desde luego no mencioné el tema cuando le entrevisté en 2017.
Cuando finalmente vi El Testamento de Ann Lee, me dejé llevar por su fervor animal, sus secuencias de baño atronadoras y las emocionantes canciones del compositor Daniel Blumberg (himnos Shaker convertidos en verdaderos éxitos folclóricos). Seyfried es feroz en su interpretación de "Mother Ann", una mujer tan disgustada por el sexo que lo rehúye por completo y hace del celibato un componente central de su nueva secta religiosa. En lugar de sexo, ella y sus seguidores se entregan a bailes extáticos. Golpean sus pechos como tambores, se balancean como ramas al viento, su fe late como un corazón en sus cuerpos.
A pesar de algunos acentos mancunianos un poco extraños entre el reparto, el enfoque surrealista de Fastvold sobre la historia de Lee me resultó enormemente fascinante, aunque me hubiese gustado que algunos aspectos de su vida y religión se examinasen con más profundidad. Me alivió, sin embargo, que mi película, como había empezado a llamarla, fuese realmente buena, y que mi nombre no quedaría asociado para siempre a un fracaso. Por cada Inside Llewyn Davis, Erin Brockovich y El curioso caso de Benjamin Button, hay un John Carter o un Gigli no muy lejos.
Durante la Q&A, no pude evitar mirar mi nombre, plasmado en la pantalla detrás del reparto y el equipo en letras gigantes, el nombre que he estado escribiendo desde que pude sostener un bolígrafo. Era difícil no emocionarse al ver ese mismo nombre siendo celebrado a tan gran escala. Aunque la película trata de otra persona, el nombre sigue siendo mío.
Imagino que no hay muchos Donnie Darkos, Ferris Buellers o Forrest Gumps en el mundo, pero ¿y todos los Charlie Wilsons, Michael Claytons o Sarah Marshalls que hay por ahí? ¿Estuvieron tan emocionados como yo de que su nombre apareciera en un título de película? ¿O se burlaron de ellos por ello? ¿Tener el nombre Bridget Jones significa lidiar de por vida con bromas sobre bragas grandes, tus habilidades para escribir un diario y si eres del equipo Darcy o del equipo Cleaver?
Una persona que compartió cómo era compartir su nombre con una película fue John Wick, un hombre de negocios de Wisconsin que falleció el año pasado. Su nieto, el guionista Derek Kolstad, había nombrado al asesino a sueldo amante de los perros interpretado por Keanu Reeves en la serie de películas John Wick en honor a su abuelo. Wick le comentó a Wisconsin Life en 2024 que "ha sido muy divertido" tener una franquicia con su nombre, pero que nunca ha visto ninguna de las películas porque tenía problemas de audición.
El actor de Sinners, Michael B. Jordan, habló recientemente con Jesse Plemons, en uno de los vídeos de Actors on Actors de Variety, sobre cómo fue crecer con el mismo nombre que el superestrella del baloncesto, Michael Jordan. "Tu nombre es importante. Es cómo te presentas… y cómo el mundo te responde", dijo. "Pero cuando hay otro hombre por ahí que es el hombre, creo que creó un desafío saludable. De querer ser competitivo… De querer tu propia identidad de alguna manera… Yo quería ser excelente en algo, y no sabía en qué iba a ser… Solo quería ser grande en eso."
¿El compartir nombre con Lee, "la primera feminista estadounidense", como Fastvold la describió para el New Yorker, me impulsará a lograr cosas mayores? Solo el tiempo lo dirá. Lee quizás sea ahora la Ann Lee definitiva, pero aún tengo tiempo para forjar mi propio camino hacia la gloria. Creo que és una aspiración que ella habría aprobado.
The Testament of Ann Lee se estrena en los cines del Reino Unido el 20 de febrero.