Paul Adams
Corresponsal Diplomático
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Este mes, manifestantes han salido a las calles frente al consulado estadounidense en Nuuk, Groenlandia.
¿De qué ha tratado en realidad estas últimas dos semanas?
Tras una operación militar exitosa en Venezuela a principios de mes, un Donald Trump eufórico comenzó a subir el tono de su retórica sobre Groenlandia.
Día tras día, el mundo escuchó declaraciones de propiedad, amenazas de acción militar y la imposición de aranceles contra aliados tradicionales en Europa.
Ahora, tan rápido como apareció, todo parece haberse esfumado.
El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, considerado por muchos como el principal ‘domador’ de Trump, parece haber logrado calmarlo y bajarlo de su peligrosa obsesión.
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El terreno pudo haberse preparado la semana pasada durante una visita a Washington de los ministros de exteriores de Dinamarca y Groenlandia. La visita concluyó con un acuerdo para formar un “grupo de trabajo” que discuta el futuro de Groenlandia.
Pero Rutte aparenta haber manejado con destreza un asunto que amenazaba con fracturar la alianza del Atlántico Norte.
Todavía no conocemos los detalles del acuerdo, pero muchos se preguntarán por qué fue necesaria una crisis frenética de dos semanas para llegar a este punto.
Dinamarca ha dicho desde hace tiempo que estaría encantada de ver una mayor presencia militar estadounidense en Groenlandia.
Si la OTAN ahora se ha comprometido a aumentar su presencia en y alrededor de la isla, eso ayudará a convencer a Donald Trump de que la alianza finalmente está prestando la debida atención a Groenlandia.
The New York Times cita a funcionarios anónimos que dicen que una idea discutida es que Dinamarca ceda la soberanía de pequeñas áreas de Groenlandia donde EE.UU. construiría bases militares, similar al acuerdo por el cual el Reino Unido mantiene bases soberanas en Chipre.
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Trump dijo que el acuerdo incluiría acceso a los recursos minerales de Groenlandia.
Ni Dinamarca ni la OTAN han confirmado estos u otros informes.
La OTAN declaró que las discusiones se “centrarán en garantizar la seguridad ártica mediante esfuerzos colectivos, especialmente de los siete Aliados Árticos” (EE.UU., Canadá, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia) y apuntan a evitar que Rusia y China ganen una posición, económica o militar, en Groenlandia.
No pasará mucho tiempo antes de que conozcamos los detalles. Pero el hecho de que Donald Trump desencadenara dos semanas de gran drama y una sensación de crisis existencial en la OTAN para llegar aquí, no será fácilmente olvidado.
El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, lo llamó una “ruptura”, diciendo que el viejo orden “no va a volver”.
La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habló de un “cambio sísmico” y pidió una mayor independencia europea.
Es difícil imaginar un rápido regreso a la normalidad de antes.
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