Una vez que se retira la medicación, las señales de apetito suelen regresar. Crédito de la foto: MillaF/Shutterstock
Los investigadores médicos advierten que los pacientes que dejan de tomar fármacos para la pérdida de peso como Ozempic experimentan con frecuencia un efecto rebote, recuperando gran parte del peso perdido durante el tratamiento en cuestión de meses. Estos hallazgos, basados en datos de ensayos clínicos a gran escala, están impulsando un nuevo escrutinio sobre cómo se prescriben los agonistas del receptor del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1) y si deberían considerarse terapias a largo plazo en lugar de soluciones temporales.
Ozempic, que contiene semaglutida, fue desarrollado inicialmente para la diabetes tipo 2 antes de ser adoptado ampliamente para el tratamiento de la obesidad. Los ensayos clínicos han demostrado que el fármaco puede producir una pérdida de peso sustancial y mejorar marcadores metabólicos como los niveles de azúcar en sangre y colesterol. No obstante, la evidencia creciente indica que estos beneficios a menudo no se mantienen una vez que se suspende la medicación.
Lo que muestra la evidencia
El peso y los marcadores de salud tienden a volver a los niveles basales
Un importante metaanálisis publicado en The BMJ examinó 37 ensayos clínicos aleatorizados con más de 9.300 adultos tratados con agonistas del receptor GLP-1, incluidos semaglutida, liraglutida y tirzepatida. El análisis halló que, tras finalizar el tratamiento, los participantes recuperaron peso a un ritmo promedio de aproximadamente 0,4 kilogramos por mes, y la mayoría volvió a su peso previo al tratamiento en un plazo de 18 a 24 meses.
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El efecto rebote no se limitó al peso. Las mejoras en la presión arterial, el colesterol y el control glucémico también se redujeron tras la interrupción del tratamiento, volviendo a menudo a los niveles basales en un período similar. Los investigadores concluyeron que los fármacos no alteran permanentemente los sistemas de regulación del peso corporal, sino que únicamente suprimen el apetito y la ingesta calórica mientras están activos en el organismo.
Otras revisiones sistemáticas respaldan estas conclusiones. Un análisis señaló que los pacientes que suspendieron la semaglutida o el tirzepatida recuperaron un promedio de casi 10 kilogramos, mientras que aquellos que interrumpieron la liraglutida experimentaron una recuperación de peso menor pero aún significativa. El grado de rebote fue, en líneas generales, proporcional a la cantidad de peso perdido inicialmente.
Por qué se produce el efecto rebote
El cuerpo se resiste a la pérdida de peso a largo plazo
Los científicos explican el efecto rebote como una consecuencia de la adaptación biológica. Durante la pérdida de peso, el cuerpo incrementa las hormonas relacionadas con el hambre y reduce el gasto energético en un intento por restaurar su peso anterior. Los fármacos GLP-1 contrarrestan temporalmente estas señales al potenciar la sensación de saciedad y reducir el apetito.
Una vez que se retira la medicación, las señales de apetito suelen regresar, mientras que la tasa metabólica puede permanecer suprimida. Esta combinación crea condiciones que favorecen la recuperación del peso, especialmente si no se han establecido cambios conductuales a largo plazo. Los investigadores subrayan que esta respuesta refleja la naturaleza crónica de la obesidad, y no un fracaso de la fuerza de voluntad individual.
Los clínicos también observan que muchos pacientes pierden peso con relativamente poco esfuerzo consciente mientras toman fármacos GLP-1. Cuando finaliza el tratamiento, es posible que los individuos aún no hayan desarrollado patrones alimenticios sostenibles o rutinas de actividad capaces de mantener la pérdida de peso sin apoyo farmacológico.
Implicaciones para pacientes y sistemas sanitarios
Llamadas a tener expectativas realistas y planificación a largo plazo
El creciente cuerpo de evidencia está reformulando la manera en que los clínicos hablan de los fármacos GLP-1 con los pacientes. Muchos especialistas ahora enfatizan que estos medicamentos deben verse como herramientas de gestión del peso, en lugar de curas puntuales. Algunos los comparan con los tratamientos para afecciones crónicas como la hipertensión, donde a menudo se requiere un uso prolongado o continuado.
Las guías médicas destacan cada vez más la importancia de combinar el tratamiento farmacológico con apoyo estructurado en el estilo de vida y la conducta desde el principio. La educación nutricional, los programas de actividad física y el apoyo psicológico se consideran componentes esenciales si se quiere que la pérdida de peso se mantenga tras la retirada de la medicación.
También se discute cada vez más cómo debería suspenderse el tratamiento. Aunque el cese abrupto es común, algunos clínicos sugieren que una reducción gradual de la dosis podría ayudar a limitar la recuperación de peso, aunque la evidencia clínica sólida sobre las estrategias óptimas de discontinuación sigue siendo limitada.
Puntos clave para los pacientes
Lo que la investigación actual muestra consistentemente
Dos párrafos antes de la conclusión, los expertos destacan varios hallazgos consistentes que emergen de los datos:
La mayoría de los pacientes experimenta una recuperación significativa de peso tras suspender los fármacos GLP-1.
Las mejoras en la salud logradas durante el tratamiento a menudo se revierten junto con el peso.
El efecto rebote refleja una adaptación biológica, no un fracaso personal.
El éxito a largo plazo depende del apoyo continuo, no solo de la medicación.
Los investigadores subrayan que la transparencia sobre estos resultados es esencial para que los pacientes puedan tomar decisiones informadas sobre iniciar, continuar o suspender el tratamiento.
Conclusión
Fármacos eficaces, pero no una solución única
El efecto rebote asociado a Ozempic y fármacos similares nos muestra la complejidad del tratamiento de la obesidad. Si bien los agonistas del receptor GLP-1 siguen siendo altamente eficaces para producir pérdida de peso a corto plazo y mejorar la salud metabólica, la evidencia actual demuestra que estos beneficios se pierden con frecuencia una vez que finaliza el tratamiento. A medida que las tasas de prescripción continúan en aumento, los expertos argumentan que las expectativas realistas, la planificación a largo plazo y los modelos de atención integrada serán cruciales para garantizar que estos potentes medicamentos aporten beneficios de salud duraderos, y no un cambio temporal.