Una noticia alentadora para los residentes del área del Mar Menor: las autoridades locales confirmaron el martes, 21 de octubre, que el agua del grifo en San Javier, San Pedro del Pinatar y Los Alcázares vuelve a ser plenamente segura para todo uso, incluido el consumo humano y la preparación de alimentos.
Los Ayuntamientos emitieron un comunicado oficial en la mañana del 21 de octubre, anunciando que los últimos análisis demuestran que el agua municipal es apta para el consumo. A las 20:00 horas del mismo día, se desmantelaron los puntos de agua de emergencia y se suspendieron las entregas a domicilio para residentes vulnerables, aunque las oficinas de asistencia permanecieron operativas para quien aún necesitara ayuda.
A continuación, se relata pormenorizadamente lo acontecido, cómo afrontó la comunidad la situación y las labores realizadas por las empresas suministradoras y los consistorios para restablecer la normalidad tras la tormenta.
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El origen de la crisis: la DANA Alice, 10 de octubre
La perturbación comenzó con la DANA Alice, que impactó en la Región de Murcia el viernes 10 de octubre: lluvias torrenciales e inundaciones repentinas arrasaron el Campo de Cartagena. Las aguas de la riada penetraron en sectores de la red hídrica regional y en embalses, arrastrando lodo y sedimentos a los canales de distribución y afectando gravemente a la calidad del agua.
Debido al riesgo para la salud pública, los técnicos y las autoridades sanitarias decretaron cortes preventivos del suministro: en algunos barrios no hubo agua corriente durante un tiempo, mientras que en otros el servicio se restableció brevemente de forma muy restringida, pero resultó inadmisible para la mayoría de los usos.
DANA Alice impacta en Murcia Crédito: Instagram Murcia Secreta
La primera interrupción deja hogares sin agua
En los días inmediatamente posteriores al temporal, la situación para muchas familias se transformó con celeridad. Inicialmente, algunas zonas se quedaron completamente desabastecidas. Donde había algún suministro, este a menudo presentaba tal grado de contaminación y tan bajo nivel de cloro que solo podía emplearse para tareas muy básicas, como descargar inodoros o fregar suelos. Su uso para el aseo personal, la higiene o la ingesta estaba terminantemente prohibido.
Posteriormente, el suministro volvió a cortarse. En la mayoría de las localidades, este segundo corte se prolongó unas 36 horas; en algunos barrios, incluso más. Ese período, en plena crisis, resultó el más arduo para numerosos hogares: carencia total de agua corriente, acceso limitado a agua embotellada y servicios interrumpidos para comercios, colegios y algunos centros de salud.
La intervención de los ayuntamientos: puntos de agua, duchas y asistencia práctica
Desde el primer momento, los consistorios locales desempeñaron una función crucial para paliar la situación:
Puntos de distribución y camiones cisterna. San Pedro del Pinatar habilitó múltiples puntos de reparto, incluyendo el Recinto Ferial, la explanada de Lo Pagán y puntos permanentes en El Mojón, mientras que Los Alcázares situó depósitos en las inmediaciones del Ayuntamiento y en la Plaza Miguel de Cervantes. San Javier estableció puntos de distribución en Santiago de la Ribera, El Mirador, Roda y La Manga del Mar Menor. Estos puntos suministraban agua embotellada y, cuando era pertinente, agua no potable.
Reparto a domicilio para residentes vulnerables. Los ayuntamientos organizaron el reparto domiciliario de agua para residentes de avanzada edad o con movilidad reducida hasta que se declaró la potabilidad del suministro.
Duchas e instalaciones higiénicas. Donde las personas no podían asearse en sus hogares, se abrieron al público polideportivos en localidades vecinas no afectadas e instalaciones municipales para que pudieran ducharse. En algunas poblaciones, los servicios de emergencia derivaron a la ciudadanía hacia centros cercanos que disponían de estas facilidades.
Puntos de información y reclamaciones. Los consistorios abrieron oficinas de atención al ciudadano y habilitaron trámites telemáticos para presentar reclamaciones derivadas del corte. Por ejemplo, San Javier y San Pedro proporcionaron formularios en línea (que requerían presentación con certificado digital) y mostradores de atención presencial para quienes carecían de identificación digital, operando generalmente en horario de mañana entre semana para que los residentes pudieran registrar quejas o solicitar ayuda.
Coordinación con comercios y Protección Civil. Los municipios colaboraron con supermercados para garantizar el suministro de agua embotellada, y los equipos de Protección Civil auxiliaron en la distribución de agua y asistieron a residentes vulnerables (San Pedro facilitó los contactos locales de Protección Civil para necesidades urgentes).
Estas medidas fueron decisivas para mitigar las dificultades inmediatas y mantener el flujo de suministros hacia los más vulnerables.
Contaminación del agua en la Costa Cálida Imagen: Ayuntamiento de San Pedro
Limpieza, análisis y restablecimiento paulatino
La Mancomunidad de los Canales del Taibilla (MCT) lideró la respuesta técnica en la red. Los equipos trabajaron contrarreloj para limpiar, desinfectar y analizar los canales afectados. Los ingenieros describieron condiciones laborales complejas, canales angostos, niveles bajos de oxígeno y la presencia de cloro en áreas confinadas, no obstante el programa de limpieza continuó sin interrupción hasta que los resultados de laboratorio alcanzaron los parámetros exigidos.
Las primeras pruebas revelaron una elevada turbidez (lodo y sedimentos) y niveles residuales de cloro insuficientes tras la entrada de agua contaminada. Es significativo destacar que los múltiples análisis no detectaron bacterias nocivas como *E. coli* o enterococos, lo que redujo la probabilidad de que aguas fecales hubieran penetrado en el sistema. Aun así, según la normativa española de seguridad hídrica, los niveles de turbidez y cloro impedían declarar el agua como potable hasta que los resultados se situaran consistentemente dentro de los límites legales.
Recuperación gradual del suministro
Para el domingo, 19 de octubre, la red había sido limpiada hasta el punto de que las autoridades permitieron nuevamente el uso del agua para ducharse e higiene general. Dicho anuncio produjo un oleada de alivio; en las redes sociales y conversaciones locales se bromeaba sobre la “fiebre de la ducha” mientras la gente hacía cola para asearse tras días de restricciones.
La limpieza y el monitoreo continuaron durante las siguientes 48 horas. El martes 21 de octubre, tras la última batería de pruebas, las autoridades sanitarias autorizaron el uso completo del suministro municipal: beber, cocinar, bañarse y todos los usos domésticos volvieron a declararse seguros.
Qué supone esto ahora
Con los grifos funcionando con normalidad nuevamente, las familias, comercios, colegios y centros de salud pueden retomar sus rutinas cotidianas. Los puntos de atención al ciudadano y los portales en línea siguen disponibles para cualquiera que aún tenga problemas derivados de la interrupción, reclamaciones, informes de daños o consultas sobre la respuesta institucional.
Los últimos once días han evidenciado hasta qué punto la vida diaria depende de un suministro estable de agua y la celeridad con la que se alteran las rutinas cuando este desaparece. También han puesto de manifiesto el valor tangible de la actuación de las administraciones locales: los centros de distribución, los repartos a domicilio, las instalaciones de ducha y la información clara ayudaron a numerosos hogares a superar un tramo difícil.
Las autoridades afirman que la vigilancia continúa para reducir el riesgo de que se repitan incidencias, y los residentes, tras una semana y media de zozobra, retoman por fin la normalidad.