En los márgenes de un importante evento de seguridad en Baviera, los ministros de asuntos exteriores de Francia y Alemania reactivaron un formato diplomático con China que estaba inactivo. Esta acción se describe como parte de un esfuerzo mayor para evitar que las superpotencias mundiales dividan a Europa.
El francés Jean-Noel Barrot y el alemán Johann Wadephul recibieron al chino Wang Yi en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Con esto, revivieron una configuración que no se veía desde la época del primer mandato del presidente francés Emmanuel Macron.
“Si no nos mantenemos unidos, estamos perdidos”, dijo un funcionario, explicando la decisión. Y añadió: “Ellos miran qué país tiene qué sector, ya sea el coñac francés o los coches alemanes, y les resulta muy fácil dividirnos. Debemos detener esto y comenzar a pensarlo juntos”.
Este pequeño gesto diplomático fue representativo de una idea que circuló durante el primer día de la principal reunión de seguridad europea. Los líderes europeos criticaron el cambio político en EE.UU. bajo Donald Trump y la firmeza de China bajo Xi Jinping, para argumentar a favor de una independencia continental.
El canciller alemán Friedrich Merz declaró: “China quiere ser líder en la configuración del mundo, y ha preparado el terreno durante muchos años. Con paciencia estratégica en el futuro previsible, Pekín podría estar a la par de Estados Unidos en términos militares”. Acusó a Beijing de “redefinir el orden internacional a su favor”.