¿Podrían el conflicto en Oriente Medio y la respuesta ambivalente de la Unión Europea ante las acciones y amenazas de Donald Trump constituir un punto de inflexión? El Presidente del Gobierno de España ha puesto realmente el pie en el muro al denegar el uso de las bases españolas a los Estados Unidos para lanzar ataques. Trump ha replicado con amenazas de suspender el comercio bilateral, pero Sánchez no ha cedido y, paulatinamente, otros estados de la UE han respaldado a España, unos con mayor firmeza que otros.
Sánchez siempre ha sido partidario del proyecto europeo, aunque llevaba años lamentando que no funcionase tan eficazmente como sería deseable. Esta semana advirtió que “los valores de Europa no deben cambiar”, en respuesta a declaraciones de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, tras la escalada del conflicto bélico en Oriente Medio. “El mundo de ayer era un mundo sin normas”, afirmó, asegurando que el “desorden internacional” condujo a Europa a “dos guerras mundiales”.
El Presidente del Gobierno también ha percibido una “oleada de orgullo de ser español”, tanto dentro como fuer del país, tras el “no a la guerra” del gobierno. Quizás Sánchez haya finalmente señalado el camino hacia una Unión Europea más unida y cohesionada que sirva mejor a sus ciudadanos.