Una cola de pasajeros se aglomera en el control de pasaportes, un reflejo palpable de cómo las normas de viaje post-Brexit afectan a los ciudadanos británicos que visitan Europa.
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Para millones de británicos que pasan temporadas en España, Francia u otras partes de Europa, la norma de los 90 días en cualquier periodo de 180 se ha erigido en una de las realidades más frustrantes de la era posterior al Brexit. Ahora, algunos diputados del Reino Unido presionan al Gobierno para que aborde el asunto, arguyendo que esta restricción sigue generando problemas a quienes residen, trabajan o viajan con frecuencia dentro de la UE.
La norma en sí no ha cambiado: los titulares de pasaporte británico aún pueden viajar sin visado al espacio Schengen hasta 90 días dentro de cualquier periodo de 180. No obstante, la presión política en Westminster va en aumento. Diputados de distintos partidos sostienen que la situación actual crea complicaciones innecesarias para expatriados, propietarios de segundas residencias y empresas con actividad transfronteriza.
Para las numerosas comunidades británicas asentadas en países como España, Francia, Portugal e Italia, este debate se sigue con especial atención.
Por qué la norma 90/180 sigue siendo un problema crucial para los británicos en el extranjero
Antes del Brexit, los ciudadanos británicos podían circular libremente por Europa, permaneciendo en los países de la UE tanto tiempo como deseasen. Esto cambió en 2021, cuando el Reino Unido abandonó el sistema de libre circulación de la Unión.
Desde entonces, los nacionales del Reino Unido que visitan la zona Schengen —que incluye la mayoría de los países de la UE, como España, Francia, Alemania e Italia— pueden permanecer hasta 90 días dentro de cualquier periodo de 180 sin necesidad de visado.
Para muchos viajeros, esto no supone un gran inconveniente. Sin embargo, para quienes solían pasar largas temporadas en Europa —especialmente jubilados, teletrabajadores y propietarios de segundas residencias—, el impacto ha sido considerable. Por ejemplo, alguien con una vivienda en España ahora solo podría permanecer tres meses consecutivos, a menos que solicite una residencia o un visado de larga duración.
También ha complicado la vida de quienes distribuyen su año entre distintos países o viajan frecuentemente por motivos laborales.
La situación se ha vuelto aún más delicada con la introducción por parte de la Unión Europea de controles fronterizos automatizados, como el Sistema de Entrada/Salida (EES), que rastreará digitalmente la duración de la estancia de los viajeros extracomunitarios en el espacio Schengen. Con estos sistemas, las autoridades detectarán con mucha mayor facilidad cualquier superación del límite de 90 días.
Diputados afirman que los británicos en el extranjero fueron ignorados tras el Brexit
Algunos políticos británicos consideran que estas restricciones de viaje ponen de manifiesto un problema más amplio: las necesidades de los ciudadanos británicos que viven en el extranjero no se tuvieron suficientemente en cuenta durante las negociaciones del Brexit.
Los Liberal Democrats han sido especialmente vocales en este tema. Sus representantes han argumentado en repetidas ocasiones que millones de británicos que trabajan o residen fuera del país fueron ampliamente ignorados cuando se finalizó el acuerdo de retirada.
Helen Morgan, diputada liberal-demócrata por North Shropshire, ha declarado que su partido desea que el Gobierno adopte un enfoque más proactivo para reparar las relaciones con Europa y solucionar los problemas derivados del Brexit, incluida la norma de los 90 días.
Según Morgan, esta regla ha creado dificultades no solo a nivel individual, sino también para empresas exportadoras y profesionales que viajan con frecuencia entre el Reino Unido y los países de la UE.
El apoyo de diputados laboristas incrementa la presión
La preocupación por esta norma no se limita a un solo partido político.
La diputada laborista Mary Foy, que representa a Durham, también ha criticado la situación, describiendo la restricción 90/180 como una de las muchas consecuencias negativas del acuerdo del Brexit suscrito por el anterior gobierno conservador.
Foy ha afirmado que el acuerdo no protegió debidamente los intereses de los ciudadanos británicos que viven o trabajan a ambos lados de las fronteras europeas.
Aunque existe una preocupación transversal por su impacto, modificar la norma dista mucho de ser sencillo. El límite de 90 días no es una regla especial creada específicamente para el Reino Unido; es una política estándar aplicada a visitantes de muchos países extracomunitarios que ingresan en el espacio Schengen.
Esto implica que el gobierno británico no puede modificarla unilateralmente. Cualquier cambio sustancial requeriría una negociación y un acuerdo con la Unión Europea, lo que añade una gran complejidad política al asunto.
Qué significa esto para los expatriados británicos residentes en España
Para los británicos que son residentes oficiales en España, la norma generalmente no se aplica del mismo modo. Los residentes que poseen la tarjeta TIE pueden vivir legalmente en España y circular libremente mientras su residencia siga vigente.
No obstante, la situación es diferente para quienes no son residentes pero pasan largas temporadas en España, como propietarios de segundas residencias o visitantes de larga duración. Estos deben seguir respetando el límite de 90 días en el espacio Schengen, a menos que obtengan un visado o un permiso de residencia.
Esto ha llevado a muchas personas a replantearse cómo distribuyen su tiempo entre el Reino Unido y España, y, en algunos casos, las ha impulsado a solicitar visados no lucrativos o permisos de residencia para poder permanecer más tiempo.
De momento, la norma permanece inalterada
A pesar del creciente debate político en Londres, la realidad para los viajeros sigue siendo la misma.
El Ministerio de Asuntos Exteriores británico sigue recordando a los ciudadanos que pueden visitar los países Schengen —incluida España— hasta 90 días en cualquier periodo de 180 sin visado. Esto aplica para turismo, visitas a familiares o amigos, asistencia a eventos, reuniones de negocios o estudios de corta duración.
Quien exceda este límite se arriesga a consecuencias graves, incluida la posibilidad de una prohibición de entrada a los países Schengen de hasta tres años.
Por ahora, los diputados que plantean el tema en el Parlamento simplemente intentan mantener viva la conversación. Si esta presión desembocará finalmente en negociaciones con la UE es aún incierto. Pero para los millones de británicos que viven, trabajan o pasan temporadas en Europa, el futuro de la norma de los 90 días dista mucho de estar zanjado.