La colección otoñal 2026 de Louise Trotter para Bottega Veneta: una oda a la artesanía

Louise Trotter quizás venga de la tierra de la llovizna y los abrigos prácticos, pero no lo notarías al verla establecerse en Milán. Casi un año después de asumir el cargo principal en Bottega Veneta, la diseñadora británica ya parece dominar el lenguaje favorito de la casa: la artesanía meticulosa. Tras bastidores, Trotter presentó la dicotomía clásica milanesa como su punto de partida: el brutalismo y la sensualidad. En otras palabras, arquitectura severa y las mujeres imposiblemente elegantes que pasan frente a ella.

@newbottega via Instagram

“Esta es una temporada de estructuras, suavizadas. Un estudio de la intimidad tanto como de la protección. La forma en que una fachada austera oculta la belleza interior. Hay una curva pensada aplicada a los arquetipos de ropa diaria, reinventados como propios. Una conexión cercana entra la prenda y la persona que la lleva. Líneas precisas dan paso a gestos de extravagancia. Una conversación entre géneros, y también generaciones. Un toque de floral nostálgico. El bolso multifunción de la nonna. El zapato gastado del padre. En la ópera, el teatro y en el escenario público de la plaza, los milaneses se visten para su comunidad tanto como para sí mismos. Hay un sentimiento de orgullo al vestirse con confianza y cuidado… Esta colección está dedicada a la expresión de lo colectivo: la maravillosa colaboración entre el corazón, la mente y la mano”, continuaban diciendo las notas de la colección.

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Una vez que todos se hubieron acomodado en el Palazzo San Fedele, sede de la marca, el desfile comenzó con un inicio tranquilo. Los primeros looks que desfilaron por la pasarela eran casi escultóricos, trajes y todo. Pero como todos llevan esa pequeña etiqueta de Bottega Veneta en la espalda, vinieron con hombros más redondeados, mientras que algunas siluetas se inflaban. Las faldas envolventes se sujetaban con cinturones de cuero, los abrigos eran de croc mate, y el cuadro escocés se componía de tiras de cuero tejido. Los cuellos asomaban de manera juguetona, algunos abrigos tenían el tejido Intrecciato característico de la casa, mientras que en otros, un cuello de camisa marcadamente triangular escapaba casualmente de la capa inferior, solo por un lado. Luego vinieron los colores y texturas. Rojos, amarillos, azules, abrigos de cuero microplisado, vestidos de peluche alto, hilos de seda que recordaban al shearling rizado y, por supuesto, el amado fibra de vidrio hizo su regreso, rozando casi el suelo. Para cuando la última prenda recorrió la pasarela, casi olvidabas en qué lado de Milán estabas.

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