“Yo sabía que abrí la puerta un poco para las mujeres,” dice Sabrina Wittmann, la primera mujer a cargo de un equipo de hombres en las tres mejores divisiones de Alemania cuando fue nombrada entrenadora del Ingolstadt en 2024. “Tenía miedo de cerrar la puerta, la verdad.”
Esa confesión muestra la gran responsabilidad que esta joven debió sentir cuando los medios del país llegaron a la ciudad para cubrir esta curiosidad. “Había tantas cámaras y periodistas,” recuerda ella. “Eso era algo nuevo en Ingolstadt.”
Dentro del club, la decisión de elegir a Wittmann como nueva entrenadora interina esa primavera parecía la opción natural. Ella ya había entrenado al equipo sub-17, al sub-19, y era la directora de desarrollo en el club de tercera división en ese momento.
Una final de liga invicta junto con la victoria en la Copa de Baviera convencieron al Ingolstadt de nombrar a Wittmann entrenadora permanente ese verano. Casi dos años después, ella sigue allí, recién firmar una extensión de contrato.
Parece un buen momento para reflexionar sobre lo que ha aprendido. “Tengo mucha suerte porque aquí hay gente que nunca me vió solo como una mujer. Eso probablemente no es tan común. Y nunca tuve problemas con los jugadores,” dice.
“Cuando era más joven, pensaba que todo era sobre el fútbol, pero mientras crecía como entrenadora, me di cuenta que es más sobre manejar personas que otra cosa. Son seres humanos. No son solo futbolistas, son padres, tienen hijos.”
Algunas preguntas ya son familiares. ¿Cómo la han recibido sus colegas en la banda? “Ocho de cada diez son muy simpáticos conmigo.” ¿La diferencia entre entrenar hombres y mujeres? “Las mujeres probablemente tienen más paciencia con el análisis de video.”
Para Wittmann, de 34 años, existe un equilibrio constante entre reconocer la responsabilidad de su papel como embajadora para las mujeres en el fútbol masculino y solo querer ser juzgada con los mismos criterios que los otros entrenadores.
“Está bien que yo sea la primera mujer y estoy muy orgullosa, pero al final del día quiero ser una buena entrenadora,” dice. “He recibido cosas negativas en las redes sociales, incluso en los estadios, gente gritándome. Pero no es nada. No me concentro en eso.”
Preguntada por sus influencias, Wittmann nombra a Jurgen Klopp por su liderazgo emocional y a Pep Guardiola por su atención al detalle, incluso habla de intentar mezclar a Julian Nagelsmann y Thomas Tuchel. Pero ella quiere encontrar su propio camino.
“Me encanta el fútbol intenso, con y sin balón. La posesión del balón es importante, pero también es muy importante presionar alto y recuperar el balón rápido. También debemos tener una estructura para defender nuestra portería. Pero es muy importante tener mi propio estilo.”
Interesantemente, las palabras de su padre todavía resuenan. “Él me dijo que la fuerza de una mujer es algo que no debo perder, porque los hombres, ellos, no les encanta, pero lo conocen por su madre, su hermana. Así que trato de ser natural y eso funciona.”
Ella añade: “No necesito ser extra dura ni nada. Solo ser auténtica. No necesitas ser más dura solo porque eres mujer. Si una mujer intenta ser un hombre, probablemente no es natural, ¿entiendes? Entonces, yo probablemente soy más suave que un hombre.”
Ayuda que pueda respaldarlo con hechos. El viaje futbolístico de Wittmann comenzó a los 14 años, cuando fue descubierta en vacaciones por la leyenda alemana Miroslav Klose, quien animó a sus padres a ayudarle. Empezó a entrenar como estudiante de intercambio en Kentucky.
“Simplemente me enamoré de este trabajo.” Subiendo desde entrenar a los sub-10 del Ingolstadt, Wittmann completó su Licencia Pro de la UEFA en enero. “Eso era realmente un objetivo de vida, un gran sueño.”
Significa que puedes entrenar a cualquier equipo del mundo.
La entrenadora del Ingolstadt, Wittmann, acaba de renovar su contrato.
Wittmann habla de ser “una personalidad fuerte” y de estar acostumbrada a ser la única mujer en la sala. “Como entrenadora, crecí solo con hombres, estoy muy acostumbrada.” Dice que ha tenido que ser “muy buena para ser aceptada” y tú le crees.
A pesar de su edad relativamente joven, ella trae otras experiencias al puesto. Un aprendizaje en Audi. “Aprender a trabajar en una organización te ayuda a organizarte a ti misma.” También estudió derecho. “Porque no pensaba que trabajaría en el fútbol.”
Una trabajadora incansable, agradece a la Licencia Pro que le ayudó a trabajar en sí misma. “Nadie nunca habló conmigo sobre cómo gestionarme mejor.” Pero ahora ya piensa en su próximo objetivo profesional. “Me encantaría ascender en los próximos dos años.”
El Ingolstadt estuvo en la Bundesliga hasta el 2017, una gran historia en sí misma al ascender con Ralph Hasenhüttl. “Yo estaba en el estadio. Fueron grandes tiempos.” Pero no se trata de copiar. “No es solo copiar y pegar. No quiero ser Ralph Hasenhüttl.”
Después de estabilizar al club con puestos en la mitad de la tabla en la tercera división, el Ingolstadt busca un nuevo camino. “Se trata de construir algo. Perdimos 19 jugadores la temporada pasada. No de forma triste. Desarrollamos jugadores que subieron a la segunda división o incluso a la primera.”
Wittmann conserva el instinto de una entrenadora de jóvenes. “Cuanto mejor es el jugador, mejor es el equipo,” dice. “Esa es la razón por la que renové mi contrato, porque creo que hicimos un buen trabajo en los últimos dos años, aunque no ascendimos. Necesitamos construir.”
Cómo se desarrolla su propia carrera desde aquí es algo que fascina a gente mucho más allá de esta ciudad de Baviera, y ella lo sabe. Es una pregunta incómoda pero necesaria. El Ingolstadt estuvo convencido, pero ¿dónde está la evidencia de que otros clubes confiarán en ella?
A pesar del revuelo por su avance y de hablar de romper barreras, de Wittmann abriendo camino, la espera por el siguiente nombramiento continúa. Ella sigue siendo la única. “Al final depende de quienes toman las decisiones,” admite.
“Tengo mucha suerte de tener a Didi Beiersdorfer y a Ivo Grlic, que me pusieron en este puesto hace dos años. De los 36 que toman decisiones en la primera y segunda división, probablemente sea difícil encontrar a uno o dos más que tomarán esas decisiones.”
Añade: “Hay una diferencia entre hablar conmigo, decirme que hago un buen trabajo, y tomar una decisión. Pero no fue la razón por la que renové mi contrato porque tema no poder entrenar en otro lado. Creo que va a pasar.”
“Un día probablemente pasará que tenga que irme de aquí. Ojalá sea porque puedo entrenar a un equipo de más alto nivel. Pienso que en cinco años, diez años, lo que sea, las cosas cambiarán, no solo para mí sino para cada mujer que quiera ser entrenadora.”