Reseña de Poképica: criaturas coleccionables forjan su mundo ideal

Tengan paciencia conmigo: Pokémon siempre ha tenido un mensaje ambientalista oculto. Mientras exploras sus mundos verdes y llenos de criaturas, coleccionando especies como un David Attenborough, constantemente se te muestra que las personas y los Pokémon deben vivir en harmonía. Los malos en estas historias, desde el Team Rocket hasta Bill Nighy en la película de Detective Pikachu, siempre son los que quieren abusar de estas criaturas para beneficio propio. Por otro lado, se te enseña que la gente debe respetar a los Pokémon; tanto a los que atrapas como a los que viven en la naturaleza. Existe una delicada interdependencia entre los humanos y el mundo natural.

En este nuevo spin-off de la saga, vemos que pasa cuando no hay humanos alrededor. Tú, una masa de gelatina que cambia de forma llamada Ditto, despiertas en un páramo medio demolido que una vez fue, presumiblemente, un pueblo lleno de vida. Hay otros Pokémon alrededor, confundidos y solitarios, y juntos trabajan para restaurar el lugar y volverlo hermoso. Tomando la forma humanoide medio recordada de tu antiguo entrenador, aprendes talentos útiles de los Pokémon a tu alrededor: cómo regar el pasto seco, desenterrar malas hierbas y cultivar flores, golpear rocas hasta que se deshacen para despejar los caminos.

El trabajo es relajante y metódico: similar a Minecraft, el mundo de Pokopia está hecho de bloques que puedes destruir y reorganizar, dándole forma al paisaje según tus deseos. Restaura sus hábitats y aparecerán nuevos Pokémon, trayendo habilidades frescas con ellos. Algunos prefieren la hierba a la sombra de una roca; otros una mesa de picnic con un plato tentador de fruta; otros, un carrito lleno de cajas. El ritmo es pausado, pero siempre hay algo que hacer. Es una interesante fusión entre la decoración y socialización tranquila al estilo Animal Crossing, y las tareas ocupadas de construir un pueblo.

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Siempre hay algo que hacer … Pokémon Pokopia. Fotografía: Nintendo

Me pareció muy encantador como los Pokémon hablan entre ellos. (Normalmente, como humanos, no podemos entender lo que dicen.) Se notan personalidades diferentes: Charizard es, quizás no sorprende, un compadre enorme; Vespiquen es educada y un toque regia; Pidgey está sinceramente feliz de estar allí; Tangrowth, una maraña de lianas amigable y profesoral, te guía en tus tareas diarias. Mejorar sus casas y hábitats hace a cada criatura más feliz, hasta que tienes un colectivo encantador viviendo juntos en una arboleda atractiva y bien decorada. Cuando desentierras un artefacto humano – una bicicleta, tal vez, o un mapa – todos se juntan para adivinar, torpemente, para qué podría haber servido.

Recordé muchos otros juegos mientras jugaba Pokopia. Además de las influencias obvias de Minecraft, Stardew Valley y Animal Crossing – y Dragon Quest Builders, con el que comparte desarrollador en Omega Force – también pensé en Viva Piñata, un título infravalorado del 2006 en el que también creas hábitats tentadores para atraer criaturas a tu jardín. Pero no pensaba a menudo en los otros juegos de Pokémon. Pokopia no se parece en nada a ellos, y sinceramente esa es una gran fortaleza. Se beneficia de la ternura, el encanto y las asociaciones nostálgicas de Pokémon, pero no sufre de la sobreexposición.

Pokopia resulta ser enorme e inesperadamente complejo. Según se abrían nuevas zonas más allá de ese primer páramo, me di cuenta de que este juego probablemente me ocuparía tanto tiempo como yo quisiera. (Con 300 Pokémon para catalogar, el final de la historia no tiene por qué ser el final del juego.) Esto no es una simplificación del género de simulación de vida pintada con temática Poké y apta para niños, sino más bien una lograda celebración del mismo, tomando prestado lo mejor de sus muchas influencias.

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