Síndrome de Fatiga Crónica: Su Vinculación con el Metabolismo Energético y la Disfunción Inmunitaria

Los estadounidenses reportan altas tasas de fatiga crónica, pero la encefalomielitis miálgica (EM), también denominada síndrome de fatiga crónica (SFC), constituye una enfermedad distinta y clínicamente definida que afecta a un subgrupo reducido de la población, y no un diagnóstico que explique el cansancio generalizado. Aproximadamente dos millones de personas padecen actualmente EM/SFC, condición caracterizada por una fatiga abrumadora que no mejora con el descanso, además de malestar post-esfuerzo, sueño no reparador, dolor y problemas cognitivos, como la nebulosidad mental.1

La causa exacta de la EM/SFC sigue sin conocerse. Las investigaciones sugieren que la afección puede surgir tras ciertos desencadenantes, como infecciones víricas agudas o estrés físico o psicológico severo, pero no se ha identificado una causa única. En los últimos años, varios estudios han reportado anomalías en la función mitocondrial y el metabolismo energético en personas con EM/SFC, lo que apunta a un posible papel de la disrupción en la producción de ATP.

Las Células Inmunitarias Muestran Claros Signos de Sobrecarga Energética

Un estudio publicado en Cell Reports Medicine examinó cómo la EM/SFC está vinculada a un fallo en la producción de energía celular. Para el análisis, los investigadores observaron diversos biomarcadores, incluyendo el metabolismo de células inmunitarias, su composición y el perfil sanguíneo.2

La población del estudio incluyó a 61 individuos que cumplían criterios diagnósticos estrictos para EM/SFC, es decir, presentaban fatiga persistente, colapsos profundos tras el esfuerzo físico o mental, sueño no reparador y problemas cognitivos.

  • Existe un desequilibrio en el ATP — El estudio halló que el adenosín monofosfato (AMP) y el adenosín difosfato (ADP) —dos formas de moléculas energéticas que aumentan cuando la célula agota el adenosín trifosfato (ATP)— estaban elevados en pacientes con EM/SFC. Para ponerlo en perspectiva, el ATP es el formato energético ideal del cuerpo, mientras que el ADP y el AMP son sustratos para su síntesis. Si el cuerpo comienza a utilizarlos, la energía empleada es de calidad inferior.
  • Una teoría sobre cómo se compromete la producción energética celular — Los investigadores creen que las personas con EM/SFC tienen dificultades para generar energía suficiente debido a un obstáculo en la cadena de producción. Aunque sus hallazgos no son lo suficientemente sólidos para proponer una conclusión definitiva, esta es su teoría:3

    “Los niveles elevados de NAD+ [nicotinamida adenina dinucleótido] observados en las CMSP [células mononucleares de sangre periférica], junto con el aumento de AMP y ADP, sugieren que el NAD+ no se está reduciendo eficientemente a NADH [nicotinamida adenina dinucleótido + hidrógeno] para impulsar la síntesis de ATP mediante la fosforilación oxidativa.

    Esta reducción comprometida del NAD+ a NADH también podría ayudar a explicar la correlación inversa observada entre los niveles plasmáticos de AMP y los niveles de ATP en CMSP, aunque este hallazgo requiere más estudio.”

  • Otro hallazgo clave involucró a las células natural killer (NK) — Los investigadores también descubrieron cambios en el balance de los tipos de células inmunitarias, incluyendo una reducción en ciertas células dendríticas maduras y células NK terminales. Estas normalmente ayudan a coordinar las respuestas inmunes y actúan como primera línea de defensa.

    Cuando la población de células NK disminuye, el sistema inmunitario pierde agilidad y capacidad de respuesta. Esto significa que la fatiga que se siente no solo se trata de una pérdida de energía; su sistema inmune adopta un patrón que refleja un estado de preparación reducido.

  • Los análisis de sangre ofrecen un panorama más completo — El equipo reportó niveles más altos de proteínas asociadas a la formación de trombos y una reactividad vascular alterada en el grupo con EM/SFC. Para contextualizar, un trombo es un coágulo sanguíneo, y la reactividad vascular refleja cómo responden los vasos sanguíneos a las señales que regulan su constricción y relajación.

    Cuando aumentan estos niveles de proteínas, sugiere que el revestimiento de los vasos sanguíneos está bajo tensión, lo que altera la circulación saludable. Para alguien con EM/SFC, esto podría traducirse en una pobre oxigenación, mareos al ponerse de pie y extremidades frías.

  • El estudio destacó dónde aparecieron los mayores desequilibrios metabólicos — Los individuos con las proporciones ATP/ADP más alteradas tendían a mostrar distorsiones mayores en la composición de células inmunitarias. Esto sugiere un vínculo entre el agotamiento energético y el agotamiento inmunitario. Si al sistema inmunitario le falta energía, sus células pierden la capacidad de madurar adecuadamente o realizar sus tareas defensivas normales.

    Además, los cambios en las proteínas vasculares se alinearon estrechamente con el desequilibrio energético. Cuando la energía celular cae, la función de los vasos sanguíneos se resiente. Cuando esto ocurre, se ve afectada la entrega de nutrientes y oxígeno. Esto crea un círculo vicioso que deja a todo el cuerpo con un rendimiento inferior.

  • Los mecanismos biológicos tras estos hallazgos se remontan a la producción alterada de ATP — Normalmente, las mitocondrias generan ATP mediante la fosforilación oxidativa, un proceso que depende del oxígeno, los nutrientes y una maquinaria celular intacta.

    Cuando el ATP disminuye y el ADP o AMP aumentan, la célula entra en un estado de estrés metabólico. En este punto, la célula puede cambiar a un modo de supervivencia de emergencia en lugar de funcionar con normalidad. Este cambio agota la resiliencia, reduce el rendimiento celular y deja a los tejidos —especialmente al sistema inmunitario y los vasos sanguíneos— operando con un déficit.

  • Otro mecanismo involucra la maduración inmunitaria — Las células dendríticas y las NK dependen del ATP para activarse, comunicarse y emitir señales de respuesta. Cuando el ATP cae, estas células pierden su agudeza funcional. El estudio encontró este patrón exacto: menos células maduras y más signos de desequilibrio inmune.
  • Marcadores mecanicistas de la EM/SFC — Aunque el artículo no midió la mejora de los síntomas en el tiempo, sí comparó variables para determinar qué marcadores distinguían mejor a los participantes con EM/SFC de los controles sanos.

    Un modelo estadístico que incorporó marcadores metabólicos, cambios inmunitarios y proteínas vasculares separó de forma fiable a los dos grupos. Esto incluye una abundancia de AMP y ADP. Además, el sistema inmunitario está sesgado hacia menos combatientes patógenos maduros, junto con una población menor de células NK.

Los Déficits Energéticos Empujan al Sistema Inmunitario Hacia el Agotamiento

En un estudio relacionado publicado en Biomolecules, los investigadores demostraron cómo el metabolismo energético y la función inmune interactúan de manera que empeoran los síntomas de la EM/SFC con el tiempo. Aquí, utilizaron un amplio corpus de evidencia para trazar cómo las carencias energéticas dentro de las células alimentan directamente la disfunción inmunitaria, especialmente la senescencia y el agotamiento inmunológico.4

  • La disfunción mitocondrial se sitúa en el centro de esta enfermedad — Sin embargo, el estudio agrega algo nuevo a la conversación. En particular, los investigadores señalaron que aquellos con EM/SFC tienen niveles comprometidos de carnitina, necesaria para la oxidación de ácidos grasos y el metabolismo energético.

    Además, los investigadores señalaron que este compuesto ayuda a mantener la integridad de las mitocondrias y reduce la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS). La imagen a continuación proporciona una visión general de su hipótesis:

  • El vínculo con los virus — El artículo identifica paralelismos llamativos entre la EM/SFC y las infecciones virales crónicas. En los estados virales crónicos, el sistema inmunitario lucha durante largos períodos sin descanso.

A lo largo del tiempo, ciertas células inmunitarias pierden funcionalidad y capacidad de respuesta mediante un proceso denominado senescencia celular, un estado en el que las células permanecen vivas pero dejan de dividirse o de responder eficazmente a las amenazas. Cuando esta condición se vuelve crónica, aparece la patología del SFC/EM.

• **Colapso de la función inmunitaria** — El sistema inmunológico de las personas con SFC/EM entra en un estado disfuncional. Al igual que en estudios previos, se observa una alteración en la función de las células NK, cambios en los linfocitos T citotóxicos y patrones de activación inmune persistentes, similares a los presentes en infecciones no resueltas.

• **Vínculo entre el metabolismo energético y la regulación inmune** — Los investigadores sostienen que los defectos mitocondriales afectan la red de comunicación interna del sistema inmunitario. Además, esa misma disfunción crea un cuello de botella para la actividad inmune propiamente dicha. En otras palabras, las células no producen suficiente energía para satisfacer las demandas de señalización, reparación o defensa inmunológica.

• **El SFC/EM muestra patrones de inflexibilidad metabólica** — Las células tienen dificultad para cambiar entre rutas energéticas o incrementar la producción de ATP durante situaciones de estrés. Cuando las células no pueden adaptarse, incluso una actividad menor puede provocar un colapso desproporcionado. El estudio citado resalta bibliografía que evidencia una producción y utilización de energía deficientes.

• **Agotamiento inmunitario impulsado por la tensión metabólica crónica** — El artículo explica que los déficits energéticos persistentes interfieren con la comunicación de las células inmunitarias y su capacidad para generar respuestas robustas. Cuando a estas células les falta ATP, pierden la capacidad de proliferar, secretar citoquinas o eliminar efectivamente a sus objetivos infectados.

## Estrategias para recuperar tu energía y vivir plenamente

Si te sientes falto de energía, la solución no es tomar más café o bebidas energizantes. Reside en tus mitocondrias, las cuales se han visto comprometidas hasta un punto en que ya no pueden funcionar adecuadamente. Dicho esto, pronto publicaré un nuevo libro, *Cura del Cáncer*, que explora qué cambios en nuestra sociedad actual han resultado en un aumento dramático de la disfunción metabólica en millones de personas.

El libro también discutirá diversas estrategias que pueden ayudarte a recuperar la energía celular y mejorar tu calidad de vida. Estas son algunas de mis recomendaciones:

1. **Reduce la ingesta de ácido linoleico (AL)** — Una de las razones por las que experimentas fatiga es el consumo excesivo de AL, una de las toxinas más predominantes en la alimentación occidental. De hecho, me atrevería a situarlo por encima del azúcar refinado, aunque este también influye.

La razón es que el exceso de AL genera subproductos reactivos que finalmente suprimen la respuesta inmune y dañan las mitocondrias. Por ello, elimina los alimentos que contengan AL, principalmente los aceites de semillas —soja, maíz, algodón, canola, girasol y uva.

En un artículo anterior mencioné que las dietas occidentales modernas contienen entre 15 y 25 gramos diarios de AL, muy lejos de los 2 a 4 gramos estimados que consumían las poblaciones preindustriales.

En vista de esto, recomiendo mantener la ingesta de AL por debajo de 5 gramos al día; si puedes mantenerla inferior a 2 gramos, aún mejor. Para controlar el AL en tu alimentación, regístrate en la próxima aplicación Mercola Health Coach, que incluye una función llamada Seed Oil Sleuth, que calcula el consumo diario de AL hasta la décima de gramo. Sustituye los aceites de semillas ricos en AL por grasas saturadas más saludables, como mantequilla de pastoreo, ghee, sebo y aceite de coco.

2. **Familiarizate con las fuentes de AL** — El AL no solo se encuentra en los aceites de cocina de los supermercados. Está presente en la mayoría de los alimentos ultraprocesados, por lo que es importante revisar la lista de ingredientes de todo lo que compres.

Además, sería prudente reducir las veces que comes en restaurantes o pides comida para llevar. A menos que se indique lo contrario, es seguro asumir que toda la comida preparada en estos establecimientos utiliza aceites de semillas.

El AL también está presente en el pollo y el cerdo de cría convencional, debido al carácter ultraprocesado de su alimentación. Prioriza la carne de res, cordero, bisonte y otros rumiantes, que suelen tener niveles más bajos de AL.

3. **Apoya tus células inmunitarias a nivel mitocondrial** — Cuando el ATP escasea, las células inmunitarias no pueden comunicarse, dividirse o eliminar amenazas con eficiencia. Varios compuestos naturales han mostrado efectos prometedores para reforzar la resiliencia mitocondrial y el rendimiento de las células NK:

• Los **beta-glucanos** (de levadura y hongos) activan tu sistema inmune al estimular macrófagos y células NK.
• La **PQQ**, presente en la papaya y el té verde, estimula la producción de nuevas mitocondrias y las protege del desgaste oxidativo.
• La **Urolitina A**, un compuesto derivado de la granada en el intestino, recicla las mitocondrias defectuosas para mantener tus motores celulares limpios.
• **Polifenoles** como la quercetina, fisetina, curcumina y resveratrol capturan radicales libres dañinos y reducen la supresión inflamatoria de las células NK.

En estudios preclínicos, cuando las células NK recibieron una combinación de estos compuestos —administrados mediante nanoliposomas dirigidos directamente a las mitocondrias— su capacidad de eliminación aumentó entre cinco y diez veces. En lugar de agotarse tras eliminar de cinco a diez blancos, estas células podían eliminar de 30 a 50 antes de fatigarse.

4. **Repara tu intestino** — Además de afectar tus mitocondrias, el AL también perjudica tu microbioma intestinal, que desempeña un papel fundamental en tu salud, incluyendo el metabolismo energético.

La reparación intestinal requiere una ingesta adecuada de carbohidratos para sostener las células intestinales y el equilibrio microbiano. El revestimiento intestinal depende de la glucosa como combustible principal, y una ingesta insuficiente de carbohidratos puede ralentizar la reparación y debilitar la integridad de la barrera. La mayoría de los adultos necesitan al menos 250 gramos diarios de carbohidratos, ajustados según su nivel de actividad y estado metabólico. Esto favorece la reparación intestinal, la señalización tiroidea y el equilibrio energético global.

Comienza con fuentes de carbohidratos bien toleradas, como batatas, zanahorias, calabazas de invierno, fruta madura y arroz blanco cocido. Estos alimentos aportan glucosa y son bajos en sustratos fermentables. Introduce alimentos ricos en fibra gradualmente si la salud intestinal aún es frágil. Grandes cantidades de fibra pueden intensificar la hinchazón, los calambres y el estreñimiento cuando persiste la permeabilidad intestinal o la disbiosis. En esta fase, prioriza primero los carbohidratos digestibles y aumenta la fibra solo en pasos pequeños y graduales según mejore la tolerancia.

A medida que se fortalece la integridad epitelial y se estabiliza la señalización inmune, también mejorará la tolerancia a la fibra. En ese momento, una variedad más amplia de alimentos ricos en fibra podrá apoyar la producción de ácidos grasos de cadena corta y la resiliencia a largo plazo.

5. **Ejercítate con moderación y precisión** — Tu sistema inmunológico depende de los linfocitos T citotóxicos y las células NK para eliminar células dañadas o disfuncionales. En el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC/EM), se ven alteradas la señalización inmune, la producción mitocondrial y la recuperación energética, lo que modifica la respuesta del cuerpo al estrés físico. Por ello, los consejos de ejercicio convencional no son aplicables aquí.

El ejercicio de alta intensidad o resistencia suele agravar los sintomas y puede desencadenar el malestar post-esfuerzo, un síntoma distintivo del SFC/EM. En lugar de restaurar la función inmune, el esfuerzo excesivo puede profundizar el daño mitocondrial y prolongar la recuperación.

El objetivo no es el entrenamiento físico. La meta es la señalización celular sin sobrecarga metabólica. La mayoría de investigadores enfatizan un movimiento suave y de bajo estrés que respete la energía disponible. Opciones apropiadas incluyen caminatas lentas, estiramientos leves, yoga, tai chi y sesiones breves de ejercicio de resistencia usando el peso corporal o cargas muy ligeras.

El momento y la intensidad importan más que la duración. Muchos pacientes toleran mejor el ejercicio en intervalos de segundos a pocos minutos, seguidos de una recuperación completa. El monitoreo de la frecuencia cardíaca y las estrategias de dosificación ayudan a mantenerse por debajo del umbral anaeróbico, reduciendo el riesgo de recaída. A medida que mejoran la función mitocondrial y el equilibrio autonómo, la capacidad suele expandirse gradualmente.

El progreso depende de la constancia, la recuperación y la mesura, no de la intensidad. Cualquier programa debe adaptarse a los límites energéticos diarios, no a horarios o metas fijas.

**6. Obtener sueño reparador —** Este es otro pilar fundamental de la salud que a menudo se pasa por alto. En personas diagnosticadas con SFC/EM, la investigación muestra que los hábitos de sueño suelen estar comprometidos — una latencia de inicio del sueño más prolongada y una eficiencia del sueño reducida son ocurrencias comunes.

Cuando se duerme correctamente, el cuerpo lleva a cabo procesos de reparación cruciales. En particular, el sueño permite que el sistema inmunológico descanse, lo que a la larga facilita una óptima vigilancia contra células alteradas que contribuyen a la fatiga.

Si tienes dificultades para dormir, existen muchas estrategias que pueden ayudarte. Lee “[Sueño — Por qué lo necesitas y 50 formas de mejorarlo](https://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2022/02/20/why-do-you-need-sleep.aspx)”. Allí también reviso la ciencia sobre lo que le sucede a tu cuerpo mientras descansas, así como las consecuencias de un sueño insuficiente.

### Preguntas Frecuentes (FAQs) sobre el Síndrome de Fatiga Crónica y la Función Mitocondrial

**P: ¿Qué es el SFC/EM y qué tan común es?**
**R:** La encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (SFC/EM) afecta aproximadamente a 2 millones de estadounidenses. Se caracteriza por una fatiga debilitante que no mejora con el descanso, malestar post-esfuerzo, sueño no reparador, dolor y problemas cognitivos como la niebla mental.

**P: ¿Qué revela la nueva investigación sobre la causa subyacente del SFC/EM?**
**R:** La investigación encontró que los pacientes con SFC/EM tienen niveles elevados de monofosfato de adenosina (AMP) y difosfato de adenosina (ADP) — moléculas energéticas que se acumulan cuando las células agotan su fuente primaria de energía, el trifosfato de adenosina (ATP) — lo que sugiere que el cuerpo lucha por producir suficiente energía celular.

**P: ¿Cómo afecta el SFC/EM al sistema inmunológico?**
**R:** Los pacientes tienen poblaciones reducidas de células asesinas naturales (NK) y células dendríticas, ambas críticas para la defensa inmune. Dado que las células inmunitarias dependen del ATP para funcionar, los déficits energéticos causan agotamiento inmunológico y una capacidad reducida para combatir infecciones.

**P: ¿Por qué los pacientes con SFC/EM a menudo experimentan síntomas circulatorios como mareos y extremidades frías?**
**R:** Estudios encontraron proteínas elevadas asociadas con la formación de coágulos sanguíneos y una función vascular alterada. Cuando la energía celular disminuye, la función de los vasos sanguíneos se ve afectada, perjudicando la entrega de oxígeno y nutrientes en todo el cuerpo.

**P: ¿Qué estrategias de estilo de vida pueden ayudar a mejorar la producción de energía celular?**
**R:** Las recomendaciones incluyen reducir la ingesta de ácido linoleico (presente en aceites de semillas) a menos de 5 gramos diarios, optimizar la salud intestinal con alimentos integrales ricos en fibra, ejercitarse de acuerdo a la capacidad para estimular la producción de nuevas mitocondrias, priorizar el sueño reparador y apoyar las células inmunitarias a nivel mitocondrial con compuestos naturales como los beta-glucanos, PQQ, urolitina A y polifenoles.

### Pon a Prueba Tus Conocimientos con el Quiz de Hoy

Participa en el quiz de hoy para ver cuánto has aprendido del [artículo de ayer en Mercola.com](https://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2026/03/04/fiber-wellness-trend-health-benefits.aspx).

**¿Qué suele ocurrir cuando alguien aumenta la ingesta de fibra demasiado rápido?**

* Los niveles de energía y saciedad aumentan inmediatamente.
* **Aumentan la hinchazón, los gases y el estreñimiento.**
* El apetito cae bruscamente durante todo el día.
* La presión arterial baja en cuestión de horas.

Un aumento rápido de fibra sobrecarga el intestino, causando hinchazón, gases y estreñimiento. Las bacterias intestinales necesitan tiempo para adaptarse, y una baja ingesta de líquidos puede empeorar estas reacciones. [Aprende más.](https://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2026/03/04/fiber-wellness-trend-health-benefits.aspx)

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