Y aunque me encanta ver a las mujeres celebradas, a menudo me encuentro pensando esto.
El empoderamiento no es algo que enciendes por un día. No es un eslogan. No es ruido. Es algo que vives.
Para muchas mujeres, el empoderamiento no se parece a un escenario o un micrófono. Se parece a levantarte cuando estás cansada.
Sostener las cosas cuando nadie ve el esfuerzo. Apoyar a otras mientras navegas tus propias dudas.
La verdad es que muchas mujeres no se sienten empoderadas.
Se sienten estiradas. Responsables. Necesitadas. Comparadas. Medidas. Juzgadas. A veces por otros.
A menudo por sí mismas. Y debajo de todo eso, usualmente hay un miedo familiar.
El miedo de no ser suficiente. Lo que he aprendido con mi trabajo, y a través de mi propia vida, es esto.
El empoderamiento no viene de probarte a ti misma repetidamente. Viene de la confianza en una misma.
Es decir que no sin culpa. Es descansar sin disculparte.
Y quizás lo más importante, es permitirte ser vulnerable en los lugares correctos.
La vulnerabilidad ha sido malentendida por años.
La gente escucha la palabra y piensa que significa compartir de más o derrumbarse. No es así.
La vulnerabilidad saludable es fortaleza con conciencia.
Es admitir “Esto me está resultando difícil” ante personas que pueden sostener esa verdad con respeto.
Cuando la vulnerabilidad se coloca en el espacio correcto, con las personas correctas, no te debilita. Te fortalece.
El error que muchas mujeres fuertes cometen es creer que la fortaleza significa aislamiento. No es así.
Pienso en las mujeres que me formaron. Mi mamá con sus manualidades esparcidas en la mesa de la cocina.
Mis dos hermosas abuelas con sus “salidas”, sus trabajos, sus equipos, zapatos de baile en una bolsa cuando eran jovenes.
Las mujeres a mi alrededor siempre han sido fuertes, sí, pero también han sido sociales, abiertas y conectadas.
Al acercarnos al 8 de marzo, en vez de preguntar “¿Cómo puedo estar más empoderada?”, te invitaría a preguntar algo diferente.
¿Dónde ya soy fuerte? ¿Dónde he manejado algo que una vez creí que no podía?
Luego haz una pregunta más poderosa.
¿Dónde podría bajar la guardia un poco de forma segura? No en todas partes. No con todos. Pero en algún lugar.
Porque el empoderamiento crece cuando las mujeres se apoyan mutuamente sin competencia.
Cuando celebramos los logros de las demás y damos espacio para conversaciones honestas sobre las partes difíciles, también.
Aquí hay algo práctico para intentar esta semana.
Escribe tres momentos de tu vida en que manejaste algo que una vez creíste que no podías. Grande o pequeño.
Luego escribe una frase que empieze con “No tengo que demostrar…” y termínala con honestidad.
El empoderamiento no se trata de convertirte en alguien nuevo. Se trata de reconocer quien ya eres y elegir mantenerse en eso con firmeza.
Y aunque el Día Internacional de la Mujer pone un foco en las mujeres, el empoderamiento no vive en una fecha.
El empoderamiento no necesita ser ruidoso. Solo necesita ser vivido.
Nos vemos la próxima semana,
Kirsty
Kirsty Redford es Master Practicante de PNL calificada, Life Coach, Practicante de Mindfulness e Instructora Certificada de Caminata sobre Fuego.
Como fundadora de Firewalk Events, ayuda a las personas a construir confianza y resiliencia, inspirándolas a encontrar su poder interior y reavivar su chispa.
Visita – www.firewalkevents.co.uk para saber más.