El motivo por el cual los precios de la vivienda y del alquiler son tan elevados radica en que, durante los últimos veinticinco años, se ha construido pocas viviendas nuevas mientras que, al mismo tiempo, la población local se ha duplicado. Sencillo. A menos que las islas se embarquen en un programa masivo de construcción inmobiliaria, es poco lo que va a cambiar.
Tomemos Palma, por ejemplo. Existen literalmente cientos de hectáreas de terreno municipal que permanecen vacantes. ¿Para qué? Mientras tanto, miles de personas tienen dificultades para pagar el alquiler cada mes. No se puede señalar a nadie en concreto.
Son los sucesivos gobiernos los culpables de la falta de vivienda nueva. Nunca ha existido un plan inmobiliario adecuado. Ahora, los partidos políticos buscan desesperadamente un chivo expiatorio. Como es habitual, son los extranjeros, porque ellos no pueden votar.
La última propuesta consistía en prohibir a los no residentes comprar propiedades. Una idea escandalosa si se piensa que una parte sustancial de las viviendas vendidas en Baleares son segundas residencias. Este mercado genera muchos millones para la economía local y además sostiene cientos, si no miles, de puestos de trabajo.
Ponerse a construir es la única solución, pero será interesante ver cuántos promotores quieren edificar viviendas baratas y asequibles. Este es un problema creado en Mallorca; déjense en paz a los foráneos.