El autor del intento de golpe de Estado de 1981 en España fallece al reabrirse los archivos del 23-F

El fallecimiento de Tejero coincide con la desclasificación de documentos gubernamentales sobre el 23-F. Crédito de la foto: CC Biblioteca virtual del patrimonio bibliográfico.

Antonio Tejero Molina, el ex teniente coronel de la Guardia Civil cuyo asalto armado al Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981 se convirtió en uno de los episodios más trascendentales de la historia contemporánea de España, ha fallecido a los 93 años. Su familia anunció su muerte el 25 de febrero, día en que el gobierno español hizo públicos documentos hasta entonces clasificados sobre el fallido golpe de Estado.

Tejero falleció en Alzira, Valencia, en presencia de su familia hacia las 18:49, según declaraciones transmitidas por sus representantes legales y parientes. Sus familiares describieron su partida como serena y señalaron que había recibido los sacramentos y la bendición del papa León XIV poco antes de morir. Agradecieron, además, su vida y pidieron oraciones por su descanso eterno.

Un momento decisivo para la democracia española

El nombre de Tejero quedó indisolublemente ligado al intento golpista del 23-F cuando, el 23 de febrero de 1981, irrumpió al frente de un contingente de guardias civiles armados en el Congreso de los Diputados de Madrid. La dramática entrada se produjo durante la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno, en un momento de gran tensión política en la joven democracia española. Pistola en mano, Tejero pronunció su célebre orden: “¡Quieto todo el mundo!”, frase que encapsula la gravedad de lo allí acontecido. Diputados y miembros del Gobierno permanecieron secuestrados durante casi dieciocho horas.

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El intento de golpe conmocionó a España y al mundo, generando temores de un regreso al autoritarismo décadas después de la dictadura de Francisco Franco. La tensión se resolvió sin que las acciones de Tejero recibieran un apoyo militar más amplio, en gran medida debido a la decisiva intervención televisada del rey Juan Carlos I, quien reafirmó su compromiso con la Constitución y el orden democrático.

Consecuencias legales y vida posterior

Tras el fracaso del golpe, Tejero fue procesado junto a otros participantes clave en 1982. Los tribunales militares lo declararon culpable de rebelión militar y fue condenado a 30 años de prisión. Como parte de la sentencia, fue expulsado de la Guardia Civil.

Durante su encarcelamiento, Tejero llevó a cabo diversas actividades, entre ellas la fundación de un partido político, Solidaridad Española. Dicha formación se presentó a las elecciones generales de 1982 bajo el lema “¡Entra con Tejero en el Parlamento!”. Pese a ello, obtuvo un porcentaje de votos muy reducido y no logró representación.

Problemas de salud influyeron posteriormente en su régimen penitenciario. Se le concedió el tercer grado en 1993 y en 1996 obtuvo la libertad condicional tras cumplir aproximadamente quince años de condena. En las décadas siguientes, su perfil público se fue diluyendo, aunque siguió siendo una figura de interés para aquellos nostálgicos de la época anterior a la Transición.

Presencia pública y últimos años

Aunque apartado de la vida pública, Tejero realizó apariciones esporádicas. Cabe destacar su asistencia en octubre de 2019 al acto de reinhumación de Francisco Franco en el cementerio de Mingorrubio (Madrid), tras la exhumación de los restos del dictador del Valle de los Caídos, un evento que captó la atención de los medios.

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En sus últimos años, Tejero afrontó problemas de salud y residía cerca de familiares. Su deterioro físico había reducido su visibilidad en el debate público español.

Trascendencia histórica

Los historiadores consideran el intento golpista del 23-F como una prueba de estrés crucial para las incipientes instituciones democráticas españolas de principios de los ochenta. La crisis puso de relieve la fragilidad de la Transición, pero a la postre fortaleció el orden constitucional y el control civil sobre las Fuerzas Armadas. La figura de Tejero permanece como un símbolo poderoso en la memoria colectiva de los peligros que acechan a la gobernanza democrática.

Tejero era el último de los principales militares implicados directamente en los sucesos del 23-F en fallecer; otros participantes clave, como los generales Jaime Milans del Bosch y Alfonso Armada, habían muerto años atrás.

Coincidencia en el tiempo

La muerte de Tejero, coincidiendo con la liberación de documentos gubernamentales desclasificados sobre el 23-F, añade una nota histórica cargada de significado a su legado. Estos archivos ofrecen a investigadores y ciudadanos el acceso a registros internos de distintos ministerios españoles relativos a los hechos de 1981, con el objetivo de arrojar nueva luz sobre uno de los momentos más convulsos de la era posterior a la dictadura.

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