Una rutinaria obra de reforma en Torrevieja se convirtió en una escalofriante pesadilla cuando, casi veinticinco años después de un mortífero atentado terrorista, un albañil rememoró el día en que descubrió una mano humana oculta en la estructura de un piso destrozado por una bomba.
Teo, un operario local, relató la historia en el programa de radio ‘Herrera en COPE’, recordando cómo el lúgubre hallazgo ocurrió durante trabajos de rehabilitación a principios de la década de 2000. El apartamento, explicó, era la misma vivienda donde Olaia Castresana, una militante de ETA, había fallecido días antes al manipular un artefacto explosivo.
“Al comenzar las reformas, encontramos la mano de la etarra incrustada en una grieta de la bóveda”, afirmó Teo, dejando a los presentadores estupefactos. Se avisó de inmediato a la Policía y a la Guardia Civil para retirar los restos. “El hedor era insoportable”, añadió. “La explosión arrasó la pared por completo. Una parte salió volando al patio interior y fue a parar a la piscina”.
El Atentado de Torrevieja de 2001 Que Conmocionó a La Mata
Olaia Castresana, de 20 años, murió en la explosión
Los archivos hemerográficos confirman el horripilante contexto. El 25 de julio de 2001, los titulares informaban de que una miembro de ETA había muerto en La Mata, Torrevieja, cuando la dinamita que manipulaba estalló en un ático de la segunda planta del complejo Puerto Romano.
El artefacto —se cree que contenía entre dos y tres kilos de dinamita Titadine robada meses antes en Grenoble, Francia— detonó alrededor de las 17:30. La explosión causó heridas a siete personas, incluidos cuatro niños, al proyectar cristales hacia la piscina del complejo, donde se bañaban residentes.
La deflagración devastó el edificio: se dañaron la planta baja y la primera, se desalojaron seis viviendas y un automóvil aparcado en el exterior fue alcanzado por escombros. Las fachadas frontal y posterior de la vivienda quedaron desgarradas, y el cuerpo de Castresana fue precipitado desde el edificio, cayendo junto a la piscina con heridas catastróficas.
Inicialmente, las autoridades sospecharon de una fuga de gas. Posteriormente, se confirmó como un atentado terrorista. La onda expansiva quebró farolas y seccionó líneas telefónicas hasta a doscientos metros de distancia.
Castresana había alquilado el piso junto a otro miembro de ETA, Anartz Oiarzabal, haciéndose pasar por altos mandos militares. Oiarzabal huyó, pero finalmente fue detenido en mayo de 2002.
Casi un cuarto de siglo después, el relato de Teo revela un último y macabro detalle legado por uno de los días más oscuros de Torrevieja; un vestigio desenterrado no por investigadores, sino por un albañil acudiendo a una simple llamada para una reforma.