Los turistas en Barcelona podrían tributar hasta 15 euros por noche después de que la ciudad elevara su tasa turística a una de las más altas de Europa este miércoles, en un esfuerzo por contener el número de visitantes y financiar vivienda asequible. Las autoridades catalanas han enfrentado protestas cada vez más sonoras de residentes por el exceso de turistas, que, según alegan, inflan los precios de la vivienda al impulsar el alquiler vacacional a corto plazo.
El parlamento autonómico de Cataluña aprobó una ley para duplicar el impuesto a los huéspedes de alquiler vacacional, hasta un máximo de 12,5 euros nocturnos, frente a los 6,25 anteriores. Esta medida precede al ya anunciado plan de prohibir todo alojamiento turístico de corta duración para 2028. Los clientes de hoteles pagarán un máximo de entre 10 y 15 euros por noche a partir de abril, en lugar de los actuales 5 a 7,5 euros, según la categoría del establecimiento.
Una estancia de dos noches para una pareja en un hotel de cuatro estrellas –categoría que representa casi la mitad de la oferta hotelera barcelonesa– podría encarecerse ahora en 45,60 euros adicionales, ya que la administración local puede cobrar hasta 11,4 euros por noche y persona. En hoteles de cinco estrellas la tarifa máxima será de 15 euros, mientras que los cruceristas continuarán abonando alrededor de 6 euros. Según el texto legal, una cuarta parte de los ingresos recaudados se destinará a paliar la crisis de vivienda de la ciudad.
Irene Verrazzo, una enfermera italiana de 33 años, comentó que Barcelona ya resultaba muy cara y dudaba que regresara. “No creo que este gasto extra sea justo. Ya obtienen beneficios de lo que los turistas gastan en comercios, monumentos, etc.”, afirmó. Por su parte, Ivan Liu, un estudiante y residente local de 21 años, consideró que aunque el aumento impositivo difícilmente resolvería la crisis de vivienda, el incremento le parecía razonable.
Antes de la subida, Barcelona ocupaba el undécimo puesto en la lista de 2025 de la plataforma de alquiler vacacional Holidu, por detrás de Ámsterdam, donde los turistas pagan el impuesto más alto de Europa: 18,45 euros diarios. Los hoteleros temen que la medida aleje a demasiados de los aproximadamente 15,8 millones de turistas que visitan Barcelona anualmente.
La ciudad se encuentra entre las cuatro primeras del mundo en congresos, según la patronal turística local, y los asistentes a estos eventos tampoco estarán exentos del gravamen. Manel Casals, director general del gremio de hoteleros de Barcelona, lamentó que se ignoraran las propuestas de elevar el impuesto gradualmente para monitorizar sus efectos. “Un día matarán a la gallina de los huevos de oro”, advirtió.