Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, en dicho país se produce un infarto de miocardio cada 40 segundos. Esto se traduce en aproximadamente 805.000 personas al año: 605.000 lo experimentan por primera vez, mientras que 200.000 son casos recurrentes. Además, 1 de cada 5 personas desconoce haber sufrido un infarto.1
Pero, ¿qué sucede exactamente durante un ataque cardíaco? En términos simples, el flujo sanguíneo hacia el corazón se ve severamente restringido, generalmente debido a una acumulación de placa en las arterias coronarias. Cuando se produce una obstrucción completa, el músculo cardíaco muere al verse privado de riego sanguíneo. A partir de ahí, se manifiestan síntomas como dolor torácico, sudores fríos, fatiga, náuseas y disnea.2
El tratamiento se centra en restablecer el flujo sanguíneo lo antes posible para evitar la muerte de más tejido. Esto plantea una pregunta que ha inquietado a los investigadores durante años: una vez ocurrido el infarto, ¿puede el tejido cardíaco regenerarse por sí mismo y recuperar su función óptima? Nuevas evidencias muestran un atisbo de esperanza, aunque es necesario profundizar más en ellas.
El Corazón Humano Puede Regenerar Cardiomiocitos Tras un Infarto
Los expertos saben desde hace tiempo que ciertos animales pueden regenerar sus propias células cardíacas después de un infarto. Un ejemplo es el pez cebra, capaz de una regeneración completa. Por su parte, los ratones han demostrado la capacidad de inducir mitosis (división y multiplicación celular) en la zona afectada.
Se creía, en cambio, que el corazón humano era diferente. Según el Dr. Sean Lal, profesor de cardiología clínica y molecular en la Universidad de Sídney y coautor del estudio referenciado, a los estudiantes de medicina se les enseña generalmente que el número de células cardíacas con el que nacemos permanece constante a lo largo de la vida, hasta que se sufre un infarto.3
Ahora,4 un equipo de investigadores australianos ha descubierto que esto podría no ser así. Su estudio, publicado en la revista *Circulation Research*, supone un gran avance que profundiza en nuestro conocimiento sobre el corazón humano. En concreto, han descubierto cómo este puede regenerar nuevas células del músculo cardíaco (cardiomiocitos).5
Para probar su hipótesis, los investigadores utilizaron un corazón almacenado durante casi dos décadas. Fue donado por la familia de un hombre de 48 años que sufrió un infarto grave. Estaba en muerte cerebral y con soporte vital, pero el corazón dañado no pudo ser transplantado.
El órgano se preservó congelado en nitrógeno líquido para mantener la calidad del tejido. “Básicamente, el tejido y las células quedaron ‘congelados en el tiempo'”, según el investigador principal, Dr. Rob Hume.6
• Análisis del corazón – Mediante diversas técnicas analíticas, los investigadores pudieron determinar cómo el corazón había experimentado mitosis. Según Lal, las muestras extraídas del corazón donado mostraron una tasa de mitosis del 7% al 8%. Sin embargo, para reparar el corazón hasta su estado óptimo, la tasa ideal debería ser del 25% al 50%.
• Una teoría sobre la regeneración – Lal explicó que la hipoxia podría ser el factor desencadenante de la mitosis en el músculo cardíaco. Básicamente, el mismo entorno privado de oxígeno causado por el infarto también activa la regeneración en la zona afectada. Esto respalda sus teorías iniciales sobre los corazones fetales, señalando que “los corazones fetales generan una gran cantidad de células nuevas en el útero, que es un entorno bajo en oxígeno”. Él vincula esto con su investigación sobre corazones adultos:7
“Es casi como si el corazón tuviera una memoria incorporada. Tal vez, cuando hay bajo oxígeno tras un infarto, se reprograman las células cardíacas para generar nuevas células, como se hacía en el útero. Eso es lo que estamos investigando.”
Aunque el experimento es prometedor, los investigadores reconocen que sus hallazgos aún no podrán prevenir un infarto. No obstante, esperan continuar con esta línea de investigación para desarrollar terapias que promuevan una mejor mitosis en las células cardíacas.8
El Músculo Cardíaco Activa Mecanismos de Renovación en Condiciones Adecuadas
Un estudio relacionado, publicado en *Circulation*, también examinó cómo el corazón puede generar nuevas células musculares. Este trabajo rastreó firmas de ADN dentro de los cardiomiocitos para medir la formación real de nuevas células, no solo su agrandamiento.9
Según los investigadores, el objetivo era determinar si el corazón humano adulto posee un “potencial regenerativo latente de cardiomiocitos” y si ciertas condiciones lo activan. Los resultados indican que la capacidad del corazón para reemplazar células perdidas varía enormemente según el estado fisiológico; algunos pacientes muestran aumentos drásticos en la renovación cuando las condiciones mejoran.
• Metodología del análisis – Los datos provinieron de un grupo de pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada. El estudio comparó su tejido cardíaco con el de corazones adultos sanos, y luego separó a quienes recibieron soporte con un dispositivo de asistencia ventricular izquierda (LVAD) –una bomba mecánica que reduce la carga de trabajo del corazón– para observar cómo distintos entornos afectaban la renovación de cardiomiocitos.
• Contraste entre corazones sanos y fallidos – En un adulto normal, la tasa de recambio de cardiomiocitos ronda el 0,5% anual, lo que implica un reemplazo pequeño pero constante. Esto resulta en un reemplazo de casi el 40% a lo largo de la vida, en contraste con la teoría mencionada anteriormente que sugiere que el número de cardiomiocitos permanece invariable.
En la insuficiencia cardíaca terminal, esa tasa de renovación colapsa. El estudio reporta que la generación de cardiomiocitos cae entre 18 y 50 veces en comparación con controles sanos. Esto significa que, una vez que la insuficiencia cardíaca avanza, la maquinaria natural de reparación cardiaca se ralentiza enormemente, dificultando la recuperación a menos que algo altere drásticamente el entorno interno.
• Profundizando en los datos – En corazones fallidos, la renovación cayó al 0,03% anual en la miocardiopatía no isquémica, e incluso al 0,01% anual en la miocardiopatía isquémica –la asociada a infartos–. Esto se corresponde con la baja tasa de regeneración mencionada previamente.
Sin embargo, todo cambia en pacientes cuya función cardíaca se recuperó con soporte de LVAD. En esos individuos, la renovación de cardiomiocitos aumentó drásticamente hasta el 3,1% anual.
Esto implica que algunos corazones no solo se estabilizan bajo mejores condiciones, sino que se reconstruyen a un ritmo más acelerado de lo que lo harían los corazones sanos en circunstancias normales.
• **Lo que ocurre en el interior de las células del músculo cardíaco** — Los investigadores documentaron que, en los casos más graves de insuficiencia cardíaca, la síntesis de ADN dentro de los cardiomiocitos producía principalmente poliploidía (copias adicionales de ADN dentro de la misma célula) en lugar de generar células musculares completamente nuevas.
En otras palabras, tu corazón podría parecer activo a nivel molecular incluso estando fallando, pero dicha actividad está mal dirigida. En vez de reemplazar las células perdidas, el corazón dañado tiende a agrandar las células existentes o añadir núcleos extra, un proceso que no restaura la fuerza de bombeo perdida.
• **Un obstáculo para la regeneración** — Los investigadores señalaron la citocinesis (la fase final de la división celular en la que una célula se divide en dos) como un cuello de botella clave. Esto significa que muchas células cardíacas ya están entrando en el ciclo de reparación, pero no logran completarlo. Copian el ADN, se preparan para dividirse, pero no finalizan la separación. Tu capacidad para reconstruir el músculo cardíaco depende de ayudar a las células a completar ese paso final.
• **Sugerencias para estudios futuros** — Si bien los investigadores pudieron detectar la tasa regenerativa en los cardiomiocitos, no profundizaron en soluciones. No obstante, ofrecieron sugerencias que pueden servir como punto de partida para otros expertos y ampliar los hechos conocidos en este campo:
> “[L]a descarga mecánica podría revertir las cascadas metabólicas que aumentan la producción de especies reactivas de oxígeno. Esto, a su vez, puede reducir el daño oxidativo del ADN y la activación de la vía de respuesta al daño del ADN que causa la detención del ciclo celular en los cardiomiocitos. En efecto… un enfoque exitoso para las estrategias de reemplazo celular podría ser estimular selectivamente la citocinesis en cardiomiocitos que ya están en ciclo.”
## No Esperes a que Ocurra un Infarto — Potencia tu Salud Cardiovascular Ahora
Como suelo decir, es mejor prevenir una enfermedad que tratarla, y esto también se aplica a los infartos. Dicho esto, estas son mis recomendaciones para mantener tu corazón en óptimas condiciones:
1. **Minimiza tu consumo de ácido linoleico (AL)** — En 2025, publiqué un artículo en el *World Journal of Cardiology* sobre los efectos del consumo excesivo de AL en la salud cardiovascular. En él, describo cómo el AL se integra en la cardiolipina de las membranas mitocondriales, donde se convierte en sustrato para la peroxidación lipídica. Esto genera especies reactivas de oxígeno (ROS) dañinas que eventualmente resultan en arterias obstruídas.
Teniendo en cuenta esta información, reducir el AL es una de las mejores decisiones para tu salud cardiovascular y tu bienestar general. Recomiendo mantener la ingesta por debajo de 5 gramos diarios, pero si puedes bajarla a menos de 2 gramos, aún mejor.
Evita en lo posible todos los alimentos ultraprocesados, pues se cocinan con aceites vegetales ricos en AL, como los de soja, maíz, cártamo y algodón. Para ayudarte a monitorizar tu consumo, suscríbete a la próxima aplicación Mercola Health Coach. Incluye una función llamada “Seed Oil Sleuth” que rastrea el AL en tus alimentos con precisión de décimas de gramo.
2. **Controla tu peso** — Incluso si tu índice de masa corporal (IMC) está en un rango supuestamente saludable, no significa que estés fuera de peligro. Como señalé en un artículo anterior, la grasa intramuscular promueve la inflamación, lo que aumenta el riesgo de infarto e insuficiencia cardíaca.
En lugar de depender del IMC, es mejor controlar tu porcentaje de grasa corporal total. Puedes usar lipocalibres, que ofrecen un método práctico midiendo el grosor del pliegue cutáneo en áreas clave. Con un uso constante, son razonablemente precisos.
También puedes utilizar básculas inteligentes, que funcionan mediante análisis de impedancia bioeléctrica (BIA) para medir la grasa corporal. Aunque el nivel de hidratación puede afectar los resultados, son generalmente útiles para obtener una visión global. Pero el mejor enfoque es combinar ambos métodos para una mayor precisión.
3. **Comienza a desarrollar músculo** — Ahora que tienes una idea de tus niveles de grasa actuales, ¿cómo reducirlos? Un método efectivo, que puedes empezar ya, es el ejercicio de resistencia o el entrenamiento de fuerza.
Las investigaciones muestran que el ejercicio de resistencia constante disminuye la infiltración de grasa en los músculos. Además, el consiguiente aumento en la densidad muscular se vincula con una mejor salud cardiovascular y longevidad.
Sin embargo, ten cuidado al levantar pesas — es prudente hacerlo con moderación. En mi entrevista con el Dr. James O’Keefe, él señaló que 130 a 140 minutos de entrenamiento de fuerza por semana hacen que pierdas los beneficios de longevidad del ejercicio. Según nuestra conversación, el punto óptimo es levantar pesas 40 minutos una vez por semana, o 20 minutos dos veces por semana en días no consecutivos.
4. **Conoce los signos de un infarto** — Incluso si haces todo correctamente, es sabio familiarizarte con las señales de un ataque al corazón. Esto te permitirá buscar ayuda adecuada de inmediato.
Para información más profunda, lee “Cómo Identificar y Tratar un Infarto”. Contiene otros consejos útiles que pueden ayudar a reducir el daño tisular una vez ocurre un infarto, como tener azul de metileno y melatonina sublingual a mano.
## Preguntas Frecuentes (FAQs) Sobre la Regeneración de Cardiomiocitos Tras un Infarto
**P: ¿Puede el corazón humano regenerarse después de un infarto?**
R: Sí, las investigaciones muestran que el corazón tiene capacidad regenerativa, aunque limitada. Científicos australianos hallaron que entre un 7% y un 8% de las células del músculo cardíaco en tejido dañado estaban activamente en mitosis, aunque una reparación completa requeriría entre un 25% y un 50%. El bajo nivel de oxígeno durante los infartos podría desencadenar esta regeneración.
**P: ¿Cómo afecta la insuficiencia cardíaca a la capacidad del corazón para autorepararse?**
R: La insuficiencia cardíaca reduce drásticamente la regeneración. Los corazones sanos reemplazan aproximadamente un 0.5% de sus células musculares al año, pero la insuficiencia cardíaca avanzada reduce esta cifra a entre un 0.01% y un 0.03%, lo que es hasta 50 veces menos que lo normal.
**P: ¿Pueden las bombas cardíacas mecánicas mejorar la regeneración cardíaca?**
R: Sí. Pacientes con dispositivos de asistencia ventricular izquierda (LVAD, por sus siglas en inglés) mostraron tasas de renovación del 3.1% anual, seis veces más altas que las de corazones sanos. De acuerdo con los hallazgos, reducir la carga de trabajo del corazón permite que los mecanismos de reparación natural funcionen mejor.
P: ¿Por qué las células cardíacas no completan su regeneración?
R: El principal obstáculo es la citocinesis, que es la fase final en la que una célula se divide en dos. Muchas células del corazón replican su ADN pero no pueden finalizar la división. Futuras terapias podrían enfocarse en este cuello de botella.
P: ¿Qué puedo hacer para prevenir infartos?
R: Minimice la ingesta de ácido linoleico (AL) (menos de 5 gramos diarios) evitando alimentos ultraprocesados, controle su porcentaje de grasa corporal, realice entrenamiento de fuerza moderado (40 minutos semanales) y aprenda a reconocer los signos de alarma de un ataque al corazón.
¡Pon a prueba tu conocimiento con el cuestionario de hoy!
Realice el cuestionario diario para ver cuánto ha aprendido del artículo de ayer en Mercola.com.
¿Cuál es el trastorno hepático más común impulsado por la obesidad?
Hepatitis viral
Hepatitis autoinmune
**Enfermedad del hígado graso**
La enfermedad del hígado graso es el principal trastorno hepático vinculado a la obesidad, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina, y a menudo progresa durante años sin síntomas. Más información.
Cirrosis alcohólica