Transición al lujo: Una estancia de cinco estrellas impregnada de historia en la antigua residencia de Adolfo Suárez en Ávila

Lo que antaño fuera la vivienda del ex presidente del gobierno Adolfo Suárez, el primer líder electo de España tras la dictadura franquista, es hoy un hotel boutique de cinco estrellas.

Al llegar a la Casa del Presidente, los huéspedes son recibidos en una sala que conserva todos los distintivos del despacho de un hombre poderoso: un gran escritorio, una librería de pared a pared repleta de volúmenes sesudos y fotografías en blanco y negro que muestran un mismo rostro apuesto y sonriente.

En una aparece con una sonrisa burlona y un cigarrillo en la banca del parlamento español. En otra, él y un joven rey Juan Carlos permanecen de pie, riendo por un chiste compartido. En una tercera, pronuncia un discurso, el estadista consumado.

No cabe duda de a qué «presidente» debe su nombre la casa: Adolfo Suárez, el directivo televisivo reconvertido en político que pilotó la transición incruenta de España de la dictadura a la democracia.

Durante sus cuatro años y medio en el cargo, Suárez utilizaba a menudo esta residencia de descanso en Ávila para negociar acuerdos con facciones ideológicamente opuestas, desde los conservadores franquistas hasta el líder del recién legalizado partido comunista.

El despacho —ahora recepción— fue escenario de estas reuniones políticas de alta tensión. Los más observadores podrán divisar la reveladora junta en la librería que delata la puerta secreta que conduce a la cocina, ya fuese para buscar un tentempié a altas horas o servir como ruta de escape si algún oponente político se tornaba hostil.

En un recorrido por la propiedad, me comentan que Suárez, orgulloso hijo de la provincia de Ávila, llegó a jugar al fútbol en los jardines de la casa cuando, durante los primeros años de la dictadura franquista, esta funcionaba como centro juvenil.

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Posteriormente, tras hacer fortuna en Madrid, regresó a la ciudad y compró el solar abandonado, renovando la propiedad por completo en los años setenta. Sirvió como refugio de fin de semana de la residencia oficial de la Moncloa durante su mandato, pero hacia mediados de los noventa, después de que su fortuna fuera mermada por los intentos de buscar cura para el cáncer que aquejó primero a su mujer y luego a su hija en costosos tratamientos en el extranjero, la propiedad fue embargada por el banco.

Lo que antaño fue una casa de campo y hogar familiar ha sido convertido en el único hotel boutique de cinco estrellas dentro de las murallas de Ávila, y forma parte de la Authentic Heritage Collection, una alternativa privada a la red estatal de Paradores.

Con solo diez habitaciones, La Casa del Presidente logra mantener la atmósfera íntima de una escapada de fin de semana en una casa de campo.

El desayuno es exquisito. Foto: La Casa del Presidente

El desayuno se sirve en la antigua cocina familiar de los Suárez, se ofrecen catas de vino en la bodega y, durante el invierno, cuando las cumbres nevadas de la cercana sierra de Gredos son visibles, es un placer acurrucarse frente a la chimenea que se enciende cada tarde en el salón.

En verano, pocos lugares habrá en las llanuras de Castilla más placenteros para pasar una tarde que junto a la piscina, a la sombra de los añosos árboles que pueblan el jardín del hotel.

Incluso hay una escalera privada que asciende a un paseo de ronda en lo alto de los muros medievales de tres metros de grosor, cuyas almenas dominan la vista desde las habitaciones que dan al jardín.

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Cada habitación recibe el nombre de un valor preciado por Suárez —como Paz, Esperanza, Concordia, Alegría o Libertad— y desprende una vibra clásica pero discreta: piense en sofás Chesterfield, alfombras orientales y baños con patas.

Elegancia y lujo en cada habitación. Foto: La Casa del Presidente

La experiencia hotelera es razón suficiente para transformar la habitual excursión de un día a Ávila desde Madrid en un minuviaje de lujo, proporcionando tiempo suficiente para explorar la ciudad y la oportunidad de una verdadera experiencia culinaria.

El restaurante del hotel, Caleña, abre de jueves a domingo y ofrece menús de degustación que mezclan creatividad con ingredientes locales, lo que ya le ha valido al chef Diego Sanz un Sol Repsol, y se especula que su primera estrella Michelín no tardará en llegar.

Lamentablemente, el restaurante estaba cerrado durante mi visita, un martes de mediados de febrero, lo que solo significa que tengo al menos una muy buena razón para volver.

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