Numerosos autónomos en España afirman que el aumento de la recaudación por IVA incrementa la presión sobre las pequeñas empresas y su tesorería.
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España ha recaudado más de 3.000 millones de euros adicionales en concepto de IVA, pero son muchos los trabajadores por cuenta propia que perciben este incremento como un dinero extraído directamente de sus bolsillos. Aunque el impuesto en sí no ha experimentado una transformación radical, el funcionamiento del IVA en España implica que autónomos y pequeños empresarios suelan ser los primeros en notar su impacto, especialmente en épocas de precios alcistas y liquidez reducida.
Para miles de autónomos en toda España, incluyendo a numerosos expatriados que gestionan negocios de reducidas dimensiones, la frustración no reside únicamente en el volumen de impuestos recaudado, sino en el cómo y el cuándo deben efectuarse dichos pagos.
Por qué los autónomos sufren la presión del IVA
A diferencia de los asalariados, la mayoría de los profesionales autónomos en España deben declarar el IVA en el momento de emitir una factura, no cuando reciben el pago correspondiente. Esto significa que un freelance puede contraer una deuda tributaria por ingresos que aún no han ingresado en su cuenta bancaria.
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La pesadilla del autónomo: hacer trimestrales de facturas que aún no has cobrado, pagar por un dinero que aún no tienes pic.twitter.com/Js76FuAdXG
— Nia (@NiaPurpur) 23 de febrero de 2026
Muchos trabajadores autónomos terminan adelantando dinero a la agencia tributaria meses antes de cobrar ellos mismos. Si bien España ofrece un régimen de caja poco conocido que permite liquidar el IVA únicamente una vez cobrada la factura, el sistema es complejo y no goza de gran difusión, en parte porque algunos clientes se niegan a operar bajo sus premisas. Para pequeñas agencias, profesionales de oficios y autónomos, este desfase temporal se describe frecuentemente como uno de los aspectos más gravosos de dirigir un negocio en España.
El fin de las medidas de alivio del IVA
Parte del reciente superávit en la recaudación procede de la retirada de las reducciones temporales del impuesto instauradas durante la crisis inflacionista. España había aplicado un IVA reducido a productos de primera necesidad, como alimentos básicos y energía, pero al expirar estas bonificaciones, los ingresos fiscales han remontado de forma natural.
Aunque el cambio afecta a toda la población, numerosos autónomos sostienen que ellos lo perciben con mayor agudeza por situarse en la interfaz entre el consumidor y el sistema tributario. Son ellos quienes recaudan el IVA para el Estado, pero también quienes asumen la carga administrativa, los plazos y los riesgos de liquidez asociados.
La inflación impulsa la recaudación de forma discreta
Otra razón por la que los ingresos por IVA se han disparado es una cuestión de aritmética simple. Al incrementarse los precios, la cantidad de IVA recaudada por transacción también aumenta, incluso manteniéndose inalterados los tipos impositivos. Para el Gobierno, esto supone un aumento de ingresos sin necesidad de crear un nuevo tributo. Para el trabajador autónomo, puede traducirse en una sensación de incremento encubierto de su carga global. Muchos profesionales autónomos argumentan que, si bien el IVA lo abona técnicamente el consumidor final, la presión administrativa y financiera recae con severidad sobre las pequeñas empresas, en particular aquellas que operan con márgenes exiguos.
Una presión más amplia sobre los autónomos españoles
Este debate surge en un momento en el que muchos autónomos ya se sienten bajo presión. Las recientes reformas que vinculan las cotizaciones sociales más estrechamente a los ingresos, sumadas a los próximos requisitos de facturación electrónica, han contribuido a la sensación de que gestionar una pequeña empresa en España se está volviendo más complejo y oneroso.
Tanto para expatriados como para residentes locales, el problema trasciende una política concreta y se centra más en la tensión acumulativa. La combinación de cotizaciones más elevadas, normas de declaración estrictas y la mecánica del IVA ha llevado a algunos autónomos y pequeños empresarios a cuestionarse si el sistema está desequilibrado en contra de los agentes más pequeños.
Dado que España sigue dependiendo en gran medida de los autónomos y las microempresas para impulsar sectores que abarcan desde el turismo hasta los servicios remotos, es improbable que el debate en torno al IVA se desvanezca. Para muchos freelances, la percepción se está volviendo cada vez más diáfana: si el Estado recauda miles de millones más, a menudo parece que las pequeñas empresas están contribuyendo a financiar dicho incremento mientras soportan la carga más pesada.