Los constructores coronaron este viernes la torre más alta de la inacabada basílica de la Sagrada Familia de Barcelona con la pieza final, fijando la cima del templo cristiano más alto del mundo en 172,5 metros.
No obstante, se prevé que la finalización integral de la Sagrada Familia se complete dentro de aproximadamente una década.
Este hito en la construcción de la torre se produce más de 140 años después de que el afamado arquitecto catalán Antoni Gaudí diseñara el monumento, convertido en símbolo de la segunda ciudad de España y en una atracción turística de renombre mundial.
La colocación de la cruz blanca de 17 metros de altura que se alza en la cúspide de la torre de Jesucristo forma parte del conjunto de 18 torres originalmente concebidas por Gaudí.
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Una multitud de turistas alzó la mirada para presenciar la instalación del brazo superior de la cruz, visible entre los andamios y los operarios que daban los últimos toques desde sus arneses.
“Hoy era un día que esperabamos con gran ilusión. Todo ha salido según lo previsto, de manera excelente”, declaró a la prensa, incluida la AFP, el arquitecto director Jordi Faulí.
La torre de Jesucristo será bendecida el próximo 10 de junio, una vez desmontados los andamios, coincidiendo con el centenario del fallecimiento de Gaudí.
Circulan rumores de que el Papa León XIV asistirá al acto, aunque el Vaticano no ha confirmado aún su visita a España.
La altura adicional alcanzada por la torre de Jesucristo implica que la basílica barcelonesa supera ahora a la Catedral de Ulm, en Alemania, como la iglesia más alta del mundo.
Una sucesión de contratiempos ha ralentizado la conclusión de la Sagrada Familia.
La pandemia de Covid-19 frustró el objetivo previo de finalizar las obras este año, privando a la basílica de ingresos cruciales por la venta de entradas.
La Sagrada Familia es el templo de pago más visitado de España, con 4,8 millones de entradas vendidas en 2024.
Otro posible escollo es el litigio sobre la construcción de una escalinata y una plaza como acceso principal a la fachada de la Gloria, lo que conllevaría la demolición de manzanas de viviendas colindantes.
El ayuntamiento de Barcelona deberá mediar en el conflicto con los residentes afectados, quienes se oponen al proyecto en una ciudad que sufre una crisis de vivienda.