Con la Semana de la Moda de París AW26 (2-10 de marzo) a la vuelta de la esquina, llegan las marcas que prosperan con la histeria estacional y las que prefieren saltársela. Esos seis días solían ser el punto de control indiscutible de la industria. Ahora es más bien un intercambio entre atención, presupuestos y la creciente conciencia de que no todo lo que brilla necesita una pasarela francesa.
Y esa pasarela definitivamente no se paga sola, pregúntale a Coperni. Ellos no se han ausentado porque de repente piensen que los desfiles están pasados de moda; es que el dinero brilla más que las lentejuelas. Las colaboraciones se rompen, los presupuestos se ajustan y los calendarios son realmente opcionales. El mensaje de Coperni es directo: quieren recuperar el control, priorizar la independencia sobre el espectáculo y una historia de marca que no la dicten las cuentas de otro. Nombres en expansión como Meryll Rogge, Christopher Esber y Casablanca hacen lo mismo, ya sea por falta de dinero o simplemente por falta de paciencia.
Celine literalmente se esconde tras puertas cerradas en sus showrooms, mientras Vetements hace lo que hace siempre, saltándose un desfile o dos. Valentino vuelve a sus raíces, cambiando París por Roma; Thom Browne se mantiene en San Francisco, y Margiela reserva un vuelo a Shanghai. Armani opta por desfiles mixtos, mientras Sacai se entrega a su amor por los PDFs con un lookbook.
La presión financiera no es precisamente sutil. Todo suma rápido: lugares, diseños escénicos, producción, casting, relaciones públicas… y la lista sigue. Las marcas pequeñas pueden gastarse decenas de miles solo por ver su nombre en el calendario, mientras que las grandes casas llegan fácilmente a seis o siete cifras. Algunas firmas ahora simplemente siguen el poder adquisitivo, ya sea enviando invitaciones privadas a su taller o ondeando una bandera estadounidense, manteniendo cerca a compradores clave y prensa. También está el agotamiento con el propio calendario. Cuatro ciudades, temporadas interminables y colecciones que cambian más rápido de lo que se pueden vender, han llevado a algunas marcas a preguntarse si la visibilidad ganada en seis días vale la pena por desaparecer en los seis meses siguientes. La atención se puede construir a través de las redes sociales, la venta directa y lanzamientos digitales controlados, sin montar toda una producción.
Una pasarela en París todavía tiene peso. Pocas cosas comprimen prestigio, atención y validación de la industria en quince minutos como ella. Pero saber cuándo presentarse se ha vuelto tan importante como saber cuándo no hacerlo. La ausencia fortalece a una marca tanto como la presencia.