Los contratos de alquiler de la era COVID expiran en España: inquilinos enfrentan aumentos o desahucios

Según portales inmobiliarios, los alquileres han subido de forma sostenida desde la pandemia. Crédito de la foto: OSCAR GONZALEZ FUENTES/shutterstock

Decenas de miles de inquilinos en España se enfrentan a una encrucijada crítica en el mercado de la vivienda, ya que los contratos firmados durante la pandemia de COVID‑19 vencen este año, lo que obliga a los residentes a tomar decisiones difíciles: renovar a un coste muy superior o buscar un nuevo hogar en un panorama de alquiler cada vez menos asequible.

Según datos internos del Ministerio de Derechos y Agenda Social, este año finalizarán su plazo quinquenal 632.369 contratos de arrendamiento. Dado que la mayoría se firmaron durante el período de alquileres bajos en 2020 y 2021, se calcula que más de 1,5 millones de personas se verán afectadas, y los propietarios están ahora en disposición de ajustar las rentas a los niveles actuales del mercado o de denegar directamente la renovación. (turn0search0)

Renovar implica fuertes subidas para muchos

Muchos inquilinos que esperaban una vivienda estable descubren que los arrendadores exigen rentas notablemente superiores al renovar. En Málaga, un inquilino, José Carlos, relató que su alquiler mensual pasó de 400 a 800 euros al renovar, un incremento cercano al 36 %, y que las negociaciones con su casero solo lograron una concesión parcial, muy por debajo de la trayectoria alcista del mercado.

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Él y su pareja acabaron aceptando el nuevo precio por necesidad más que por elección, señalando que las alternativas disponibles eran escasas y ferozmente competitivas. En muchas ciudades, encontrar un alquiler decente por menos de 800 euros al mes se ha vuelto extremadamente difícil.

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Según las plataformas inmobiliarias, los alquileres han aumentado de forma sostenida desde la pandemia, con muchas áreas urbanas registrando incrementos acumulados superiores al 20 % en los últimos años. Los expertos afirman que esta escalada sostenida ha transformado el mercado del alquiler desde 2021, debilitando el poder de negociación de los inquilinos y reduciendo sus opciones de vivienda.

Motivaciones y decisiones estratégicas de los propietarios

Analistas del mercado y colectivos de inquilinos señalan que los arrendadores optan cada vez más por no renovar los contratos antiguos para poder firmar nuevos acuerdos a precios mucho más altos o para convertir las viviendas en alojamientos turísticos o de corta estancia, que suelen generar mayores rendimientos. Este patrón, denominado “la gran renovación”, refleja un cambio más amplio en el uso y la rentabilidad del parque inmobiliario en las ciudades españolas.

“Estamos viendo que muchos contratos firmados en 2020 y 2021 se están terminando en masa”, declaró un portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid. “Los propietarios quieren establecer nuevos contratos a precios más altos o destinar las viviendas al alquiler turístico.”

Las protecciones legales ofrecen un alivio limitado

La Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) española otorga ciertas protecciones a los inquilinos durante la vigencia del contrato, como limitar las subidas a índices como el IPC, pero no obliga a los propietarios a renovar una vez finalizado el plazo. Las garantías de la ley solo se aplican mientras el contrato está en vigor, dejando a los inquilinos en una situación de vulnerabilidad al término del mismo.

Los defensores de los inquilinos argumentan que este vacío legal constituye una falla estructural, máxime cuando los propietarios pueden denegar la renovación incluso en ciudades donde el precio del alquiler supone un porcentaje elevado de los ingresos locales o donde la demanda supera con creces la oferta.

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En el barrio de Poble‑Sec de Barcelona, la transferencia de un edificio de uso público o social a la propiedad privada ilustra esta dinámica. Tras la venta de un bloque de pisos a un fondo de inversión privado, los inquilinos fueron informados mediante burofax de que sus contratos no serían renovados, dejándoles pocas opciones: marcharse o aceptar alternativas mucho más costosas.

Tensión de mercado en zonas estresadas

La presión en el alquiler no es uniforme en todo el territorio. Algunas regiones designadas como “zona tensionada” se benefician de controles de precios que limitan las subidas. No obstante, estos controles solo se aplican durante la vigencia de los contratos y no pueden obligar al propietario a renovar al precio antiguo una vez vencido el arrendamiento.

Los expertos en vivienda advierten que, en las áreas sin esta designación, los inquilinos pueden enfrentarse a condiciones de renovación mucho más duras o al desplazamiento, especialmente donde la demanda turística y la inversión presionan al alza los costes del alquiler.

Panorama general del mercado

Esta situación se produce en un momento de tensión histórica en el mercado del alquiler español. Los analistas inmobiliarios señalan que la escasez de oferta, agravada por el regreso del alquiler turístico tras la pandemia y la falta de desarrollo de vivienda pública, sigue presionando los precios al alza en las principales áreas urbanas. En regiones como Cataluña, la oferta se mantiene en mínimos históricos para este año, justo cuando vencen muchos contratos de la era pandémica y una nueva oleada de actividad contractual entra en el mercado.

Con opciones asequibles muy limitadas, los inquilinos se enfrentan a un panorama complejo: renovar a precios que pueden exceder con creces su presupuesto o embarcarse en una estresante búsqueda de vivienda alternativa, a menudo con una competencia feroz y muy pocas opciones.

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Llamadas a la acción política

Algunas fuerzas políticas han pedido reformas para extender el derecho a la renovación de contratos o vincular las subidas estrictamente a métricas de inflación, pero las propuestas siguen siendo controvertidas dentro de la coalición de gobierno. Los colectivos de inquilinos argumentan que protecciones de renovación obligatoria, similares a las aplicadas temporalmente durante el punto álgido de la pandemia, podrían ayudar a estabilizar la vivienda para los hogares más vulnerables.

Sin intervenciones políticas más contundentes, es probable que los inquilinos sigan siendo desplazados por los precios, lo que contribuiría a una desigualdad sostenida en el acceso a la vivienda, una tendencia que, según advierten los expertos, podría tener repercusiones sociales y económicas a largo plazo.

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