Sóller ha vivido esta mañana una escena más propia del apogeo estival que de mediados de febrero. La Plaça de la Constitució y las calles aledañas se vieron prácticamente colapsadas por una gran afluencia de visitantes, lo que subraya el paulatino adelanto de la temporada turística en la Serra de Tramuntana.
Las fotografías tomadas hacia el mediodía muestran numerosos grupos ocupando calzadas y aceras, con un tráfico rodado lento y evidentes dificultades para el tránsito peatonal habitual. La elevada cifra de visitantes este fin de semana supone un incremento notable pese a que el destino se encuentra aún oficialmente en temporada baja.
Los residentes locales no han pasado por alto este fenómeno. Algunos han expresado en redes sociales su preocupación por lo que perciben como un hecho cada vez más frecuente y que se anticipa con cada año. Un usuario comentó: “Solo una crisis o la subida total de precios parará esto… muy triste que esa sea la única solución.” Otros se pronunciaron sobre las consecuencias cotidianas: “Ya tengo serios problemas para aparcar” o “¿Qué locura es esta?”.
Las quejas trascienden la mera movilidad y la escasez de plazas de estacionamiento. Parte de la vecindad vincula este temprano aumento de la presión turística con el encarecimiento de la vivienda y del coste de vida en Mallorca, un tema que ha cobrado protagonismo en el debate público balear en los últimos años.
No se trata de un hecho aislado, sino del inicio de una tendencia que se prolonga casi hasta noviembre. Posteriormente, la mayoría de los comercios cierran durante semanas o incluso meses, dejando la plaza principal casi desierta y mermando considerablemente la actividad económica y social. Algunos habitantes describen este ciclo como una alternancia entre picos de saturación y periodos de calma, durante los cuales la localidad pierde vitalidad más allá de la presencia turística y funciona como una “ciudad dormitorio”.
En los últimos años, las autoridades municipales han promovido activamente políticas de desestacionalización con el objetivo de distribuir las llegadas de turistas de manera más homogénea a lo largo del año. Sin embargo, parte de la población considera que estas medidas no han aliviado la presión durante julio y agosto, sino que han extendido los flujos turísticos en el calendario, incrementando el número global de visitantes.
Las condiciones meteorológicas también han influido. Este febrero ha registrado días inusualmente soleados y temperaturas suaves para la época. Las máximas de hoy rondan los 20 grados, lo que fomenta las excursiones y el turismo en enclaves atractivos como Sóller.
La situación de este fin de semana corrobora una tendencia más amplia observada por varios municipios de la isla: la temporada turística ya no se concentra únicamente en los meses de verano, sino que comienza antes y se extiende más en el tiempo. En pleno invierno, con temperaturas casi primaverales, Sóller ha vuelto a presentar un elevado nivel de ocupación que, hace apenas una década, habría resultado excepcional para estas fechas.