En un audaz asalto nocturno que ha conmocionado a la comunidad cinegética local, ladrones sustrajeron 45 perros de caza, en su mayoría podencos, de las perreras gestionadas por la Sociedad de Cazadores de Málaga en la Finca Pastor, ubicada en los Montes de Málaga.
El robo se produjo en la madrugada del domingo (o en la noche del lunes, según algunas fuentes). Los asaltantes forzaron doce perreras y utilizaron un remolque estacionado en el recinto para cargar a los animales antes de huir. Horas después, el remolque fue hallado abandonado en una vaguada cercana, pero los perros habían desaparecido, lo que alimenta la sospecha de que fueron trasladados con celeridad fuera de la zona.
La Sociedad de Cazadores denunció el hecho de inmediato ante la Policía Nacional, la cual ha iniciado una investigación. Los canes robados representan compañeros muy valiosos para sus dueños, a menudo criados durante años con un profundo vínculo afectivo. Algunos socios han perdido sus jaurías completas, acrecentando la sensación de devastación.
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Las instalaciones de la Finca Pastor funcionan como un núcleo zoológico legalmente registrado, donde la sociedad cede parcelas a sus asociados, muchos procedentes de la capital malagueña, que carecen de espacio o condiciones en sus viviendas para mantener a sus perros. Estas instalaciones compartidas proporcionan custodia y alojamiento a los animales utilizados en la actividad cinegética.
La Federación Andaluza de Caza lleva tiempo advirtiendo sobre la existencia de redes criminales organizadas que se especializan en el robo de perros de caza. Se cree que estos grupos explotan a los animales, llegando a abandonarlos cuando dejan de ser útiles o rentables. Las autoridades y los cazadores instan a mantenerse alerta ante estas mafias que operan en Andalucía y más allá.
Los propietarios afectados están inscribiendo a los perros sustraidos en el Registro Andaluz de Identificación Animal (RAIA) para señalarlos como desaparecidos. Esta medida pretende facilitar su localización si aparecen en clínicas veterinarias, protectoras u otros lugares.
El suceso ha generado indignación y una profunda impotencia entre las víctimas. La policía prosigue sus pesquisas, mientras la comunidad se aferra a la esperanza de que los perros, vitales en la vida y tradiciones de sus dueños, sean recuperados pronto y a salvo.